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Jacobo de Andrés
Lunes, 10 de agosto de 2015 | Leída 1242 veces
Los hijos de Arana y sus relaciones con los nazis

Sabino Arana, el racista compulsivo fundador del PNV (1)

[Img #6792]Desde el fin de la II Guerra Mundial, el Partido Nacionalista Vasco ha realizado ímprobos esfuerzos por ocultar o disimular su génesis racista, cosechando un éxito moderado. Efectivamente, los jeltzales han conseguido relegar a un segundo plano la figura de Sabino Arana –fundador de la Idea y racista compulsivo- aparentando una inmaculada imagen de respeto a los valores democráticos. Empero, los descendientes políticos de Arana no han logrado difuminar por completo el racismo primitivo de la formación y su marcada inclinación totalitaria.

 

No sin razón, diversos politólogos e historiadores han considerado matizadamente a Sabino Arana como un protonazi. El devenir de los tiempos ha demostrado que, en repetidas veces, los seguidores de la Idea creada por el vizcaíno se han acercado servilmente a cualquier totalitarismo a cambio de la consecución de sus fines políticos, a saber: la secesión de España y la instauración de un sistema racista, antiliberal y ultraclerical. En este último sentido, el líder socialista Indalecio Prieto sugirió que, en el fondo, el PNV aspiraba a la creación de un “Gibraltar vaticanista” en las Provincias Vascongadas.

 

Las primeras tentaciones totalitarias emergieron del seno nacionalista con el inicio de la Grand Guerre (1914-1917). Si bien en los primeros momentos Ramón de la Sota –un industrial vizcaíno, mecenas del PNV- marcó una tendencia anglófila, Luís Arana –hermano del Maestro- y sus más acérrimos seguidores terminaron por inclinar al nacionalismo vasco a favor de las potencias centrales y, muy especialmente, de Alemania. Según diversas fuentes históricas, a finales de 1914, la marina imperial alemana se instaló discretamente en Bilbao bajo la fachada de una delegación comercial. Desde esta oficina, el II Reich pagaba a los marinos nacionalistas vascos que tripulaban los bous pesqueros para que avituallasen en el mar a los barcos de guerra de la flota alemana.

 

Luís Arana aprovechó la situación para sugerir a los alemanes la creación de un estado amigo, que englobase la antigua Baja Navarra y las Provincias Vascongadas, con capital en Bilbao. Fuentes nacionalistas señalan que el plan contó con el beneplácito del káiser Guillermo II. No obstante, existen diversas discrepancias en este sentido. El profesor Ramón Peralta manifiesta sus profundas reservas y considera a este plan como propio imaginario nacionalista y alejado de cualquier rigor historiográfico. Realidad o ficción, es un hecho que la propuesta separatista quedó en agua de borrajas.

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