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Manuel Molares do Val
Domingo, 22 de mayo de 2016 | Leída 112 veces

Transgénicos progresistas

[Img #8831]Después de tres décadas de investigaciones exhaustivas la ciencia ha confirmado que las plantas transgénicas son tan sanas como las llamados naturales, y que gracias a ellas erradican el hambre y algunas enfermedades en áreas pobres del planeta.

 

Lo que demuestra que quienes han defendido las mutaciones genéticas de los alimentos eran progresistas, y que quienes se han opuesto, reaccionarios, responsables de millones de muertes por hambre al dificultar el progreso.

 

Una ideología progresista es la que trata de conseguir el bienestar humano mejorando la calidad de vida de las personas y sin dañar a la naturaleza, y es reaccionario lo que retrase lo que mejore el bienestar humano, aunque se diga ecologista.

 

Por eso es progresista, por ejemplo, el arroz dorado, transgénico que ha alimentado a grandes masas de personas y evitado la ceguera a millones de niños. Fue creado en 1999 por Peter Beye, profesor de la Universidad de Friburgo e Ingo Potrykus, de la Escuela Politécnica Federal de Zurich.

 

Además de crecer en terrenos antes improductivos y con enorme productividad, genera beta-caroteno, precursor de la vitamina A, cuya ausencia causa cegueras, muertes y malformaciones.

 

El aval a los transgénicos se basa en miles de ensayos con centenares de equipos de científicos de diferentes centros de investigación coordinados por la Academia Nacional de Ciencias de EE UU.

 

No apareció prueba alguna negativa en la salud de las personas, ni crean problemas medioambientales más allá de que los cultivos son resistentes a algunos plaguicidas, igual que a numerosas enfermedades que causaban la destrucción de cosechas.

 

Debe negársele el progresismo a los izquierdismos que en su día fueron motor del progreso científico luchando contra criterios religiosos reaccionarios, pero que ahora son nuevas religiones antiprogreso tan reaccionarias como las viejas creencias más obtusas.

 


 

 

 

 
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