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Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 28 de diciembre de 2015 | Leída 427 veces

Empate en la votación sobre si se va o no al suicidio

[Img #7774]Imagínense ustedes, amables lectores, que en una comunidad de vecinos se convoca al personal para votar si en pleno incendio del edificio se llama a los bomberos o a la ambulancia, y resulta que hay empate, y se aplaza la segunda votación al día siguiente. Alguien pensará que estoy con una fuerte frenopatía, y que lo mejor es que deje de escribir artículos, para revisar mi estado mental. Desde luego es un disparate impensable.

 

Pues eso es lo que está ocurriendo en la CUP, movimiento anti-anti, es decir los que están contra todo, incluso contra sí mismos, pues niegan la posibilidad a sofocar el incendio político que se ha generado en Cataluña por causa de un personaje impropio para gobernar algo más grande que su propio domicilio. Han empatado sobre si apoyan a Mas para ir a la independencia o no le apoyan para también ir a la independencia de Cataluña, y, de paso, abandonar la Unión Europea, el capitalismo, y todo lo que huela a organización política y social, es decir buscar la anarquía como sistema político y volver a una sociedad totalmente intervenida y comunista, subiendo el salario mínimo a 1.000 euros, suprimiendo la obligación de pagar las hipotecas, y lo que se tercie. El dinero ya se fabricará con papelillos, todo es cuestión de cantidad, aunque no valgan para nada más allá que para labores higiénicas. Esperpéntico, ¿verdad? Pero éstos son los que deciden si se convocan nuevas elecciones en Cataluña o sale un presidente de la nada como Mas. Total, qué más da –perdón por la reiteración- si, en definitiva, Cataluña funciona sola, sin necesidad de que alguien la desbarajuste.

 

Lo triste es que este lamentable espectáculo tiende a reproducirse en España, por otro galimatías creado por otro personaje que no es Más, sino Sánchez, que está en el deshoje de la margarita, pues también está en el 50% en su propio partido, que es lo que ahora se está poniendo de moda, es decir, ni “paquí ni pallá”, ni so ni arre, que es lo contrario de “sota, caballo y rey”.

 

Me voy a permitir la licencia de hacer un parangón de lo que está ocurriendo en Cataluña que es parecido a lo que ocurrió en un lugar al otro lado del Atlántico, en Quebec, y para ello voy a utilizar los datos contenidos en un excelente artículo de Jesús Sanz, secretario del Círculo de Empresarios, publicado en el diario Expansión del pasado 24 de diciembre.

 

En él cita los efectos para la economía quebequense y para el empleo que han tenido los sucesivos referéndum para la independencia. Veamos las cifras, tal como las expone el autor, muy significativas para lo que estamos comentando:

 

Quebec puso a andar el proceso independentista en 1970. Los referéndums fueron en 1980 y 1995.  En ese periodo,  la economía canadiense  creció un 109% mientras que Quebec solamente un 76,6%, es decir un 25% aproximado menos. En términos de renta per cápita, a un canadiense le toca por reparto estadístico 6.000 dólares más que a un quebequés. Tras el segundo referéndum, el PIB de Quebec estaba un 30% por debajo del conjunto de Canadá. Si trasladáramos esta situación a Cataluña, haciendo un parangón, en Cataluña se retrocedería del 20% del PIB español al 15,5%, tal como magistralmente lo expone Jesús Sainz, que motivos tiene para conocer estos datos.

 

En resumen, dice el autor de tal artículo lo siguiente: “En los últimos 30 años el deterioro del PIB, la deslocalización de empresas, la reducción de la inversión, el menor dinamismo en la creación de empleo, y la pérdida y envejecimiento de la población de Quebec han mermado su capacidad par financiar el gasto público, y […] no es capaz de sufragar los servicios públicos[…] Estos desequilibrios presupuestarios continuados han generado el crecimiento de la deuda pública, cuyo pago de intereses supone el 11 % del gasto público total”

 

Traslademos esta situación a Cataluña o al País Vasco que de forma tan frívola recurrían al caso de Quebec para reforzar su argumentario independentista,  ¿con qué dinero iban a pagar ese salario mínimo -1.000 euros-? ¿O es que nos consideran tontos? El grado del absurdo llega a tal extremo que me froto todos los días los ojos para asegurarme de que lo que me dicen los periódicos es una noticia cierta o yo sufro alucinaciones.

 

Realmente, es algo frenopático.

 

Y el señor Sánchez aún duda en apoyarse en Podemos, que exige un referéndum de autodeterminación en Cataluña para dilucidar si se va a un suicidio colectivo por inanición o por vaciado de neuronas. Esto es para mear y no echar gota.

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