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Teresa Díaz Bada. Psicóloga Clínica.
Lunes, 17 de marzo de 2014

Belleza

[Img #2737]Todos los días nos bombardean con mensajes acerca de cómo parecer más jóvenes, más guapos, cambiar tal o cual aspecto exterior de nosotros mismos porque de esa manera nos acomodamos a unos cánones de belleza actual que cada vez exige más. No se puede ser feliz si no se es joven y además medir tal altura o pesar tantos kilos….hay que ir vestido según la últimas tendencias y tener determinados objetos que nos hacen más “cool”… y, sin embargo, todas las personas que se afanan, operan o siguen determinadas tendencias no se aseguran con ninguna de esas cosas la felicidad, el bienestar permanente, aunque aparentemente, desde el punto de vista material, parezcan hacerlo.

Perseguimos fantasías en nuestras relaciones personales, de la misma manera que algunos creen que las cosas que no tienen un precio no son valiosas, y cuántas personas hay que se meten en gastos o compras innecesarias o de determinados precios porque eso, creen, indica un determinado estatus y estilo de vida, sintiéndose de esa manera superior al resto.

Nada más absurdo que despreciar lo sencillo porque, al serlo, les parece una simpleza, cuando casi nunca suele ser así.

Poca gente parece darse cuenta de que no hay mejor crema facial, mejor elixir de belleza, mejor ropa o marca… que estar bien con uno mismo y tener una buena autoestima. Saberse único y tener una actitud en la vida de continuar y seguir a pesar de los fracasos y sin sabores de la misma.


Todos sabemos que no hay nada mejor que un buen paseo, una conversación agradable, las risas de los niños, el mar, las palabras que en ocasiones oímos de gente sencilla que nos admiran porque saben y parecen haber descubierto el verdadero sentido de la vida.


Sin embargo, mucha gente se siente infeliz y convierten su vida en una esclavitud, aspirando a supuestos estatus y adquisiciones, cayendo en una espiral en la que se ven atrapados y no son capaces de salir. Se eligen compañeros de vida en función de la apariencia, para terminar en fracasos estrepitosos, en vez de valorar a personas que se cruzan en nuestro camino, con nuestros mismos valores y generosidad que queremos y damos.


Hace tiempo que alguien dijo que lo importante es lo interior y, sin embargo, pocas veces nos acordamos de mirarnos, de mirar hacia dentro y ver quiénes somos, qué queremos y hacia dónde vamos a conducir nuestra vida.


Deberíamos recapacitar y no fijarnos tanto en lo externo, dejar de echar la culpa a los demás y conectar más con nosotros mismos, asumiendo nuestros errores y fracasos como parte esencial del aprendizaje de vida y obligándonos a no perder el rumbo, llevando la vida que realmente queremos llevar. 

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