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Ernesto Ladrón de Guevara
Domingo, 19 de julio de 2015 | Leída 854 veces

Educación o adoctrinamiento para la desmemoria

Noticia clasificada en: Euskera Imposición lingüística

Hace unos días, participé en el curso "Las víctimas del terrorismo y la memoria colectiva", celebrado en el marco de los Cursos de Verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) en Santander. A continuación reproduzco, íntegramente, mi ponencia.

[Img #6692]Agradezco la oportunidad que se me da de tener el privilegio de intervenir ante ustedes en un lugar tan selecto y predilecto.

 

Este curso trata sobre la memoria. Evidentemente memoria es no olvidar. Memoria es referenciar hechos en un contexto. La memoria, en este caso, tiene como objeto conocer la historia reciente, la del terrorismo, para no volver a repetir crímenes repudiables desde cualquier punto de vista, o el acoso político y social, o el exterminio del diferente;  o impedir el pluralismo político, social o, en su caso, cultural. Y por razones de justicia con las víctimas.

 

La memoria exige un estado de ánimo, un encuadre en un sistema de valores basado en la compasión, en el análisis inteligente y objetivo, en el sentido de la justicia y en el conocimiento riguroso de la evolución histórica de nuestro país, de España.

 

En una descontextualización del momento histórico, en una desfiguración de la realidad, en una situación de manipulación ideológica de mentes inmaduras; en definitiva, cuando los procesos educativos se convierten en procesos de adoctrinamiento nacionalista, se está bloqueando, consciente o inconscientemente la memoria; y, en definitiva, la evaluación rigurosa y exacta de las realidades, de la verdad. Se está configurando una cosmovisión que justifique o comprenda el terrorismo o la subversión contra el Estado de Derecho, contra los que no piensan igual, o contra los derechos individuales, subordinándolos a unos mal llamados derechos colectivos.

 

Es por eso que mi ponencia se llama “Educación o adoctrinamiento para la desmemoria”.

 

La memoria solo tiene sentido si tiene una proyección en el tiempo, si se lega a las generaciones siguientes. Dicen los historiadores que “quien no conoce la historia tiende a repetirla”. Pero para conocer la historia hay que transmitirla tal cual, como es, como está referenciada según las fuentes y la historiografía académica. Sin adaptaciones o tergiversaciones interesadas en función de proyectos políticos.

 

He hecho esta introducción con el objeto de llegar a una afirmación. Mi tesis es que el nacionalismo, entendiéndolo en todo su espectro ideológico, ha utilizado la escuela, el sistema educativo, como ámbito esencial para realizar la construcción ideológica, política y social; adoctrinando, no educando.

 

Para ese adoctrinamiento se han utilizado varios medios:

 

El más importante de ellos el euskera, como filtro, pues ha sido una criba para incorporar al sistema a cientos de comisarios políticos, conscientes o inconscientes de su papel socializador, depurando al profesorado no asimilable al régimen nacionalista y expulsando de forma sutil a miles de profesionales no ideologizados, que han formado una diáspora que empezó en el primer lustro de los años ochenta.

 

No hay más que observar la evolución del voto sindical para demostrarlo. En las primeras elecciones sindicales los representantes de sindicatos de corte estatal como fueron ANPE, FETE-UGT y CC.OO formaban la mayoría absoluta de la representación. Hoy  los sindicatos nacionalistas que contemporizaron –contemporizan-con el totalitarismo independentista que comandaba ETA antes de entrar en las instituciones, son la mayoría absoluta en la representación del sector. Estos sindicatos son ELA-STV, LAB Y STEE-EILAS. A ninguno de ellos les he oído nunca el más mínimo rechazo a las extorsiones, acosos, atentados o violencia de persecución. Y resulta paradójico y execrable que profesores que pertenecen a LAB, que ha sido parte del aparato social del terrorismo, estén en el sistema. Me gustaría saber qué valores puede transmitir un profesorado que comprendía o, en su caso, apoyaba la violencia terrorista, y la  intolerancia con el que piensa diferente. Nunca lo he entendido. No me imagino en Alemania un profesorado que se proclame afín a la ideología nazi. Y sin embargo en Vascongadas, País Vasco, Euskadi, Euskal Herría, o como se  llame el lugar donde nací, esto se ve natural. Hasta el punto de haber existido profesorado imputado por pertenencia a la Banda armada. Inexplicable.

 

Si aún no les sirve como argumento, veamos lo que decía la Confederación de Ikastolas, otro de los instrumentos de adoctrinamiento que, en su día, pretendía ser el vehículo que transitara por la vía de la formación de la Escuela Vasca.  La Confederación de Ikastolas proponía   el siguiente ideario: “La ikastola tiene como sustancia educativa específica  la que se refleja en sus símbolos, mitos y ritos, en sus costumbres, tradiciones e historia, en sus fábulas, canciones y danzas y en su forma de relacionarse con  el mundo natural, de comunicarse y organizarse, de interpretar la vida, es decir, que se refleje en el  genio y el espíritu del Pueblo Vasco” “El signo de identidad que ha de caracterizar a la Escuela Vasca, -pública o privada- es su condición de euskaldun”.

 

Esta proclama de intenciones casa perfectamente con el ideario del PNV, que se condensa, en cierta forma, en esta definición: “El mantenimiento y consolidación de nuestra cultura e identidad como nación pasa por una Escuela Vasca que potencie nuestra lengua a través de la euskaldunización; pero, además de la lengua, la cultura vasca se plasma en una historia y una geografía propias, así como en los logros y manifestaciones de toda índole que los vascos han producido a través del devenir histórico”. 

 

Maitane Ostolaza, una autoridad en materia del estudio de la influencia del nacionalismo vasco en la educación y la cultura, dice “Desde Sabino los nacionalistas han visto en la educación (entendida ésta en su acepción más amplia, es decir, comprendiendo  los cauces formales-escolares e informales-extraescolares) como el medio más idóneo para despertar a la población y dotarla de conciencia nacional. […] Pero el valor de la educación no sólo residía en su capacidad reveladora. El nacionalismo vasco, en la medida en que pretendía trascender al ámbito político y convertirse en un partido-comunidad, en un movimiento político y social de masas, con vocación totalitaria, encontró en la educación –y también en la cultura entendida como vía educadora- el principal auxiliar para ‘nacionalizar’ a la sociedad vasca”

 

Habría que añadir que la rama izquierdista del nacionalismo vasco, es decir el abertzalismo más radical con sus impregnaciones en partidos tradicionalmente españolistas como el PSOE o IU,  ha hecho suyos los paradigmas de Krutwig, publicados en su libro “Baskonia”, según los cuales ya no será la raza el elemento caracterizador de las esencias vascas, sino la lengua, el euskera, verdadera argamasa para constituir el Estado vasco. El euskera será, por tanto, la argamasa nacionalizadora y todo el sistema educativo deberá tenerlo como lengua vehicular.

 

El Gobierno de Navarra ordenó hace unos meses la retirada de 22 libros de texto de la asignatura Lengua vasca y literatura de Educación Primaria por tratar de forma "irrespetuosa" a la Comunidad foral, con mapas de Euskal Herria fuera de contexto o con la ikurriña como bandera común de la zona vasco-navarra. No es la primera vez: el gabinete de Yolanda Barcina (UPN) había denunciado ya varios casos en Conocimiento del medio y en Ciencias sociales.

 

La Consejería navarra de Educación notificó el problema a las editoriales y a los colegios para que sustituyeran esos libros, y mandó inspeccionar a los centros educativos para comprobarlo. El consejero de Educación, José Iribas, denunció que "la izquierda abertzale está haciendo uso de los centros educativos para hacer manipulación política y adoctrinamiento". Los libros corresponden a Primaria. Según el Ejecutivo, los mapas de Euskal Herria y el uso de la bandera vasca incumplen el decreto curricular navarro adaptado a la LOMCE, pero también la Ley de Amejoramiento de la comunidad.

 

¿Hay que poner más pruebas sobre la mesa?

 

Porque, en la ideología nacionalista, “Los niños vascos de hoy pueden ser y deben ser los hombres patriotas de mañana. ¿Lo serán?  -se preguntaba Sabino Arana- De nosotros depende. Esos niños serán lo que nosotros queramos que sean. La instrucción que reciben y la educación que se les de, determinarán lo que han de ser. Si se les instruye en el conocimiento de la Madre Patria, en el de los deberes que para con ella tienen, si se les educa en el amor a la raza y en sus características, como la lengua, esos niños de hoy serán mañana unos fervientes patriotas, hombres de acción, los salvadores, tal vez, de la patria vasca.” 

 

Más: “Debemos hacer la apuesta por elaborar el curriculum vasco (esto es, el conjunto de contenidos y materiales vascos) en colegios y facultades, haciendo frente para ello  a los contenidos castellano y francés. Dentro de esta lucha tenemos que hacer distintas apuestas: imponiendo libros  de texto vascos en vez de libros de texto españoles y franceses, recuperando las asignaturas vascas por encima de las asignaturas castellanas y francesas… Tenemos que recuperar los verdaderos colegios vascos, sustituyendo los contenidos, asignaturas, libros de texto o mapas que se dan en castellano y francés, por los que se refieren a Euskal Herria”.   “El rebelarse estriba en golpear contra las características, los símbolos o imágenes de la enseñanza extranjera: la rotura de los mapas transformados, quitar las notas internas castellanizadas, llenar los libros de texto españoles y franceses de frases a favor del curriculum vasco. Si dejamos bien instalada la rebelión, es un instrumento inigualable para que surja entre los estudiantes la reflexión y el debate”.

 

Esto decía hace quince años la organización juvenil del mundo batasuno Ikasle Abertzaleak.

 

Decía un prestigioso catedrático de Educación de la Universidad de Zaragoza, el Dr. D. Antonio Bernat Montesinos “Aunque no es el más eficaz, el libro de texto puede ser un potente vehículo de modificación de la mente y del repertorio sentimental de los alumnos” […] “Aunque los académicos reconocen prudentemente que su análisis es simplemente curricular y que habría que estudiar las prácticas de aula para poder emitir un juicio más afinado, constatan la tendencia a utilizar la historia para desarrollar en los alumnos ‘sentimientos de identidad’ ” […] “En España hemos pasado de un enfoque histórico homogeneizador a otro centrifugador no sometido a crítica. Este uso programático de la historia es en rigor revisionista, ya que usa estrategias propias de este enfoque y es más programático que científico. Está dirigido a cambiar las mentes de los alumnos y su repertorio sentimental” […] “El problema reside cuando, además de estos dos aspectos, se añaden, entre otros, el control ideológico de los propios centros y de los medios de comunicación coordinados en la misma tarea adoctrinadora. Es entonces cuando el efecto alienante se alcanza con seguridad, cuando se potencia la modificación de los marcos interpretativos y también los sentimientos de los alumnos”

 

Pasando a los ejemplos que se han producido de forma cotidiana voy a hacer una referencia anecdótica a una experiencia que tuve como padre:

 

Mi hija, en un examen de Lengua y Literatura en 1º de bachillerato, tuvo que hacer un comentario de textos con este tenor literal:

 

 De José Bergamín:

 

“VER, OIR… Y NO CALLAR”

 

El ministro del Interior, o Gobernación, dijo a los guerrilleros de la ETA que si querían guerra la tendrían. Nosotros pensamos perogrullescamente que la tendrían aunque no la quisieran.

 

El ministro del Exterior, o Relaciones Exteriores, se va siempre fuera de España (como recientemente a Roma), y como a su ministerio de exterioridades le corresponde, también perogrullescamente, a decirles a los europeos (ahora a los romanos) lo que no quiere, o no sabe cómo, o no puede decirnos, dentro de España, a los españoles.

 

Por último, el ministro de Justicia nos dice, desde Murcia, que él no es carcelero mayor, sino notario mayor del Reino. ¿También perogrullada? Porque podríamos perogrullescamente deducir que su tardía visita a la siniestra prisión de Segovia la hizo ¿por dar fe?, para ‘levantar acta’.

                                                       

28 de abril de 1976”

 

 

Profesorado así ha impartido un currículo oculto, cuando no explícito. Ello ha sido favorecido, cuando no potenciado, por un diseño curricular vasco que tergiversa la realidad histórica de los vascos,  que manipula la verdad, mediante omisiones inaceptables de los procesos históricos, creando las bases que conforman una cosmovisión particularista, sesgada y torticera de la realidad de las cosas. Ha adoctrinado políticamente desfigurando la percepción de las cosas, el conocimiento de la realidad histórico-cultural de los vascos. Justo ese caldo de cultivo cognitivo es el propicio para la desmemoria, no tanto para el olvido sino para el cribado de las realidades.

 

En este asunto tienen especial importancia los contenidos de los libros de texto, contaminados hasta límites incomprensibles por aspectos que son claramente inconstitucionales desde una óptica formal y desde un prisma material. Es la utilización hasta el disparate del término Euskal Herría, que aparece hasta en la sopa, evitando cualquier referencia al espacio constitucional común que es España, y restringiendo el análisis geográfico, histórico y falsamente cultural a los siete herrialdes que invaden la Comunidad de Navarra y de la Aquitania francesa, en un claro intento de orientar el pensamiento de los menores en su proceso de desarrollo a determinados lugares comunes del nacionalismo secesionista.

 

Victor Klemperer, víctima del régimen Nazi y analista de los mecanismos de dominio mental, nos comenta la importancia de la lengua para configurar mentes irracionales “en la carne y en la sangre de las masas a través de palabras aisladas, de expresiones, de formas sintácticas que imponía repitiéndolas millones de veces y que eran adoptadas de forma mecánica e inconsciente”.   George L. Mosse  en su libro “La nacionalización de las masas”  analiza el fenómeno sorprendente de los fascismos en el siglo XX de las siguiente forma “[…] desde comienzos del siglo XIX, a través de la utilización de mitos y símbolos nacionales, y del desarrollo de una liturgia que permitiría participar al propio pueblo en dicho culto. El concepto de voluntad general se prestaría a la creación de unos mitos y a la de sus símbolos que dieran expresión concreta a la voluntad general. La caótica multitud que constituía el ‘pueblo’ se convirtió en un movimiento de masas que compartía la creencia en la unidad popular a través de una mística nacional”.

 

Pues bien. Para que veamos que mi tesis tiene fundamento desde la perspectiva del diseño nacionalista del proceso histórico-político, voy a leer una cita de un tal Luis Eleizalde, prohombre del PNV e ideólogo de ese partido en 1910, heredando y perfeccionando el legado del fundador del partido nacionalista:                                                  

 

“Las etapas que debe recorrer todo nacionalismo normal, y por tanto el nuestro, son tres, y por este mismo orden cronológico: Primeramente, la etapa social y cultural, en la que se va despertando y arraigando la conciencia de la nacionalidad renaciente. Esta es la etapa fundamental, la etapa de las escuelas, de las academias y ateneos, de las publicaciones científicas y literarias, de las cooperativas obreras, de los Congresos de Estudios, de las Semanas Sociales, etc. Viene a continuación, aunque sin cerrar la primera que sigue subsistiendo, la etapa política, durante la cual el Nacionalismo, por medio de sus representaciones parlamentarias y administrativas, trata de incorporar a la vida pública el conjunto de soluciones estudiadas y elaboradas durante la etapa anterior. Esta segunda es la etapa de las elecciones, de los mítines políticos y de todo el movimiento que esta clase de actuación trae consigo. Finalmente y subsistiendo  las dos primeras etapas llega la final, la del triunfo completo y pleno dominio

 

Este legado programático es el que ha regido la política nacionalista desde 1910, utilizando la escuela como plataforma fundamental. De ahí mi afirmación,  rotunda, de que el sistema nacionalista, en el País Vasco y en Cataluña conforma un modelo de adoctrinamiento, que vulnera derechos individuales,  y en concreto el Principio II de la Declaración de los derechos del Niño de 1959 proclamada por la Asamblea General de la ONU que decía en su principio II: “El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad. Al promulgar leyes con este fin, la consideración fundamental a que se atenderá será el interés superior del niño” Y en esta cuestión hay que hacer mención a la imposición de una inmersión lingüística que vulnera principios esenciales de índole pedagógica y muy diversas resoluciones de instancias internacionales sobre el derecho de los menores.

 

Pero me voy a detener al respecto;  el Director General de la UNESCO en una reciente declaración  en el Boletín de este Organismo decía así: “Años de investigación han demostrado que los niños que inician su educación en la lengua materna tienen un mejor comienzo y exhiben un mejor desempeño que aquellos que son expuestos a un idioma nuevo al ingresar a la escuela”, recomendando a todas las naciones que respeten la lengua materna de los escolares como vehículo de aprendizaje principal.

 

Es decir, se están, en definitiva. conculcando fundamentos  del derecho como es el postergar como principio invulnerable el “superior interés del niño”, en aras de proyectos de configuración de una cosmovisión colectiva que den lugar a dinámicas excluyentes de tipo ideológico y de reducción a su mínima expresión del pluralismo político, cultural y social

 

Mientras no recuperemos la escuela para lo que es, es decir  para desarrollar las capacidades de los educandos,  para hacerlos críticos y autocríticos, para que sean autónomos en sus procesos de pensamiento, aptos para analizar por sí mismos sin condicionamientos, manejando información fiable, etc, no podremos pedir que la memoria se preserve, que la verdad de las cosas se transmita, y que los sujetos dejen de estar alienados y mediatizados; para ser libres en sus juicios y pensamientos, adquiriendo madurez para pensar de forma libre, incondicionada y autónoma.

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