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La Tribuna. Redacción.
Lunes, 7 de julio de 2014 | Leída 1314 veces
‘El Dorado’ asiático

Ulán Bator: El milagro mongol

[Img #4567]Bienvenidos a Ulán Bator, capital de Mongolia. La capital más fría del mundo, pero también el lugar donde la extraordinaria riqueza del subsuelo ha permitido que, en cinco años, este país asiático haya tenido un crecimiento capaz de hacer palidecer a cualquier otro de cualquier lugar del mundo: de un 17,3% en 2011 y de un 12,3% en 2012.

 

¿Cómo es posible que este país de apenas tres millones de habitantes,  situado entre la enorme extensión de China y la inmensidad de Rusia, haya logrado esta abrumadora expansión económica?

 

“La respuesta se encuentra bajo nuestros pies”, explica Tuvshintugs Batdelger, profesor responsable de la cátedra de Economía en la Universidad Nacional de Mongolia, en palabras recogidas por la revista francesa “The good life”. “Carbón, oro, cobre, uranio…  Es aquí donde, en los últimos diez años,  han sido descubiertas las mayores reservas mundiales  de estos materiales, sobre todo en el desierto del Gobi, al sur del país”. En este “El Dorado” minero destaca el yacimiento de Tavan Tolgoi. Considerado como el principal depósito mundial, todavía sin explotar, de carbón, este  filón contendría 6,4 billones de toneladas de mineral, en su mayor parte de hulla, principal fuente de energía de los países industrializados.

 

Algo similar ocurre en Mongolia en relación a los metales preciosos. La mina de Oyu Tolgoi, situada estratégicamente a 80 kilómetros de la frontera china, guardaría 2,7 millones de toneladas de cobre y 1,7 millones de onzas de oro, lo que la convierte, en estos momentos, en la mayor reserva del mundo de estas materias.

 

[Img #4568]Otro hallazgo importante que se ha producido recientemente en Mongolia tiene que ver con el uranio. Según Thierry Plaisant, director general de la filial local de la multinacional francesa Areva, señala que “la mina de Zoovch Ovoo podría almacenar hasta 3.000 toneladas anuales de uranio, la tercera parte de la producción mundial del grupo industrial, y hasta un 5% de la producción a escala mundial. Si nuestros pronósticos se confirman, se trataría de uno de los principales descubrimientos de reservas de los últimos veinte años”.

 

Mongolia. Durante mucho tiempo a la sombra de sus poderosos vecinos, este gigantesco cofre mineralógico permaneció intacto durante los largos años de dominación soviética. Hoy en día, se trata de un país enorme, como cuatro veces España, políticamente democrático y, sobre todo, abierto más que nunca a las inversiones extranjeras.

 

“La situación comenzó a bullir en los albores  del siglo XXI. Hacia el año 2000, la explosión de la demanda china de energías fósiles empujó el proceso. Pero fue, sobre todo, la llegada del gigante anglo-australiano Rio Tinto, en 2009, lo que cambió todo y provocó el ‘boom’ espectacular que actualmente se vive en Ulán Bator”, recuerda Christopher De Gruben, director de MAD Investment Solutions, una consultoría especializada en la región.

 

Fue en esa época, a finales de 2009, cuando Rio Tinto,  asociada con la canadiense Ivanhoe Mines, más tarde absorbida por la turca Turquoise Hill Resources,  firmó un contrato con el gobierno mongol para la explotación de la mina de Oyu Tolgoi, con una inversión de 5.000 millones de dólares. Solamente gracias a este proyecto, el PIB de Mongolia se multiplicó por dos.

 

“La activación de Oyu Tolgoi ocasionó un electrochoque”, recuerda De Gruben.  “La explotación de la mina atrajo a decenas de compañías subsidiarias y generó miles de puestos de trabajo. Por primera vez, Mongolia aparecía delante de los inversores internacionales como una tierra de llamada, como una tierra a la que interesa acercarse”.

 

Al mismo tiempo que miles de directivos de grandes empresas de todo el mundo comenzaban a llegar a la capital, los habitantes del país ponían en marcha jugosos negocios, lo que hizo que, en apenas unos meses, la capital, Ulán Bator, cambiara totalmente su rostro. “Los restaurantes surgieron como champiñones y se llenaron de lugareños y foráneos con costumbres de nuevos ricos. Las pagodas se transformaron en lugares titánicos y los viejos automóviles Lada de la época soviética se transformaron en los Hammers negros que hoy vemos por todos los lados”, explica Dastan Nigamet, un treintañero originario de la capital. “Todo el mundo quería su parte del pastel; todos los negocios encontraban rápidamente financiación. Vivimos en una gran euforia general”….

 

Y la euforia es sinónimo de consumo. Christopher De Gruben añade: “Después de todos aquellos años de austeridad que se padeció durante la era soviética, llegó el momento de exhibirse. Era necesario ver y ser visto. Tener la botella de vino más cara sobre la mesa. Estar siempre en el lugar más ‘chic’. Conducir los vehículos más lujosos.  Recuerdo a un hombre de negocios mongol que viajaba permanente escoltado por un cortejo formado por sus cuatro Rolls-Royce, cada uno conducido por uno de sus familiares, con sus iniciales grabadas sobre las puertas del coche”.

 

[Img #4569]Vuitton, Montblanc, Omega. Estas y otras grandes marcas se encuentran ubicadas al lado de la Central Tower, templo del lujo edificado frente al Parlamento. Desde 2009, 200.000 metros cuadrados de edificaciones se han construido en Ulán Bator y, paralelamente, el precio del metro cuadrado en el centro  de la ciudad se ha triplicado por tres en el mismo periodo.

 

“Decenas de miles de nómadas han llegado a Ulán Bator. La ciudad, que durante largos años mantuvo unos 700.000 habitantes, acoge hoy a casi dos millones de habitantes”, explica Tuvshintugs Batdelger. “La mayor parte de éstos son propietarios de sus domicilios y tienen los medios para consumir con facilidad, para escolarizar a sus hijos, etc. Y forman parte de una clase media emergente”.

 

La prueba: con la explosión económica, los ingresos medios mensuales por hogar se han duplicado en tres años. “Incluso aunque son las gentes más adineradas quienes han obtenido mayores beneficios, es innegable que ha habido una mejoría general del nivel de vida medio de todos los habitantes”.

 

Pero todo este panorama de bonanza económica y de pujanza empresarial comenzó a cambiar el pasado año. “Una buena parte de los inversores extranjeros se marchó en 2013”, explica Christopher De Gruben, “y los ricos se esconden, temerosos de que les acusen de ser sospechosos de corrupción”. ¿Por qué se ha llegado a esto? Por una ley votada en 2012 y que reglamenta drásticamente las inversiones extranjeras en los sectores estratégicos del país, especialmente en el ámbito minero. “Se trata de una ley aberrante que surge del interés chino en una mina de carbón de Mongolia”.

 

La nueva ley ha supuesto una caída de la inversión extranjera del 54% en solamente un año. Para la República de Mongolia resulta importante mantener contento al gigante chino, que es el territorio hacia donde se dirigen el 90% de sus exportaciones. Y aunque trata de matizar esta dependencia recurriendo a su otro gran vecino geográfico, Rusia, los equilibrios que debe hacer el Gobierno son complicados…

 

Por si todo esto fuera poco, explica De Gruben, la explotación de la mina de Oyu Tolgoi por parte de Rio Tinto, también está en riesgo, “ya que el Ejecutivo de Mongolia ha exigido a la multinacional australo-británica, que ya ha invertido en la misma más de 5.000 millones de dólares,  renegociar, a posteriori, los términos de la adjudicación. La empresa ha bloqueado su actividad y, con ello, ha lanzado un mensaje catastrófico a los inversores de todo el mundo, que, al menos a corto plazo, rehúyen de cualquier nuevo proyecto en el país”.

 

 

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