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La Verdad Ofende
Viernes, 13 de mayo de 2016

ACOM, España, Sefarad y los valores

Noticia clasificada en: Israel

Hace unos tres años, me enzarcé en Twitter en una de esas farragosas diatribas de 140 caracteres sobre el derecho de los judíos a defenderse ante los ataques que sufren persistentemente desde el islam, al menos desde 1920, tras su regreso a Tierra Santa. 

 

Poco más tarde, justo cuando Israel se defendía de los continuados bombardeos desde Gaza con misiles disparados desde colegios, viviendas de civiles, dependencias de la ONU y asaltos desde túneles construidos por niños (caben mejor en los túneles para trabajar), con la ayuda económica europea controlada por Hamas, escribí mi primera columna para el ecléctico medio "The Objective" cuyo título era “Malditos judíos”.

 

Malditos, decía en él, “estos judíos se defienden”. El mundo lleva 2.000 años ciscándose permanentemente en la minoría judía a la primera de cambio, sea por el motivo que fuere, sin recibir una respuesta firme por parte de ellos. Por los agravios, humillaciones, saqueos y los más terribles asesinatos (hasta el genocidio) sufridos, no hallaría Occidente modo de indemnización imaginable hoy. 

 

[Img #8761]Regresar a la tierra de Israel de la que les expulsó Roma fue un proceso que iniciaron a finales del siglo XIX, y el modo que Occidente encontró para la reconciliación ante siglos de abusos. La ocupación ismaelita que se inició tras el imperialismo de Mahoma persistía, pero el derrumbe del decadente imperio otomano lo permitió. 

 

La tierra de Israel, llamada tras la rebelión macabea "Philistea" por Roma (Palestina) para borrar el recuerdo de la rebelión judía, estaba yerma y despoblada. Los judíos compraron la tierra durante años, hasta la declaración definitiva del estado de Israel. Esta tuvo tres consecuencias:

 

- El mundo musulmán atacó a Israel negando su derecho a existir. Hoy perduran esos ataques.

 

- Los judíos demostraron unidad y que jamás volverían a dejarse pisotear.

 

- Los dos millones de egipcios y jordanos llamados “palestinos” (apenas 40.000 en el siglo XIX), financiados por Occidente, son el ariete islámico para destruir el único estado democrático y occidental de todo Oriente Medio, Israel.

 

Tras mi artículo, los chicos de ACOM (Acción y Comunicación en Oriente Medio) empezaron a seguirme en Twitter, junto a otros sefardíes. Gracias a ese seguimiento mutuo empecé a aprender y a entender no solo una parte del pasado de España sino también de mis creencias judeocristianas y de mi religión católica, su historia, explicación y fundación. 

 

Hace bien poco, España ha aprobado finalmente la ley de nacionalidad que nos reconcilia con los sefardíes. Para quienes no lo sepan, la palabra “sefardí” significa “español”, y “Sefarad”, España, y al igual que el termino hispanidad es la defensa de lo español, sionismo lo es del estado de Israel. 

 

Quienes defienden posiciones separatistas catalanistas o aranistas y exigen respeto por ellas, tardarán muy poco en atacarme por mi sinceridad, en un acto que les aplaudo de escozor manifiesto, pues a mí sinceridad le asiste la historia y la verdad, mientras a ellos solo la novela corta de Sabino o Prat de la Riba y la cobardía de quienes callan ante la totalitaria imposición de sus subvencionados hijos políticos.

 

Hemos de recordar a nuestros progresistas defensores de las minorías, que el judío es la más pequeña de nuestras minorías y la más atacada e indefensa. En España, apenas suman 20.000 (son solo 13 millones en todo el mundo), frente a los dos millones de musulmanes o los cuatro millones de homosexuales. A los judíos les asiste el derecho a organizarse y a defender sus derechos e ideas como a cualquier minoría, no solo al subvencionado islam o a los colectivos LGTB.

 

Me une a los sefardíes las raíces de una historia común, la milenaria cultura judeocristiana civilizadora, mi sueño de una España sin complejos hacia un futuro liberal y próspero, alejada de imposiciones o totalitarismos, llámense islam (“sumisión”) o el socialismo y sus populistas variantes (marxismo-leninismo, fascismo y nacional-socialismo). 

 

Los sefardíes son personas libres, liberales, librecambistas y absolutamente críticas, escépticas y polemistas, aprecian como nadie los debates, tienen valores sólidos y la creencia firme de que ante el odio a Occidente, a nuestra historia y el asalto de los populistas totalitarismos, el apaciguamiento como actitud jamás resolvió nada en el pasado. Solamente alimentó al intolerante, por lo que ante ello solo vale dar un paso al frente y plantar cara, por muy pocos que sean.

 

Y como lo de plantar cara está en desuso, la reacción ante la aparición de ACOM no ha tardado. Un “Julian” seguramente subvencionado, llamado Vicente Almeja (¿sindicalista?) pública un maledicente artículo sobre los bemoles de ACOM por enfrentarse y denunciar el nuevo terrorismo islámico que ensucia e invade ayuntamientos en España, nuestra casa común. 

 

De la mano de marxistas antisemitas, España asiste a una nueva campaña inquisitorial de acoso al judío. Diseñada bajo el epígrafe “BDS” y regada por subvenciones públicas, son los responsables entre otras acciones del señalamiento de la discoteca judía Bataclan en Paris, donde yihadistas #BDS provocaron 84 asesinatos. 

 

Declarado ilegal en Canadá, Francia y Reino Unido, en España el movimiento “BDS” ha encontrado terreno abonado en nuestra cainita y envidiosa izquierda marxista, esa que cínicamente proclama su lucha por los derechos de la mujer y el homosexual mientras recibe fondos de la asesina y terrorista dictadura teocrática de Irán. 

 

Hoy todo consistorio donde está Podemos (los amigos de Irán) gobernando en alianza con el PSOE y nacionalistas han presentado o están preparando mociones en los ayuntamientos de apoyo al criminal #BDSantisemita que discrimina al judío. 

 

Denunciarlo es una necesidad cívica, de higiene democrática, tan urgente como lo es aún hacerlo con ETA, y exigir con firmeza y claridad, frente al indolente apaciguador postureo con el islam, que éste deje en paz a Israel, a la mujer y al homosexual, y no utilice en sus guerras niños ni población civil, abandone la pederastia, emplee la ayuda que sale de nuestros impuestos para Gaza en escuelas y no en túneles, cuchillos o misiles, acepte una solución pacífica, se reforme y democratice, acabe con la “sharia” (ley islámica) y respete las costumbres de Occidente que le acoge. 

 

Yo, puestos a pedir, pediría la creación de una comisión internacional para la solución de la invasora mezquita de Al-aqsa, construida sobre el templo de Salomon, a pesar de que hoy la Unesco declare que el Muro de las Lamentaciones no tiene vínculos con los hebreos, sino solo con el islam, al igual que hoy pasa con la de Córdoba, edificada tras demoler la basílica de San Vicente, y que hoy pretenden usurpar el imperialismo islamista de nuevo.

 

Mientras tanto, los cuatro gatos hebreos de ACOM, además de un ejemplo de higiene y valor cívico, representan hoy el único blindaje moral conocido en auxilio de la clamorosa necesidad de defender nuestras amenazadas libertades.

 

"Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida". (Miguel de Cervantes)

 



 

 

 
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