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Pablo Mosquera
Domingo, 19 de junio de 2016 | Leída 281 veces

Vitoria, 1977

Tal día como hoy se celebraban las primeras elecciones libres en España. Las había convocado Adolfo Suarez, quien a su vez, desde la fontanería de los Gobiernos Civiles se sacó de la manga la UCD. Logró más de seis millones tres cientos mil votos que le dieron una mayoría simple con 165 Diputados y 106 Senadores. Los grandes damnificados fueron el PCE a pesar de sus 20 escaños, AP que representaba a la derecha continuista que obtuvo 16 diputados, y un magnífico elenco de cuadros en torno a Tierno Galván en el PSP que sólo logró 6 diputados. Por cierto, mi padre, amigo y compañero del Doctor Donato Fuejo (también gallego) en el Hospital La Paz, era uno de sus seguidores.

 

Por Álava, los cuatro escaños se los repartieron: 2 UCD, 1 PSE, 1 PNV.   El nuevo partido para la Transición tenía en Álava un personaje que disfrutaría de enorme notoriedad. Chus Viana, que fue uno de esos políticos que tuvo la osadía de hacer creer que era licenciado en Derecho, incluso, estuvo a punto de ser ministro. Lo que sí sabemos es que actuaba como conseguidor de las empresas alavesas ante los Ministros de la UCD. Terminaría pasando por el Parlamento Vasco y fundaría, junto a otros amigos de Suarez, el CDS, lo que le llevaría a las Juntas Generales de Álava.

 

Alfredo Marco Tabar, abogado, alcalde de Vitoria, fue senador en estas elecciones por UCD. Más tarde, coincidimos en el Gobierno Foral de Álava surgido en julio de 1999. Por el partido socialista, uno de los hermanos Aguiriano, que procedía de la OIT, y que en el futuro ocuparía la Delegación del Gobierno, precisamente cuando ETA asesinó a Gregorio Ordoñez. Se portó como un caballero, ya que al conocerse mi situación de gravemente amenazado, me puso a disposición uno de sus coches blindados. José Ángel Cuerda, que procedía de la democracia cristiana al igual que Fernando Buesa, sería otro de los diputados de 1977 por Álava, esta vez por el PNV. Su historia estaría vinculada al cambio espectacular de la ciudad de Vitoria, desde la Alcaldía, que desempeñó brillantemente.

 

En los primeros días de enero nació mi hijo Antón en la Residencia Sanitaria de Arana. Por aquellas fechas, residía con mi familia en lo que hoy es Palacio de Elorriaga, que mi suegro y propietario, el ingeniero Antonio- de ahí el nombre de mi hijo- Aldecoa Lecanda estuvo rehabilitando; había sido cárcel de curas y tras su inmensidad se contemplaba un edificio singular de la llanada alavesa construido entre los siglos XVI y XVII. Fue vendido por mi suegra Eguillor Muñozguren, en dos fases: la finca que se encontraba detrás del inmueble y posteriormente el propio edificio por la cantidad de 35 millones de pesetas -una ganga-.

 

Antón Mosquera Aldecoa, nacido en 1977 será miembro de una generación que hoy son los grandes protagonistas socio culturales de un Estado democrático y social dentro del espacio común europeo. Pero para llegar a su actual estatus hay que contemplar dos hechos: sus antecedentes familiares entre vascos-españoles procedentes de Bilbao y con formación universitaria en Barcelona; y en la línea paterna, gallegos descendientes de judíos, que desde Ourense hicieron carreras universitarias en Compostela, que marcharon a Rosario-Argentina a emprender vida de negocios y se implicaron en la política del más europeo país de la América Latina.

 

[Img #9098]El precursor de una dinastía entre médicos y abogados a la que se incorpora Antonio Mosquera Aldecoa, comienza con Justo Mosquera De La Torre, que vive el siglo XIX en la parroquia de Santa María de Tamallancos, dónde construye un hermoso Pazo- hoy inventariado como Pazo de Dña. Dora- y compra otro- Pazo de los Taboada- por 4.000 reales de vellón. Será la persona que se encarga de la educación de sus hijos y nietos. José Mosquera Puga -primogénito- será médico. De tal ilustre caballero nacerán cinco hijos a los que su abuelo manda a la Universidad Literaria Compostelana. Alejandro y Aquilino se harán médicos; Francisco y José serán abogados.

 

Alejandro Mosquera Caride, bisabuelo de Antón Mosquera, será Alcalde de Ourense tras regresar de la Argentina. Entra a formar parte del consistorio ourensano en 1918, siendo alcalde en 1919 y en 1923. Estamos ante la segunda generación de universitarios compostelanos de la familia Mosquera.

 

La tercera generación la constituyen tres médicos: José, Alfonso y Pablo, y un abogado, Raúl. Todos nacidos en Rosario, menos el pequeño, precisamente Pablo Mosquera Ferrando, abuelo de Antón, que nacerá en el Pazo de Santa María de Tamallancos que había sido la residencia de Justo Mosquera De La Torre.

 

Este paso por los antecedentes familiares pretende ser el antídoto de lo que el profesor Antonio Ribera Blanco describió en su obra- premiada con el Becerro de Bengoa de 1990- "El vitorianismo. La conciencia histórica de una ciudad".

 

Y es que en las primeras elecciones libres de 1977, y tras los graves incidentes del 3 de marzo de 1976, los patricios vitorianos tratan de copar las listas electorales para el Congreso de los Diputados y Senado, evitando a gentes foráneas. Durante muchos años, ello dará lugar al éxito de Unidad Alavesa, los vitorianos paseantes por la calle Dato, mantuvieron su pedigrí, ignorando a los "de fuera", incluso a los técnicos universitarios que acudían para modernizar una ciudad que constituye un ejemplo de rápido y ordenado crecimiento, sin duda gracias a los recursos económicos del Régimen Foral, a la capacidad emprendedora de los guipuzcoanos que prefieren ampliar sus factorías en la Llanada evitando desmontar suelo, y los conocimientos con enorme capacidad de trabajo de los procedentes del resto de España.

 

Y es que nunca las familias vitorianas de toda la vida dieron carta de naturaleza a los cuadros universitarios llegados de otras comunidades con tanta o más carga histórica que la de los Fueros alaveses.

 

Antón Mosquera Aldecoa, pertenece a esos nuevos alaveses, que desde muy jóvenes viajan para aprender inglés, hacen deporte, conocen el Mediterráneo y el Cantábrico, y son miembros de sagas familiares con un largo e histórico bagaje cultural y económico. Quizá fue la influencia del Carlismo y el papel jugado por Álava en la Guerra Civil lo que impedía a las familias de la "Ciudad Jardín" o del centro de la ciudad con dos catedrales, ampliar sus miras y reconocer la valía de los llegados de otros lugares a ejercer como ciudadanos sin fronteras. Puede que esta sea razón para comprender cómo Bilbao y San Sebastián impusieron su modernidad y capacidad de adaptación al nuevo mundo de las tecnologías, comercio y relaciones socio culturales a una ciudad que en su día había sido señalada como "La Atenas del Norte".     

 


 

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