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Ernesto Ladrón de Guevara
Miércoles, 28 de enero de 2015

El euskera como problema

Noticia clasificada en: Euskera Nacionalismo vasco

[Img #5587]Existe una corriente de lo políticamente correcto que ha ahogado el espíritu crítico y la capacidad de análisis libre de la gente en el País Vasco y en España.

 

Durante décadas la amenaza del terrorismo y el estigma social han impedido poner un punto de objetividad sobre una realidad que ha oprimido a un sector de la población y, por otra parte, ha perjudicado gravemente a amplias capas de la sociedad vasca sin que apenas hayan tomado conciencia de ello. Me refiero al euskera como obligación, y más en concreto a la inmersión lingüística convertida en dogma de fe e instrumento de socialización política.

 

Curiosamente, muy poca gente hemos tenido el coraje  -me permito adjudicarme el mérito ya que otros no me lo van a reconocer- de enfrentarnos al problema y denunciarlo; siempre contra corriente y arriesgándonos a que nos dejaran en el dique seco tanto a nivel profesional como en la vertiente social; quedándonos en un ostracismo que siempre es una forma de castración que deja huella en el alma. Sin embargo, defender la verdad dignifica a las personas, y en ese sentido, aunque ese compromiso tenga costes, merece la pena. Al fin y al cabo se vive para algo más que para vegetar.

 

Tras décadas, al final va quedando al descubierto la realidad de las cosas. Y sorprendentemente lo hace, en un lapsus posiblemente inadvertido, uno de los organismos más característicamente aliados al poder político como es el Consejo Escolar de Euskadi.

 

Hace pocos días apareció en determinados medios de información, como la Agencia Europa Press, reproducido en otros periódicos -entre otros en La Tribuna del País Vasco-  que uno de cada cuatro escolares tiene mal rendimiento por causa del euskera, es decir, para entendernos, por causa de la inmersión que obliga al aprendizaje en una lengua que no es la materna del 75 % del alumnado ni es la lengua de contexto de la abrumadora mayoría de la sociedad vasca. 

 

En su informe anual el Consejo Escolar de Euskadi admite, quizás por primera vez, que el aprendizaje de las materias escolares en una lengua no mayoritaria como es el euskera conlleva problemas para un cuarto de la población escolar. Lo cual debería llevarnos a una reflexión y a un replanteamiento del  modelo. Produce alarma la ausencia de sentido crítico que lleva a que convivamos con ese problema sin ponerle solución, y que se  soslaye el hecho de que suceda esto sin que se ponga en cuestión un atentado a los derechos fundamentales de, al menos, ese contingente de alumnos condenados al fracaso.

 

Cito literal: “[…]Y es que, tal y como subrayó ayer Maite Alonso, presidenta de este organismo en el que participa la comunidad educativa no universitaria, uno de cuatro alumnos cursa sus estudios en euskera sin tener el nivel suficiente de conocimiento de la lengua vasca, lo que provoca que sus resultados académicos no sean los deseados ya que el nivel de comprensión de los contenidos de la asignatura es deficiente. Un hecho cuyo epicentro se localiza principalmente en aquellas zonas donde el euskera no es la lengua materna de la chavalería de Primaria y Secundaria.” 

 

Parece lógico. No hace falta ser un premio Nobel para llegar a esta conclusión de que aprender contenidos de las diferentes áreas del currículo requiere una comprensión verbal suficiente y si no funcionan los mecanismos de conceptualización que pasan por un dominio del lenguaje, el aprendizaje es deficiente. Y que para ello se necesita que la lengua materna se haya consolidado no solamente desde el plano coloquial sino en los registros cultos. Pues bien, tras treinta años de atropello parece que a alguien se le ha encendido la luz, y a estas horas probablemente se esté arrepintiendo de haberlo puesto negro sobre blanco. ¿O quizás sea que la evidencia es tan sangrante y evidente que ya no se puede ocultar por más tiempo?

 

Ahora bien, no se colmen ustedes de alegría, pues la solución planteada no es devolver a los discentes lo que debiera ser suyo, es decir el derecho a aprender en lengua materna. No. La alternativa deja de serlo pues, y cito literalmente lo reflejado en la prensa, es la que sigue:  “Asimismo, el planteamiento lanzado por el máximo órgano de participación de la comunidad educativa no universitaria y asesor del Gobierno Vasco incluye una sugerencia más: el establecimiento de ‘otros recursos no escolares, especialmente en las zonas donde el uso social del euskera es más escaso’, que permitan conquistar espacios y atraer a los escolares (y también a los adultos) hacia el euskera, promoviendo su uso dentro de la unidad familiar, pero también entre los propios chavales.”  Es decir, insistir en el error, pues lo que prima es el interés político sobre el pedagógico, es decir, utilizar el sistema educativo como vehículo para la socialización política a través de una lengua igualmente politizada hasta el extremo. Ahora se darán ustedes cuenta de que el análisis del Consejo Escolar de Euskadi no va en la dirección de corregir un problema por fin admitido sino de aplicar el aquel manido aserto de “si no quieres una taza, taza y media”.  Más de lo mismo, que para eso les pagan, para que apuntalen una acción de gobierno contraria a los principios defendidos en la Declaración Universal de los Derechos del Niño, los dictámenes de la UNESCO y las recomendaciones de los organismos internacionales en relación de la primacía de la lengua materna como factor de aprendizaje. Pero sobre todo lo que dice la lógica, contumazmente pisoteada con la complicidad de sindicatos, partidos y asociaciones de toda índole.  Y a esto se le llama democracia.

 

La profesora sueca Inger Enkvist, en un libro imprescindible para todo aquel que tenga inquietudes educativas, “La buena y la mala educación”, Ed. Encuentro, afirma con información ampliamente contrastada y documentada:  “Se ha mostrado una y otra vez que saber bien la lengua de la enseñanza, la lengua vehicular, es la base para sacar buenos resultados escolares y para la integración social”[…] “Todo aprendizaje se hace en gran medida a través de la lengua, y, si no funciona la herramienta del aprendizaje, la lengua vehicular, la tarea se vuelve imposible” […] “Vale la pena retomar y completar la lista de factores que contribuyen al éxito de un programa de inmersión: los padres y el alumno eligen libremente participar en el programa; la lengua materna del alumno no tiene un estatus más alto que la lengua en la que se va a estudiar; todos los alumnos del grupo tienen la misma primera lengua; […] la lengua materna de  los alumnos está bastante desarrollada cuando se inicia el aprendizaje de la nueva lengua; los alumnos ya están alfabetizados en la primera lengua; y, además, su lengua materna es la lengua utilizada en todas las actividades sociales fuera del colegio[…]” [el subrayado es mío].

 

En cuanto al absurdo de priorizar el mal llamado derecho de las lenguas sobre el derecho de las personas, la autora dice: “Los defensores de las lenguas minoritarias sospechan de la escuela, porque temen la influencia de los valores de la mayoría. No suelen tomar en cuenta lo que podría ser bueno para los individuos o para el país, sino que la argumentación se basa en lo bueno de la lengua, como si la lengua fuera una persona con derechos. Tampoco mencionan que la minoría suele querer imponer sus propios deseos si puede, comportándose como la mayoría a la que ella misma critica.[…] Todo lo llamado mayoritario ha adquirido un matiz negativo y  lo minoritario un matiz positivo. La corriente anterior era enaltecer lo común y lo estatal, mientras que ahora es como si los hablantes de las lenguas minoritarias debieran dedicarse a tiempo completo a defender la lengua minoritaria; serían prisioneros de esta herencia. En vez de ver la escuela como la emancipación de la ignorancia y una instancia de solidaridad social, ciertos activistas la ven como un instrumento de dominación si en ella se usa la lengua mayoritaria.”

 

Si empleo citas tan extensas es porque estoy harto de no ser profeta en mi tierra. Pretendo  demostrar que personalidades del mundo educativo, de instancias tan reconocidas en el espacio europeo como es la de Suecia, Noruega o Finlandia, nos llevan mucho recorrido en la reflexión sobre lo que es la buena o la mala educación.

 

¿Cuándo llegará el día en el que el aborregamiento por razones políticas de paso a la libertad y el sentido común?

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