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Lunes, 11 de enero de 2016 | Leída 330 veces
No ha habido extinciones

El “calentamiento global” no daña al Ártico

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Los profesores Thomas M. Cronin (Instituto Geológico de Estados Unidos) y Matthew A. Cronin (Universidad de Alaska) acaban de publicar un extenso y completo estudio científico sobre la relación entre los “cambios climáticos” y la ecología del Ártico.

 

El trabajo, que puede consultarse en la revista “Arktos, The Journal of Arctic Geosciences”, analiza estudios en paleoclimatología, biología molecular y registros fósiles en sedimentos marinos de altas latitudes con el fin de responder a una pregunta crucial: ¿producen los cambios climáticos un pérdida de biodiversidad de gran escala en el Ártico?

 

Tal y como se explica en el blog PlazaMoyua.com, el registro estratigráfico del último millón y medio de años, según la investigación de Cronin y Cronin, indica que no hubo eventos de extinción a pesar de tener oscilaciones climáticas de primer orden.

 

“Durante los cambios climáticos orbitales de los últimos cientos de miles de años, los períodos interglaciares se caracterizaron por una cubierta de hielo permanente, y a veces desaparecida en verano, habitada por ecosistemas similares a los del Holoceno pre-industrial. Algunas especies que se suponen dependientes del hielo de verano (por ejemplo los osos polares) sobrevivieron estos períodos. En contraste, durante los períodos glaciales, un mar Ártico mucho más pequeño, y con los continentes adyacentes con una gran capa de hielo, y la banquisa de hielo muy espeso, hicieron inhabitables muchas regiones para la mayor parte de las especies que las habitan hoy. A paser de la escala, la frecuencia y la velocidad de los cambios climáticos del Cuaternario, los ecosistemas marinos del Ártico asociados con el hielo fueron extraordinariamente resistentes, adaptándose a través de la expansión geográfica en el Ártico durante períodos cálidos, y hacia el sur a regiones extra-árticas durante los períodos glaciales”.

 

Y añade el artículo:

 

“En regiones costeras alrededor de Alaska, los registros fósiles apoyan los datos de biología molecular, mostrando que durante el Último Máximo Glacial los osos polares y las focas oceladas (Pusa híspida) se desplazaron tan al sur como el golfo de Alaska, considerablemente más al sur que su hábitat actual. En el caso de períodos interglaciares sin hielo de verano, la presencia de hielo de invierno, la habilidad de los osos para ayunar en verano, la capacidad de las focas para usar áreas terrestres en ausencia de hielo,  y la disponibilidad de nuevas especies de presa que acceden al Ártico, les pudieron haber permitido la supervivencia durante los períodos cálidos. Las morsas tienen también un extenso registro glacial– interglacial, incluyendo presencia en el valle del río Hudson, y en la plataforma continental de Nueva York y Nueva Jersey, datadas hacia 10,6 – 11,2 miles de años AC”.

 

 

 

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