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Sara Fernández-Sánchez
Sábado, 22 de agosto de 2015 | Leída 627 veces

José Manuel Aizpúrua, navegante, arquitecto

[Img #6868]

 

Aún se habla hoy y se hablará en el tiempo

Del tiempo de aquel barco…

Cuentan los que lo vieron

(los que nunca lo vieron, pero suponían

amaneceres jubilosos,

constelaciones de bajeles, bancos

de viva sal

para alegrar la vida de las criaturas)

que era bello de ver

y amable de habitar

el confín de aquel barco y que tenía

como nombre el futuro…

Cesa aquí la visión.

El mar al mar, la tierra en tierra

y en la ciudad el barco

que, si todos no vieron, deseaban

y en el barco las letras de su nombre:

José Manuel Aizpúrua

Navegante, arquitecto

 

En no pocas ocasiones, San Sebastián no ha sabido honrar, ni conservar en el recuerdo, a uno de sus personajes más ilustres como fue el genial arquitecto José Manuel Aizpúrua. Menos mal que Santiago Amón, crítico de arte, le dedicó los versos que abren este capítulo del libro. Como en tantas ocasiones lamentablemente sucede, el reconocimiento no vino de sus paisanos, sino de foráneos que sí supieron reconocer su obra. La patria chica muchas veces es ingrata para con sus mejores exponentes.

 

Casi diariamente, todo donostiarra puede admirar la obra arquitectónica que le encumbró como el príncipe del racionalismo español. No es otra que el edificio del Real Club Náutico de San Sebastián. Encallado en la fina arena de La Concha, este barco de elegante trazo, armónico, coherente, ha servido de sede social de uno de los clubes deportivos con más solera de la ciudad. Sin embargo, pocos vecinos conocen el nombre de Aizpúrua, su autor.

 

Donostiarra de pura cepa, Aizpúrua nació en 1904, los años de la belle époque de la ciudad. Realizó sus primeros estudios en el colegio de los Marianistas, sito en la cuesta de Aldapeta. Una vez finalizado brillantemente el difícil Bachillerato de la época –en absoluto comparable con el actual-, partió, en 1921, a Madrid para ingresar en su Escuela de Arquitectura.

 

Durante aquellos años en la capital, epicentro cultural y político del Estado, forjó amistad con Federico García Lorca –el inolvidable poeta granadino, con quien participó en la creación de la Sociedad de Artistas Ibéricos- y con José Antonio Primo de Rivera –que, años después, cofundaría Falange Española-.

 

Por influencia de este último, Aizpúrua diseñó en San Sebastián la primera bandera falangista.

 

[Img #6869]Muchos, quizás demasiados, consideraran a Aizpúrua como un presunto enemigo de la cultura vasca por su afiliación. En su momento, se equivocaron y lo siguen haciendo. Su falangismo no fue óbice para que Aizpúrua fuera un defensor acérrimo de San Sebastián y de la cultura vasca. El príncipe del racionalismo español fundó Euzko-Pizkunde. A la protección de este grupo cultural se acogieron muchos los artistas e intelectuales vascongados. Aizpúrua y, el también donostiarra, Chillida fueron –evidentemente- sus arquitectos.

 

En 1929, dos años después de terminar sus estudios de arquitectura, Aizpúrua ganó el concurso para construir la nueva sede del Real Club Náutico de San Sebastián. Poco puedo añadir que no se haya escrito a la obra maestra del racionalismo español. Dejaré, pues, que sean otros quien lo hagan. Y nadie mejor que Gaya Nuño, autor del libro Arte Vasco, para tal efecto:

 

Era y es una maravilla absoluta, con su traza de barco anclado. No se trata de un mero deseo de simbolizar, sino de adaptar las formas dinámicas de una embarcación, presumida veloz, a una estructura tectónica, precisamente al borde del mar, lo que hacía participar al felicísimo hallazgo de dos talantes, el de navío anclado y de pabellón en tierra firme. Y no hay que olvidar el verdadero refinamiento de que se revistió cada detalle…

 

Jorge Oteiza, afamado escultor y también donostiarra, llegó a definir la obra de Aizpúrua como el único edificio decente y anticipado de la ciudad.

 

Los que le conocieron afirman que Aizpúrua era cien por cien donostiarra de San Sebastián. Incluso, la txapela le asentaba bien. Por ello, movió cielos y tierra por lograr que su querido San Sebastián pudiera disfrutar de la cultura y arte de la época. A él se deben la celebración de las exposiciones pictóricas vanguardistas de Picasso, Miró, Picabia y Marx Ernst. Aizpúrua presentó un proyecto de ensanche para el fututo barrio de Amara. La cercana guerra que asolaría España impediría la consecución de los planes arquitectónicos que Aizpúrua acariciaba para su querido San Sebastián.

 

De entre todas las guerras, no hay ninguna peor que las civiles. Enfrentan entre sí a vecinos, a amigos, a hermanos. Por ello son especialmente crueles. A diferencia de los conflictos en tierra extranjera, las guerras civiles dejan víctimas conocidas, apreciadas, amadas. José Manuel Aizpúrua fue una de esas víctimas. La violencia cainita que sacudió España en aquel negro trienio no pasó de largo en San Sebastián. Aizpúrua no sólo era el fundador de la Falange donostiarra y amigo personal de José Antonio. Era también el Jefe Nacional de Propaganda y el autor del diseño de la cabecera del periódico Arriba. No le sirvió de nada su amor por la cultura, por la arquitectura y su ciudad. Aizpúrua fue fusilado el 6 de agosto de 1936 en la triste y famosa tapia del cementerio de Polloe. Por lo menos, pudo morir pisando la tierra de su San Sebastián, aquel que tanto quiso. Tanto, que incluso le costó la vida.

 

La victoria del General Franco en la guerra que desangró España no concedió a Aizpúrua su justo homenaje y más merecido recuerdo. Para los vencedores, el genial arquitecto no era ni un lucero, ni el mejor arquitecto español de la época. Quizás su apoyo a la cultura y a la lengua vasca en San Sebastián era suficiente delito como para condenarle al olvido de su nicho en Polloe. Alguien dijo de Aizpúrua que fue amigo, no de todo el mundo, enemigo de nadie. Quizás esa ausencia de sectarismo en él, lo estigmatizó entre los seguidores de ambos.

 

Tuvo que ser un rojo, un enemigo de juventud de Aizpúrua, como el poeta donostiarra Gabriel Celaya quien, póstumamente, le dedicó -quizás sin desearlo y por ello sincero- su personal homenaje en las páginas de su Poesía y Verdad:

 

Aquel 8 de marzo de 1936 a que me vengo refiriendo, fue el último día en que disfruté de Federico (García Lorca). Él me citó por teléfono en el Hotel Biárriz de San Sebastián, donde paraba. Mi sorpresa, cuando llegué allí, fue que Federico había citado también a José Manuel Aizpúrua. Faltó poco para que rasgara mis vestiduras porque siempre he pecado de violento y entonces, además, era joven. Compréndanlo.

 

José Manuel Aizpúrua era un arquitecto muy avanzado e inteligente. A su iniciativa se debió que una ciudad tan obtusa como mi San Sebastián se montaran exposiciones (...) Era, además, todo hay que decirlo, un gran propulsor de la nueva poesía, y, en general, como se decía en aquellos tiempos, un vanguardista. Pero también era el fundador de la Falange de San Sebastián, y yo le había negado el saludo, aunque nos conocíamos desde niños.

 

Federico le hablaba a José Manuel, me hablaba a mí, y los dos le contestábamos, pero no conseguía que José Manuel y yo nos habláramos. ¿Por qué? Porque la guerra civil estaba ya latente. Pero Federico no lo entendía: Los dos sois amigos míos. Era inútil. Había algo que no marchaba (…). Aquel día, cuando se marchó Aizpúrua, Federico me dijo algo terrible que nunca me he atrevido a contar. Terrible pero a la vez hermoso porque demuestra con qu inocencia caminó hacia su muerte… Me preguntaba Federico por qué yo no había querido saludar a José Manuel Aizpúrua, y por qué, entre los dos, le habíamos creado una situación absurdamente tensa. Yo trataba de explicárselo con frenesí, quizá con sectarismo, y él, incidiendo en lo humano, trataba de explicarme que Aizpúrua era un buen chico, que tenía una gran sensibilidad, que era muy inteligente, que admiraba mis poemas, etc. Hasta que al fin, ante mi cada vez más violenta cerrazón, reaccionó, o quizá quiso que abriera los ojos de sorpresa, con la confesión de lo terrible:

 

‘Es como José Antonio Primo de Rivera. Otro buen chico. ¿Sabes que todos los viernes ceno con él? Pues te lo digo. Solemos ir juntos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo ni a mí me convine que me vean con él’.

 

Federico se reía. Creía que aquello no era más que una travesura de niños. No veía nada detrás.

 

Un miliciano que participó en el pelotón de fusilamiento que segó la vida de nuestro navegante, de nuestro arquitecto, afirmó que cuando lo llevaron a enterrar, era de noche. Una oscuridad que todavía es posible percibir en la hermosa pero también desgarrada San Sebastián.

 

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2 Comentarios
Francisco Rodríguez
Fecha: Jueves, 29 de octubre de 2015 a las 20:14
Solo unos cuantos son capaces de construir rincones para el alma y reunir en ellos a los contrarios. Al estar dentro sabrán que hay un espacio para el encuentro por encima de las ideas distintas. Eso era el GU que inventó Aizpúrua.
A veces, llega a la Historia para quedarse una brizna de justicia. Como este artículo.
Federico Buyo Hernández
Fecha: Domingo, 23 de agosto de 2015 a las 00:58
¿ Y quienes ganaron ? ¿ Ganaron ? Perdimos todos, y todavía seguimos perdiendo, como desgraciadamente podemos ver actualmente todos los dias. Ya veremos que pasa a finales de Septiembre.

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