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Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 27 de junio de 2016 | Leída 500 veces

Un viaje a ninguna parte

[Img #9153]Con los resultados de las elecciones últimas al Congreso y al Senado me pregunto qué ha conseguido el señor Sánchez forzando unas segundas elecciones, y cuál es el avance que ha logrado el señor Iglesias en su estrategia de “sorpasso” al Partido Socialista y de Frente Popular de izquierdas. Yo creo que ningún avance y un sonoro fracaso de su fanfarronería chulesca que vaticinaba el derrumbe del Partido Popular y el “asalto al cielo”. Si sumamos Partido Popular y Ciudadanos logran ambos 169 escaños frente a los 156 del PSOE y Podemos. A ver con qué legitimidad van a plantear un bloque de izquierdas para la gobernación de España, salvo, claro está, que se añada la tortilla de siglas de los partidos segregacionistas y antisistema que pululan por los vértices del Estado.

 

Tampoco sale nada bien parado Ciudadanos que ha equivocado manifiestamente su estrategia de oposición al Partido Popular, atreviéndose a pedir la cabeza de Rajoy sin tener legitimidad para ello, pues a los líderes de cada partido los pone su afiliación, y no es, cuando menos, elegante, condicionar la continuidad de un líder ajeno. Rajoy sale de estas elecciones claramente reforzado. ¿Con qué punto de razón va a pedir ahora que Rajoy dimita para lograr un acuerdo de gobierno? No sería de recibo. El electorado ha entendido que Ciudadanos debería haber pactado con el Partido Popular y no con los socialistas. Un bloque bastante importante de su electorado ha ido esta vez al Partido Popular, y lejos de castigarle por los casos de corrupción, ha abandonado a quienes trataban de zaherir la imagen del Partido Popular debilitando la posibilidad de formar una coalición de gobierno para salir del impasse al que se nos llevó con los anteriores intentos de investidura de Sánchez. Parte del electorado de Ciudadanos no ha entendido los vaivenes y la falta de claridad en la estrategia del partido naranja y su indefinición ideológica, y menos ese enamoramiento con los socialistas, pues lo inteligente hubiera sido haberse mantenido en un plano equidistante entre el Partido Popular y el Socialista.

 

Es verdad que ha cundido el miedo a un bloqueo institucional que nos llevara a un agravamiento de la situación de la economía, ya suficientemente castigada por el Brexit. También es verdad que los electores han entendido que los socialistas, los naranjitos y los podemitas han convertido la política española en una jaula de grillos, cuya estampa más representativa fue el debate a cuatro que se celebró en esta campaña electoral, donde aparte de tirarse los trastos los unos a los otros no se oyó ni una propuesta electoral ni una receta para solventar los problemas estructurales que padecemos los españoles. Eso ha llevado a un bloque muy significativo de votos hacia el Partido Popular. Copio literalmente lo que me dice una amiga por Whatsapp  “prefiero votar a ladrones que favorecer la llegada al poder a comunistas, pues los tiranos una vez logrado el poder no lo sueltan y se olvidan de la democracia”.

 

Con el resultado de estas elecciones caben tres soluciones:

 

Gobierno Partido Popular más Ciudadanos y Socialistas o Gobierno Partido Popular más Socialistas.

 

Cualquier otra combinación carecería de legitimidad y de suficiencia de apoyos, salvo que la combinación de socialistas y podemitas fuera reforzada por el popurrí de escaños formados por la sopa de letras de los que siempre reman para destruir lo construido. Y esto sería simplemente un esperpento inaguantable, además de antidemocrático pues daría la espalda a la decisión mayoritaria de los españoles.

 

La tercera solución sería convocar las terceras elecciones por la posición de bloqueo del Partido Socialista. Esto sería imperdonable. Simplemente lenitivo y un grave riesgo para lo que hoy entendemos funcionamiento de la democracia y de las instituciones, además de una grave zancadilla a las condiciones para el crecimiento de la economía.

 

Con estos resultados en la mano, Sánchez debería dimitir y, cuando menos, Rivera modificar su estrategia y dotarla de coherencia, de sensatez y de responsabilidad, aspectos de los  que en los últimos meses ha carecido bajo mi punto de vista.

 

De Podemos prefiero no hablar porque está todo a la vista para el que quiera ver y sepa interpretarlo.

 


 

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