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David R.
Sábado, 2 de julio de 2016 | Leída 570 veces
Un debate pendiente

Reflexiones sobre el derecho a poseer armas (1)

[Img #9204]La definición de la palabra arma es amplia, pero en el Diccionario de la Real Academia Española la primera acepción es "instrumento, medio o máquina destinados a ofender o a defenderse". Por el contrario, la mayoría de los mortales entendemos por armas aquellos instrumentos que sirven para defenderse y para atacar. A estas armas me voy a referir en este primer artículo dedicado ellas, desde una perspectiva instumental.

 

Clasifico el enorme grupo de explosivos como armas que son especiales por su facilidad en la fabricación y por sus características intrínsecas, por lo tanto no voy a analizarlos.

 

Sí quiero hacer referencia a las armas que clasificamos como cortas o largas, por supuesto misiles portátiles al margen. Como en casi todos los casos, podemos utilizar una clasificación sencilla: arma corta o larga es aquella que puede portar un ser humano. Se trata de revólveres o pistolas en el caso de armas cortas, y de fusiles de asalto, escopetas o rifles en el caso de armas largas. Sus características dependen del alcance de la munición que disparan, de su capacidad resolutoria y, por supuesto, de su disponibilidad.

 

Todas estas armas utilizan municiones y creo que es conveniente aclarar que una bala no es una munición sino la punta de la misma, porque un cartucho está compuesto por tres elementos básicos: una vaina que contiene la carga de pólvora propulsora, un sistema de ignición que está en su base y se acciona al ser golpeado por un percutor o similar, y una bala que es la parte que sale por la boca del cañón, normalmente a velocidad supersónica. Solemos decir que las balas son inofensivas, y que lo peligroso es la velocidad que llevan.

 

Sobre las municiones no voy a comentar nada porque no quiero dar ideas maquiavélicas a nadie y porque su fabricación, adquisición, manejo, modificación y uso es más fácil que utilizar un lápiz. Las balas que salen por la boca del cañón de un arma corta o larga pueden ser mortales, venenosas o destructoras, o todo a la vez.

 

Las armas cortas son más portables, más discretas, más cómodas, pero su eficacia es menor porque las balas que salen por sus cañones tienen menos alcance y porque sus cargadores disponen de menos cartuchos.

 

Las armas largas disponen de más munición en sus cargadores y sus balas llegan mucho más lejos, tan lejos que dotadas de los adecuados elementos de puntería permiten con facilidad hacer blanco a más de 100 metros, incluso para un neófito en la materia. Pero, sobre todo, debemos tener en cuenta que incorporan, de serie, un mecanismo automático que permite disparar a ráfagas.

 

Explicado todo esto muy someramente, estimados lectores, ahora fíjense en las armas que utiliza el DAESH, los terroristas del autodenominado Estado Islámico. Estos asesinos no son dados al uso de armas cortas, por el contrario parecen tener predilección por las armas largas y en concreto por el fusil de asalto Kalashnikov, en sus versiones clásicas AK 47 o AK 74 (ambos con una cadencia de tiro de 600 cartuchos por minuto). No les importa su portabilidad ni su ocultación; les importa su eficacia y su facilidad de adquisición en el mercado negro (por ejemplo, por piezas, en Internet). Sobre todo, les interesa que son las armas que saben desmontar, limpiar, montar y usar, porque son las armas con las que han sido adiestrados en los campamentos del DAESH.

 

El manejo de armas cortas y largas es motivo constante de debate en EE.UU. Pero, en Europa todavía no. Pero mientras rehusamos ese debate, el monopolio de su uso ya no lo tienen los Estados. Básicamente, ahora lo tienen los grupos terroristas, los asesinos y las mafias de todo tipo; ellos no someten a las armas cortas y largas a regulaciones restrictivas, ellos las compran, las cuidan, las limpian, las usan, y después de usarlas las vuelven a limpiar para que queden en perfecto estado para su siguiente acción criminal.

 

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