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Teresa Díaz Bada. Psicóloga Clínica.
Domingo, 26 de abril de 2015 | Leída 33 veces

Clara Mente

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Nuestra mente es poderosa y nos permite soñar, imaginar, pensar… recrearnos en miles de pensamientos diarios en los que solucionamos unos problemas, nos enfrentamos a otros, pensamos en nuestro futuro o recordamos con dolor cosas que nos han sucedido en el pasado y que nos hicieron sufrir. Nuestra mente es poderosa y es nuestro principal instrumento para generarnos bienestar o no.

 

A veces estamos cansados, no tanto físicamente como mentalmente, porque nuestra mente no deja de pensar. Es un cansancio mental por el flujo continuo de pensamientos que nos proporciona malestar, que nos hace acabar el día agotados, aunque no haya pasado objetivamente nada malo.

 

Como estamos siempre pensando, dependerá de estos pensamientos nuestro mayor o menor cansancio mental. Pero lo importante no es tanto dejar de pensar cómo el contenido de estos pensamientos. No se trata de dejar de pensar, sino de elegir lo que pensamos. Muchos de nuestros pensamientos son debilitadores, innecesarios, dando vueltas o rumiando con frecuencia las mismas cosas o preocupaciones, aunque éstas ya hayan pasado o se hayan resuelto.

 

Oímos que es importante dejar la mente en blanco, pero, claro, es un ejercicio que es difícil de conseguir. Yo creo que más que dejar la mente en blanco es más fácil acostumbrarse a generarse pensamientos positivos, esperanzadores, pensamientos acerca de situaciones vividas en las que se estuvo bien, o futuras en las que se supone encontraremos bienestar. Esto no significa nunca no poner los pies en la tierra. Recordemos que los pensamientos positivos siempre tienen que ser realistas para que surtan efecto y nos hagan sentir bien.

 

Uno de los pensamientos que más revitaliza la mente es el pensamiento de gratitud, el de agradecer a la vida las cosas buenas que nos ha dado: personas estupendas que se han cruzado en nuestro camino o con las que compartimos el mismo, lo que tenemos y que parece que sólo valoramos cuando lo perdemos, la oportunidad que nos ofrece cada día de vivirlo y de estar bien…

 

Además, otro pensamiento que proporciona bienestar es aquel que nos hace conectar con nuestros valores. Pensar en cómo estamos llevando nuestra vida y si es de acuerdo a lo que queremos proporciona serenidad porque conectamos con nosotros mismos y con la idea de que somos cada uno de nosotros quienes conducimos nuestra propia vida, de acuerdo a ese compromiso con nosotros mismos.

 

Agradecer y conectar con nuestros valores son dos pensamientos positivos que nos hacen sentir bien.

 

Y un tercer pensamiento que es beneficioso es el de la flexibilidad. En vez de aferrarnos a lo que teníamos planeado para un día, que cuando no sale como queremos nos proporciona frustración y ansiedad, intentemos acordarnos de ser flexibles y de ver en ese cambio que se nos impone la oportunidad de encontrar algo nuevo: una nueva persona, una nueva acción, un nuevo conocimiento… de esa manera muchos momentos de ansiedad se apagan porque no padecemos esa lucha interna entre lo que nos gustaría que fuera y no es.

 

Pensando de manera positiva callamos y desaparecen muchos ruido mentales, nos acostumbramos a ser dueños de nuestra mente, de nuestra clara y serena, mente.

 

www.diazbada.com

 

 

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