Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Teresa Díaz Bada. Psicóloga Clínica.
Sábado, 8 de agosto de 2015 | Leída 94 veces

Cambios

[Img #6790]

 

A lo largo de nuestra vida nos toca enfrentar muchos acontecimientos que nos transforman: muerte de personas a las que amábamos, enfermedades, soledad, decepciones y frustraciones, momentos de desesperación, errores que cometemos y que luego nos mortifican… todos esos acontecimientos que, sin duda, no escogeríamos y que,  sin embargo, pueden llegar a convertirse en acontecimientos que nos hacen transformarnos y nos ayudan a llevar la vida, nuestra vida, de una manera mucho más real o como realmente queremos llevarla.

 

Parece que tengamos que pasar por toda esta serie de acontecimientos dolorosos para ser lo que queremos llegar a ser: personas que vivimos nuestra vida de acuerdo a nuestros valores, que nos ponemos en el lugar del otro porque sabemos lo que es el dolor, generosas porque el egoísmo nos parece mezquino y pobre, y que sentiremos compasión por los demás y sabremos que cada uno de nosotros llevamos nuestra vida como mejor sabemos, con lo que normalmente dejaremos de juzgar a los otros y entenderemos que hacen lo que pueden (aunque a nosotros nos parezca equivocada la opción que han elegido).

 

Pero también es verdad que no es necesario sufrir pruebas duras en la vida para que nos hagamos un planteamiento realista. ¿Queremos que nuestra vida sirva para algo? Para que eso sea así, tendremos que empezar por querernos a nosotros mismos. No podemos querer a nadie si no empezamos a valorarnos nosotros mismos. No podemos dar de aquello que no se tiene. Ni aceptaremos a nadie, si no nos aceptamos primero a nosotros mismos.

 

Por eso el auténtico planteamiento vital tiene que partir siempre de esa aceptación incondicional de mi mismo, con nuestro fallos y errores, con el dolor que la vida nos muestra a veces. Pero no sintiéndonos unos desgraciados; eso es opcional.

 

El dolor de la vida nos ayuda a transformarnos en lo que queremos ser y por muy negativos que sean los acontecimientos que nos toca vivir, los aprovecharemos para aprender y cambiar aquellos aspectos determinados que queremos.

 

No buscaremos la perfección sino el cambio gradual y recordaremos siempre que lo importante, la cuestión fundamental, siempre está en uno mismo, no en los demás.

 

Decídase. Lo pasado se fue, el futuro no existe y el presente está aquí y es suyo.

 

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
La Tribuna • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress