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La Verdad Ofende
Viernes, 24 de junio de 2016

El leninismo travestido

Noticia clasificada en: Podemos

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En una última pirueta más propia del mundo circense que del político, Iglesias, el ateo, ha conseguido finalmente conmover mi corazón de español al sustituir en un acto político la bandera comunista por la centenaria enseña nacional, según aparece en un diario digital del que extraigo la portentosa imagen que asombrara hasta al criminal, hoy "hombre de paz", Otegui con U.

 

Así es. La rojigualda presidio ayer un acto político de su formación marxista-leninista Podemos España, engrasada desde la teocracia islamista de Irán y el régimen castrista que saquea, corrompe y desgobierna Venezuela.

 

La tan manida transversalidad política que todo lo puede y obra tiene el don físico de la horizontalidad, lo que permite encamarse con lo que sea con tal de asaltar los cielos del poder, izados a él por una embaucada masa de pobres gentes gracias a populistas promesas de trilerismo económico y regeneración social. 

 

Como podrán observar, el "grouchomarxismo" ha quedado obsoleto y superado. Es el “gramscismo” en estado puro, que exige virtuosismo e imaginación en la capacidad de transformismo social desde la educación. Nuestro joven marxista-leninista hereda la capacidad semántica de hacer que lo imposible sea no solo viable, sino también creíble (aunque falaz) y en cuestión de meses.

 

Democracia, ese término tan vapuleado por los políticos de ayer y hoy, fue el distintivo del socialismo de todo el siglo XX, desde el que se camufló para asaltar aquel último ejercicio de sueño democrático puesto en marcha por ilusionados españoles como Giner de los Ríos, Marañón, Alcalá Zamora, Maura, Ortega o incluso Besteiro. 

 

Bajo ese epígrafe democrático se justificaron cinco golpes de Estado entre 1930 y 1936 (Galán, Abril 1931, Casas Viejas, Octubre 1934, Febrero 1936)  hasta el pronunciamiento final de los militares contra aquel Frente Popular marxista-leninista devastador, que tan bien describió Gasset, Clara Campoamor, el catalán Gaziel o el propio Azaña.

 

Nuestro “transformer” es el aventajado protegido de Podemos Venezuela, quien financió con generosidad a su criatura Podemos España. Arropado por el viejo fascista Vestrynge, reconvertido hoy en rico terrateniente inmobiliario, es nieto de un miliciano de lúgubre currículum (hacia sacas y asesinatos, condenado a muerte y conmutada) que prosperó gracias a la benevolencia reconciliadora del general y los progresos sociales de su régimen. 

 

Su padre, hijo del abuelo miliciano, para merecer la estirpe asesina, acabó siendo terrorista del FRAP. Por eso, quienes escuchamos hace pocos meses a Pablo Iglesias hablando del asco que le provoca la bandera, el nombre de España  y "esa pachangosa música" del himno nacional, poca sorpresa tuvimos, conociendo sus antecedentes familiares.

 

Proclamar en pleno siglo XXI “Viva la lucha de clases” y “la revolución proletaria” no da para más que una algarada universitaria. A Rosa Diez le consta. Así que para alcanzar el cielo, y a pesar de que “la dictadura del proletariado es la mayor expresión de democracia”, Iglesias, el ateo, cuya "partenaire" es experta en asaltar templos católicos, ha renunciado a sus proclamas leninistas, y en meses se ha convertido en un veterano y reconocido socialdemócrata del norte de los fiordos polares y más allá. A los hechos me remito.

 

Para consolidar su transversal socialdemocracia ha forjado una alianza nada menos que con Izquierda Unida, ese transformista PCE del que provienen los líderes de Podemos, quebrado, desunido, embargado y corrupto hasta las trancas en Bankia y decenas de cajas de ahorro. 

 

Ello no parece afectar a sus dogmatizados y cerriles afiliados socialdemócratas, asqueados, no sin razón, por la sistemática corrupción de todo el Estado, aunque muy comprensivos con las inmensas corruptelas sufridas si éstas son de izquierda. Su intransigencia con la corrupción la mantienen intacta con Bárcenas y su elenco de amigos “fascistas”.

 

Izquierda Unida ha ordenado lo inconcebible: esconder las banderas rojas de los mítines y, oh cáspita, sustituirla por el corazón de amor que Chávez ya inventó para sus campañas electorales de la matriz, Podemos Venezuela, en una última y asombrosa pirueta electoral. 

 

Confío en que, con suerte, muy pronto podremos verles cerrar los mítines al son de la marcha real, algo que sin duda ya han planeado. Recibir el ambicionado encargo de su majestad de formar gobierno y asaltar el cielo exigirá eso y más, aunque sea sin chaqué, solo en mangas de camisa.

 

Y así, el agitador universitario que enviaba SMS para rodear las sedes del Partido Popular asaltando la legalidad en la jornada de reflexión, finalmente tomará el poder. Lo que vendrá después no me entretendré en explicarlo, pero no sueñen con más democracia, aunque sea de tan baja calidad como la que hoy padecemos. 

 

Podemos Venezuela obtuvo el poder en 1998 tras dos golpes de Estado. El pistolerismo de “los chibiris” entre 1931 y 1936 caldeó Madrid preparando la revolución proletaria. Lo demás es historia… Tan funesta como la de hoy en Venezuela. Se llama socialismo en estado puro.

 

“Estamos en tiempos de Weimar, en los que ganará quien agregue un amplio sentimiento popular”. (Pablo Iglesias -Twitter- 14-12-12  14 h. 38 min.)

 


 

 
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