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Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 30 de mayo de 2016 | Leída 193 veces

Vivir en una sociedad irracional

[Img #8901]Es el título de un libro de Albert Ellis, autor de una terapia emotivo-conductual que lo que viene a decir es algo así como que ante la irracionalidad hay que tomar distancia y no dejarse llevar por pensamientos destructivos.

 

Pero el hecho de compartir nuestra existencia con la locura, con la irracionalidad, no debe ser obstáculo para tratar de corregir esas tendencias autodestructivas de orden social.

 

Tal es el caso de la situación catalana, controlada por una gente, la de la CUP  cuyo orden de valores consiste en destruir todo lo existente e implantar  el caos. En Barcelona, si vale el botón como muestra, los ocupas (con K) han implantado un régimen muy parecido al de la Camorra en Nápoles.

 

Allí, en el año 2002, un activista de una asociación que intentaba establecer algo así como un estado de derecho en la región italiana de Campania, me decía que la mafia controlaba la ciudad de Nápoles y los servicios municipales, y a todo aquel que se salía del redil se le aplicaba la ley del mazazo que se veía a poco que se recorrieran las calles, viendo escaparates rotos. Y esa era la menor consecuencia que se podía tener de negarse a seguir las pautas de quienes controlaban la calle. Pues eso empieza a ocurrir en Barcelona, gracias a personajes como el exalcalde Xabier Trías, que en lugar de enfrentarse a los seguidores de la CUP y denunciar los atropellos callejeros de los incendiarios, para tenerles apaciguados, les concedió lo que pedían, con grave detrimento de las arcas municipales que subvenía el estropicio; política que continúa Ada Colau con más entusiasmo pues su ideología dista poco, por no decir nada, de los que arremeten contra uno de los derechos más primigenios de toda sociedad liberal cual es el de la propiedad. De esta manera, permite nuevas “ocupaciones” y la versión catalana de la “kale borroka” a fin de…  “evitar nuevos disturbios” lo que es lo mismo a efectos prácticos que estimularlos.

 

De este tipo de cosas sabemos mucho los vascos que durante décadas hemos comprobado cómo la calle no pertenecía a los ciudadanos sino a determinadas tribus pertenecientes a aquello que se llamaba el bloque KAS, que era lo más parecido a la Camorra. Por eso mi amigo anticamorrista me invitó a Nápoles para que contara en una conferencia las similitudes vascas y lo comparara con lo que acontecía en la bella e histórica ciudad napolitana.

 

En este orden de cosas del paradigma catalán que es la más pura representación de la anomia,  es decir, la ley de la naturaleza, o sea la del más fuerte, contraria a la ley del Estado de Derecho, yo me muevo entre la perplejidad y la indignación pues lejos de resolverse la crisis sistémica que afecta a los catalanes, se agudiza, y así tenemos una nueva valoración de la deuda catalana por Moody’s, que la hunde, literalmente, en la deuda basura, con más del 300% de endeudamiento sobre el PIB catalán.  Eso parece no importar a una parte sustancial de su electorado que prefiere tener mucha identidad nacionalista aunque se descalabre la economía y las posibilidades de futuro de Cataluña. Y lo entiendo, mientras haya un Estado bobo que financie sus caprichos tontos y sostenga el déficit impagable de las políticas absurdas separatistas, para qué preocuparse.

 

Pero vayamos al grano:

 

La semana pasada, el Parlamento vasco rechazó una iniciativa firmada por el PP, PSE y UPyD que pedía algo tan de sentido común como que se revisara la puntuación que tenía el euskera en las plazas de personal sanitario de Osakidetza, que provoca, ni más ni menos, un déficit en las plantillas de médicos especialistas porque éstos se han dedicado a estudiar durante muchos años la práctica de la medicina y no han dedicado su tiempo a estudiar lenguas que no tienen implantación o son minoritarias (no minorizadas), como el euskera. Con ello tenemos el absurdo de que el euskera puntúa tres veces más que los títulos de doctorado, lo cual es como si a alguien que diseña la estructura de un edificio se le exigiera saber cocinar muy bien y no haber cursado los estudios de arquitectura. Yo supongo que si cualquiera de mis queridos lectores va al médico lo que quiere es que le cure, no que le hable en esperanto, aunque bien es verdad que a ciertos engendros enroscados a una boina se les ciega el duodeno cada vez que se les habla en la lengua de Cervantes que es la que entendemos todos; pero éstos quizás necesiten más un psiquiatra que otra especialidad médica, ¡qué quieren que les diga…! Pues imaginen ustedes qué grupos políticos abortaron esa iniciativa con tanta carga de razón. A que adivinan…

 

Curiosamente, coincidiendo en las fechas, en el Parlamento catalán ocurrió algo similar, aunque en este caso los opositores a la moción fueron más; con el posicionamiento de los nacional-socialistas que apuntalaron al bloque nacionalista. En la Cámara catalana se rechazó una propuesta de resolución, también del PP, cuya finalidad era garantizar la libertad lingüística del personal adscrito a la administración pública, en cumplimiento de la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que reconoce el derecho de los empleados públicos a expresarse tanto en catalán como en castellano –y yo digo que por qué no en inglés, francés, italiano o sisaala-. Ciudadanos fue el único grupo político que la apoyó.

 

Pues parece ser que existe alguna circular que “recomienda” que los funcionarios no atiendan a los ciudadanos que se dirijan a ellos en español, que es lo que llamamos castellano, y si el pobre contribuyente se empeña en ello se le conteste en la lengua de signos.

 

Claro que pedir sentido común a determinados mostrencos es como instar a una mosca a que nos escriba una ópera prima. No hay nada que hacer.

 

Habría que preguntarles a Felipe González, Aznar, Zapatero y Rajoy por qué hemos llegado a esto. Y si vale el ejemplo, el paradigma está en la decapitación de Vidal Quadras a instancias de Pujol para que Aznar tuviera los correspondientes apoyos de legislatura y formar mayorías. De aquellos polvos, y de otros, vienen estos lodos.

 


 

 
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