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David R.
Miércoles, 17 de febrero de 2016 | Leída 190 veces

Máquinas de corrupción

El día 5 de este mismo publiqué un artículo en el que reflexionaba sobre lo que considero un proceso de autodestrucción del PSOE puesto en marcha. Pero a la luz de los últimos acontecimientos pienso que un proceso de similares características se ha iniciado también en el PP. Esto empieza a ser la autodestrucción del bipartidismo a lo bestia y desde dentro, y a la velocidad que va el proceso no les salva ni la Ley D'Hont.

 

De la misma manera que nadie se cree que la infanta no supiese absolutamente nada de los manejos de su marido y de la empresa Aizoon, de la que es copropietaria al 50% y a cuya cuenta cargó gastos personales hasta de lecciones de baile, a estas alturas es muy difícil creer que Mariano Rajoy no supiese nada de lo que estaba  pasando en un partido, el suyo, del que ha sido muy alto cargo desde hace casi un cuarto de siglo: Galicia, Génova, Moncloa...

 

No estoy dudando de su honradez, mi duda va más allá y me hace cuestionar su competencia, porque si no sabía nada, lo cual es posible, es que no se enteraba de nada de lo que ocurría a su lrededor. Y una persona que no se entera de nada de nada, creo que no estaá capacitada para dirigir la cuarta potencia de Europa. Yo no lo contrataría ni como administrador de fincas.

 

El blindaje del aforamiento de Rita Barbera, que también dice que no sabía nada de nada, es escandaloso y vergonzoso, y es echar gasolina a un fuego que no hemos encendido los ciudadanos. ¿Cuánta temperatura piensan que pueden soportar antes de que ese fuego les carbonice para siempre?

 

Ya nadie duda de que el PP se ha estado financiando ilegalmente en muchos lugares durante muchos años, pero no solo hablamos de financiación irregular para el sostenimiento del partido y el desarrollo de campañas electorales, es muchísimo peor porque hablamos de utilizar el partido como una enorme máquina de captar, blanquear y distribuir dinero a personas físicas y jurídicas. Es como el PSOE de Andalucía, o el Clan Pujol de Cataluña, son enormes máquinas asentadas en instituciones, y son máquinas que como todos los mecanismos requieren de un diseño, una construcción y un mantenimiento; para su funcionamiento es necesario actuar fuera de la legalidad con el concurso de miles de complicidades.

 

Mientras seguimos sin Gobierno y saltan las alarmas en Europa, llama la atención que las noticias que se están produciendo en los últimos días se produzcan como lo hacen, fíjense en los tiempos y en los medios de difusión, pero en este caso e indistintamente de las supuestas intencionalidades de algunos, lo grave son los contenidos de esas noticias, y según vamos sabiendo detalles la gravedad aumenta.

 

Esta corrupción sistémica (la llamo así porque está instalada en el sistema) forma parte de una cultura y de una forma de entender la sociedad. Esta tan extendida que ya no me creo que exista ni un solo colectivo de esta sociedad totalmente libre de la lacra. 

 

Las autodestrucciones del PSOE y el PP abren la puerta a populismos de extrema izquierda y de extrema derecha de manera acelerada, porque será imprescindible que se produzca una renormalización del espectro político, porque un espectro es una escala que va de 0 a 100 (por ejemplo), y en esa escala el espacio que deja alguien es ocupado por otro, no se puede producir una situación de vacío en el espectro, salvo que se dispare el voto en blanco y/o el nulo. El espectro no puede contraerse o ampliarse, porque es una formulación matemática porcentual, es un marco diseñado para introducir datos y variables.

 

La cascada de informaciones que se avecinan por la enorme cantidad de causas abiertas, de instrucciones por concluir, de investigaciones por iniciar, de casos por descubrir y de juicios por celebrar, dibujan un panorama desalentador. Probablemente estemos viendo la punta del Iceberg, y es sabido que estos enormes "cubitos" de hielo en ocasiones y bruscamente se dan la vuelta 180 grados provocando peligrosisímos oleajes que ahogan al que esté cerca.

 

Ayer, un amigo del PP del País Vasco me decía con mucho pesar que entre la militancia más crítica empieza a comentarse que la tan reclamada refundación del partido podría tener que pasar por algo más que cambiarle las caras y las siglas. Y utilizó una palabra que me dejó asombrado: disolución.

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