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La Tribuna. Redacción.
Sábado, 7 de junio de 2014
Según revela quien fuera su guardaespaldas durante 17 años

“Fidel Castro traficó con cocaína del Cartel de Medellín para compensar la pérdida de divisas procedentes de la antigua URSS”

[Img #4429]Yates lujosos, una veintena de residencias repartidas por toda la isla de Cuba o partidas de caza “a lo Luis XV”, tanto en las frondosas provincias del norte como en los privilegiados fondos marinos, son algunos de los detalles que saca a la luz “La cara oculta de Fidel Castro”,  un volumen que acaba de aparecer en las librerías francesas escrito por Juan Reinaldo Sánchez, que durante 17 años fue guardaespaldas del máximo responsable de la revolución cubana.

 

Además de retratar con sumo detalle el gusto de Fidel Castro por la magnificencia, Reinaldo Sánchez también revela en “La cara oculta de Fidel Castro” el trato gélido del comandante con su familia –“jamás le vi abrazar a sus hijos”-, su frialdad para mandar fusilamientos de personas cercanas y, en uno de los capítulos más sorprendentes, la relación de Fidel con el tráfico de droga. “Un día le acompañé a un hangar del aeropuerto de Varadero. Me dijo que le esperara fuera. Según me indicó, iba revisar un almacenamiento de puros y ron destinados a la exportación. Pero yo sabía que lo que quería vigilar era la llegada de un alijo de cocaína que provenía del colombiano Cartel de Medellín. Él mismo Fidel había organizado la operación para obtener divisas. Con las reformas de Gorbachov en la antigua Unión Soviética, la economía cubana estaba exhausta. Y la droga permitía hacer caja y compensar el dinero que la URSS ya no enviaba”.

 

El hombre que acompañó casi a diario a Fidel entre 1977 y 1994 describe, ayudado en la redacción por el periodista galo Axel Gylden, el lujoso yate del líder, “Aquarama II”, copiado del de un allegado del régimen de Fulgencio Batista (presidente de Cuba entre 1940-1944 y de facto en 1952-1959), con cuatro motores, que le regaló el dirigente soviético Leónidas Breznev. Fondeado en su puerto privado de Bahía de Cochinos, cada paseo del barco implicaba todo un despliegue, que incluía otros dos navíos, uno de ellos totalmente medicalizado, una patrullera militar y varios aviones en alerta para evitar que el comandante sufriera un atentado.

 

En general, el “Aquarama II” sirve para dar agradables paseos marítimos, pero también para ir a Cayo Piedra, una pequeña isla situada en el sureste de Cuba, un “paraíso para millonarios” en el que Castro reposa rodeado de lujo.

 

“Fidel Castro ha dado a entender que la Revolución no le dio ningún respiro, ningún placer; que ignoraba y despreciaba el concepto burgués de vacaciones. Mentía”, afirma Sánchez.

 

El guardaespaldas relata que él estuvo “cientos de veces” en ese “pequeño paraíso”, donde era el encargado de escoltar al comandante durante sus numerosas batidas de caza submarina en unos fondos marinos casi vírgenes.

 

En cuanto el tiempo era clemente, Fidel y su esposa Dalia acudían casi cada fin de semana a Cayo Piedra, mientras que en la temporada de lluvias el comandante prefería la caza del pato en la mansión “La Deseada”, situada en la provincia de Pinar del Río.

 

“En agosto, los Castro se instalaban durante un mes en su isla de ensueño”, desde la que el líder acudía a La Habana en helicóptero si algún imperativo así lo exigía, añade.

 

Ningún cubano de a pie penetró en la secreta isla de Castro, a la que solo un reducido grupo de privilegiados, casi todos extranjeros, fueron invitados.

 

Reinaldo Sánchez recuerda al ex presidente colombiano Alfonso López Michelsen, al empresario francés Gérard Bourgoin, conocido como el “rey del pollo”; al propietario de la CNN Ted Turner o al dictador de la República Democrática Alemana Erich Honecker. Aunque los más habituales del lugar eran el escritor Gabriel García Márquez y el “héroe” de la revolución Antonio Núñez Jiménez.

 

En una de esas visitas, indica el autor, Fidel propuso a “Gabo” lanzarse a la conquista de la presidencia colombiana con el apoyo de Cuba, pero el escritor “prefería disfrutar de los placeres de la vida quedándose confortablemente al margen de la política”.

 

Lo que no consiguió con García Márquez, tener un peón en Colombia, lo logró años más tarde con Hugo Chávez en Venezuela, señala Reinaldo Sánchez, quien asegura que el líder cubano “siempre tuvo en la línea de mira el petróleo” de ese país. “Sabía que era la clave para financiar su sueño internacionalista de oponerse a Estados Unidos”, agrega.

 

“La cara oculta de Fidel Castro” no describe solo el lujo de la vida del dictador cubano, sino que también analiza otros aspectos de la dinastía familiar, seguida por su hermano Raúl. De hecho, Reinaldo Sánchez retrata a éste como a un hombre pusilánime, siempre pendiente de su hermano e incapaz de imponerse a Fidel, incluso cuando éste se encontraba ya gravemente enfermo.

 

Reinaldo Sánchez cuenta cómo Raúl Castro es más cálido en sus relaciones familiares que Fidel, pero también afirma que el actual máximo dirigente cubano es “un completo alcohólico, que bebe hasta caerse”. “Siempre tiene una botella de vodka en el congelador y, una vez por semana, se reúne con sus amigos para beber hasta que pierde el sentido. Es incapaz de gobernar solo. De hecho, consulta habitualmente con su hermano Fidel. Éste tiene sus momentos altos y sus periodos bajos. Raúl aprovecha los momentos de lucidez de Fidel para pedirle opinión sobre las cuestiones más importantes”.

 

Reinaldo Sánchez cayó en desgracia en 1994 por pedir la retirada y la jubilación. Fue encarcelado y, tras múltiples peripecias, logró escapar de la isla en 2008 para reunirse con su familia en Estados Unidos.

 

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