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Domingo, 17 de abril de 2016
Arnaldo Otegi, el etarra que justificó el asesinato de varios periodistas, seduce a los grandes medios

La prensa española, subyugada por el totalitarismo de extrema izquierda

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En su informe anual publicado en el mes de mayo de 2010, Reporteros Sin Fronteras (RSF) acusaba a la banda terrorista ETA de actuar como un "predador" de la libertad de prensa y de convertir "en blancos" a los periodistas a través de "amenazas apenas veladas que lleva emitiendo desde su nacimiento”. En aquel texto, la  organización terrorista figuraba dentro de una lista de “represores internacionales de la libertad de prensa” y RSF recordaba que ETA, además de haber asesinado a varios periodistas, mantenía amenazados a decenas de profesionales “que siguen obligados a trabajar con protección”.

 

En su trabajo, RSF recordaba especialmente el caso del primer periodista asesinado a manos de la banda terrorista ETA, el director de la "Hoja del Lunes" de Bilbao, José María Portell, muerto a tiros el 28 de junio de 1978 en Portugalete. Portell fue la primera víctima de la campaña etarra contra los medios de comunicación que prosiguió, entre otros muchos ataques, con el atentado fallido que perpetró el “comando Nafarroa” contra el director del "Diario de Navarra", José Javier Uranga, en 1980; el asesinato en Andoain del columnista de "El Mundo" José Luis López de Lacalle y el paquete bomba que dejó gravemente herido en manos y cara a Gorka Landaburu en mayo de 2001.

 

Hoy, algo más de cinco años después de aquel comunicado de Reporteros Sin Fronteras, centenares de periodistas españoles, tan ignorantes como ideológicamente sectarios, babean, tal y como puede observarse en la imagen que acompaña a este texto, ante cada palabra escupida por quien, en 2010, era una de las piezas fundamentales del dúo ETA-Batasuna: Arnaldo Otegi.

 

¿Cómo ha llegado la prensa española, y una gran mayoría de los periodistas españoles, a alcanzar semejante grado de fanatismo, de estulticia intelectual y de analfabetismo político?

 

Ciertamente, la vileza, la miseria moral, la zafiedad y la ignorancia se han apropiado de las parrillas televisivas y de las redacciones de la mayor parte de los periódicos, donde la excelencia, la independencia, la cultura, las convicciones, el respeto y todos los valores tradicionales son denigrados y ridiculizados de forma implacable y sin tregua. Y en los grandes medios, especialmente en las principales cadenas de televisión, se ha impuesto una subcultura política totalitaria e intransigente, marcadamente de extrema izquierda, que tiene sus orígenes en el pasado más sectario de José Luis Rodríguez Zapatero.

 

Fue el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero quien, por activa y por pasiva, alentó y comenzó a dar forma a la izquierda española del presente, especialmente en los ámbitos educativos, culturales y comunicativos. Una izquierda desinteresada de la defensa del sistema democrático, desinteresada de la salvaguarda de los valores fundamentales que conforman la esencia de la civilización occidental y que una y otra vez desprecia los principales modelos éticos sobre los que se levantan nuestras sociedades.  

 

Y esto ha tenido una clara consecuencia en el mundo de la política y de los medios de comunicación: el desprestigio grotesco y generalizado de los valores éticos más elementales y el culto a las transgresiones más idiotas han servido para ofrecer recompensas permanentes a los peores entre los más marginales y para premiar a quienes una y otra vez destacan por su profundo desprecio y agresión a los más elementales cánones de la cultura y la civilidad.  

 

Es por esto, por ejemplo, que para ser un destacado miembro de la élite política o mediática generada por la extrema izquierda, los proetarras y los nacionalistas, es suficiente con haber gritado “¡Gora, ETA! en alguna ocasión, con haber orinado alguna vez en la calle, con haber hecho striptease en una iglesia, con haberse emborrachado en una esquina o con haber quemado en alguna ocasión un coche policial. O con haber entrevistado en alguna ocasión a Arnaldo Otegi.

 

Tal y como explica Hermann Tertsch en su libro “Días de Ira”, esta situación “resulta devastadora para la democracia, especialmente en los tres centros de creación de opinión que son los medios, los colegios y la universidad. Nadie habría permitido centros de adoctrinamiento nazi o de delincuencia o terrorismo en ninguno de ellos. Afortunadamente. Pero tenemos en ellos, en permanente actividad, a esos activistas del odio que proliferan sin control y que producen ciudadanos convencidos de que la democracia representativa es un sistema irreparablemente corrupto y caduco del pasado y que ellos tienen la solución del futuro. Y lo que ofrecen es lo que las bandas extremistas luchaban por imponer en los años treinta. Que haya profesores, presentadores de televisión, periodistas y tertulianos que realizan una apología sistemática de Lenin y Stalin, criminales responsables de millones de muertes, es algo tan disparatado y monstruoso, que no puede pasar en ninguna democracia europea que se respete. Pasa en España y sabemos que pasa mucho. No hay en Europa nada semejante porque no se toleraría”.

 

 

 

 

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1 Comentario
Ramiro
Fecha: Lunes, 18 de abril de 2016 a las 12:09
El grado de periodismo es una especie de bachillerato superior, de los de antes, un poco ampliado.
Se estudia de todo, pero en realidad no se sabe de nada.
Sería preferible que periodismo fuera un postgrado, de una carrera previa, que permitiera una formación especializada de los periodistas, con una base de Derecho, Economía, Medicina, o lo que sea.
Dicho lo anterior, los medios están llenos de gili progres, que confunden la velocidad con el tocino, no tienen ni idea de nada, y lo que es peor: SON LA QUINTA COLUMNA.
Por lo tanto, no es extraño lo que pasa, sino la consecuencia lógica de todo lo anterior...

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