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Pablo Mosquera
Domingo, 3 de julio de 2016 | Leída 155 veces

La obra de Kafka desde Vitoria

Algunos más deberían leer a los autores "clásicos". "El proceso" es una de esas obras que trascienden la realidad. Posiblemente, ni el propio escritor, nacido en Bohemia, de origen judío pudo imaginar que el contenido de su novela publicada, póstumamente, en 1925, iba a servir de Oráculo de Delfos a tantas personas injustamente encausadas y con esos sufrimientos que, como decía un viejo profesor de la Complutense, dejan huellas en el corazón y en el alma.

 

Un otoño vitoriano de esos en los que las hojas del parque de la Florida se vuelven ocres antes de ser hojarasca que desplaza el viento, me vi envuelto en un episodio que contribuyó a cerrar el capítulo de mi actividad como gestor sanitario en Álava. Había rechazado irme como Director del Hospital General de Asturias, tras el éxito de puesta en marcha en tiempo record del Hospital -hoy Hospital Universitario de Álava- Txagorritxu. La situación política empeoraba por días, las páginas de los sucesos se cubrían con la sangre de las barbaridades de ETA. Toda Euskadi aspiraba a la autonomía que contemplaban los Derechos Históricos de los territorios forales. Las instancias del poder central eran constantemente discutidas y vilipendiadas. Esto sucedía en las tres provincias, si bien la que más resistió fue Álava. Llegó un momento que el único representante del poder central para la sanidad pública del Instituto Nacional de Previsión (I.N.P.), era yo mismo. Hasta que surgió el problema con tintes kafkianos...

 

En la sede central del I.N.P. crearon un grupo para perseguir los fraudes por los conciertos entre la Seguridad Social y las clínicas ajenas. En Álava teníamos conciertos con el Hospital "Santiago Apóstol" de FASVA, que disponía de numerosas especialidades que no se habían desarrollado en el marco de las prestaciones propias del INP, empezando por la disponibilidad de un magnífico tomógrafo para la práctica de la tomografía axial computarizada. Además, había conciertos con la Clínica Álava y la Policlínica San José, dónde realizaban sus actividades los denominados especialistas quirúrgicos no jerarquizados o de cupo.

 

[Img #9217]Llegó de improviso la unidad de inspección formada por inspectores médicos del I.N.P. y miembros de la Guardia Civil procedieron a revisar facturas cuyo pago ordenaba el propio Director Provincial del I.N.P. y previamente visaba el Interventor de la delegación provincial. Así todo, los miembros de la unidad antes citada, que habían "levantado" fraudes en materia de conciertos por toda la geografía española, señalaron un presunto fraude entre el Hospital Santiago Apóstol y la facturación que de sus prestaciones a pacientes de la seguridad Social alavesa se derivaban.

 

Me vi envuelto en un proceso kafkiano. Tras colaborar con el equipo de inspección, éstos denunciaron lo que consideraron abuso en el uso e interpretación del concierto y una tarde, en el despacho del Director del I.N.P. de Álava, descubrí que entre unos y otros habían señalado la gestión del Jefe Provincial de los Servicios Sanitarios, -mi actividad en funciones- como responsable de un fraude por valor de 150.000 pesetas, una cantidad ridícula ya entonces. Me procesó un juez poco enterado de cómo funcionaban los Conciertos de la Seguridad Social. El delito imputado era "malversación de caudales públicos". Lo más curioso es que ni disponía de tales caudales, ni tenía capacidad para ordenar pagos, por tanto la metedura de pata del Juzgado era de las que hoy habrían dado lugar a daños y perjuicios.

 

Estuve seis meses presentándome cada quince días en la Audiencia Provincial de Álava y tuve que poner mi coche -SEAT 1430- a disposición del juzgado como fianza del presunto delito. Una vez celebrado el juicio quedaron aclaradas diferentes cuestiones.

 

* Que yo no tenía nada que ver con la figura delictiva de la malversación.

 

* Que en ningún momento hubo mala utilización de los recursos públicos.

 

* Que la facturación era correcta y la prestación sanitaria necesaria.

 

* Que en todo caso, los que deberían haber aclarado el asunto eran el Director Provincial del I.N.P. y el interventor, que muy "astutamente" confundieron al juez, volcando sobre mí toda la responsabilidad.

 

Aprendí que hay dos situaciones en las que el hombre se siente indefenso. Una es cuando entra como paciente en un quirófano para ser intervenido. Otra, cuando se le achacan "indicios racionales de haber cometido un delito" y una vez puesta en marcha la máquina de la justicia, sólo se detiene tras la celebración del juicio.

 

Por cierto, que nadie me dio una satisfacción, amén de tener que costearme la defensa yo mismo. Súmese la vergüenza de estar en los medios de comunicación social como presunto autor de un delito de malversación durante el tiempo que duró el proceso.    

 

Aquello me dolió tanto, mucho más tras haber hecho un gran servicio a los ciudadanos con derechos a la asistencia sanitara alavesa, que solicité el traslado. Estuve en Burgos como jefe provincial de Servicios Sanitarios, después, en Tenerife como director de la sectorial Provincial de Ambulatorios y por fin en Girona, como director del Hospital Josep Trueta -antes General Álvarez de Castro-

 

Mientras tanto, las noticias que llegaban desde Euskadi tenían que ver con la discusión del Estatuto de Autonomía desde el denominado Consejo General Vasco, presidido por Rubial, la desintegración de la UCD, la llegada de Marcelino Oreja Aguirre como primer delegado del Gobierno en Euskadi y los atentados de ETA que producían, diariamente, un auténtico parte de guerra, dando lugar a la extensión de la inseguridad y el terror entre todos los españoles que vivíamos en aquella provincia vascongada.  No importaba que no tuviéramos ni antes, ni en tales momentos, relación alguna con la política. Yo era un médico con una formación académica siempre pública-escuela pública, instituto de enseñanza público, universidad pública, hospital público-. Mi padre era fundador del PSP del profesor Tierno Galván. Mi progenitor nunca trato de involucrarnos a mi hermano y a mí. Nunca tuve nada que ver, ni con la OJE, ni con la Falange, ni cualquier otra organización política. Ni siquiera atendí, más tarde, las ofertas que desde la delegación y Marcelino Oreja se me hacían para integrarme en la UCD. Pero me sentía español y no toleraba que el nacionalismo vasco tuviera una vanguardia radical que empezó matando contra el franquismo y siguió declarando enemigos del pueblo vasco a los que, como yo, teníamos muy claras nuestra identidad y dignidad.      

 


      

 
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1 Comentario
Ramiro
Fecha: Domingo, 3 de julio de 2016 a las 21:36
Celebro el buen resultado de su proceso, y lamento todo lo sucedido.
Desgraciadamente en España, la "justicia" es así.
Primero te imputan -ahora investigan-, y después te preguntan si has hecho algo... Justamente a la inversa de codo debería hacerse.

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