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Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 11 de julio de 2016 | Leída 339 veces

La importancia de la educación

Noticia clasificada en: Educación en España

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En el libro de Jerome Bruner cuyo título coincide con el de este artículo, desde su indiscutible autoridad en materia de los procesos de desarrollo humano y como científico de la educación, se dice lo siguiente:  “Lo más específico del ser humano  es el hecho de que su desarrollo como individuo depende de la historia de su especie, pero no de la historia que se refleja en los genes y los cromosomas, sino más bien de aquella que se refleja en una cultura que es exterior a su organismo y más amplia que lo que puede abarcar la competencia de un solo ser humano. Forzosamente, entonces, el desarrollo de la mente siempre es desarrollo asistido desde el exterior. Y como toda cultura, sobre todo las altamente desarrolladas, trasciende los límites de la competencia individual, los límites del desarrollo individual pueden superar, por definición, lo que cualquier persona pueda haber logrado hasta ese momento. Porque los límites del desarrollo dependen del modo en que una cultura contribuya a que el individuo utilice el potencial intelectual que posea”

 

El problema es qué pasa cuando esa cultura colectiva se degrada, cuando ese hilo conductor intergeneracional se rompe, o se produce una quiebra artificial con nuestro pasado común; o cuando por causa de que el sistema educativo pierda su papel insustituible de transmisión de esa cultura, ese legado se interrumpe y se pasa a una situación de salto en el vacío, una inmensa laguna de ignorancia cognitiva justificada por la falacia de que ese conocimiento estructural no es necesario. Aunque los epistemólogos nos den sobradas pruebas de  que sin un amueblamiento intelectual de partida es imposible ramificar el resto bagaje de conocimiento, sin el cual el desarrollo cognitivo queda en enaguas.

 

Recientemente ha saltado a la prensa el hecho sorprendente de que una OPE para cubrir plazas de profesores en el sistema educativo vasco ha dejado en el camino a gran parte de sus aspirantes por no llegar al mínimo exigido en Lengua y Matemáticas, quedando, incluso, plazas desiertas. ¿Qué ha sucedido en el sistema educativo no universitario, y por ende en el propio universitario para que se den tan bajos estándares de competencia en el conocimiento?

 

La respuesta nos la da un referencial artículo en El Correo del 8 de julio del profesor emérito de la UPV, doctor Manuel J. Tello, que nos da las claves con una claridad que es de agradecer. Para los que no hayan leído el artículo reseño los párrafos fundamentales:

 

“A principios de junio se celebraron las pruebas de acceso a la Universidad. Este año han sido noticia debido a que el examen de matemáticas generó una moderada protesta. Para entenderla se necesita una información previa. Por una orden (política) no escrita, el número de aprobados debe llegar, por lo menos, al 95%. Así ocurre año tras año. Para ello se requieren dos actuaciones. En la primera se orienta a los profesores de bachillerato sobre el contenido del examen para que los alumnos lo memoricen por repetición. Así, en el examen reproducen lo memorizado aunque muchos no lo entiendan. La otra actuación es la de los profesores que corrigen las pruebas. Su "manga ancha" debe permitir llegar a ese 95% de aprobados. En el caso que nos ocupa la protesta no se produjo por la dificultad del examen. Se debió a que, con antelación, no se había presentado a los profesores”

 

“Lo ocurrido es fruto del bajo nivel al que ha llegado el sistema educativo. En este punto es interesante preguntarnos, con algo más de detalle, sobre los conocimientos de este 95% de aprobados. Para responder se utilizará la figura que acompaña a este artículo. Reproduce, sin retoques, el examen de un alumno que está entre el primero y el segundo curso de una carrera científico-tecnológica (no se asusten, no hay que resolver el problema). El alumno debía calcular las aceleraciones de los tres bloques. Claramente no sabe resolver un problema elemental. Pero en la respuesta hay algo grave, gravísimo. Las dos últimas líneas demuestran que no sabe nada de matemáticas elementales. Absolutamente nada. El sistema educativo permite que lleguen a la universidad este tipo de alumnos que, al carecer de criterio, son peligrosos para ciertos trabajos, ya que pueden hacer, indistintamente, una cosa o la contraria. Por ejemplo, cerrar en vez de abrir el gotero de suero a un enfermo”

 

“La situación a la que se ha llegado, como ocurre con la justicia, es una consecuencia de la injerencia de los políticos. En los niveles no universitarios se han cargado el prestigio de la enseñanza pública. Suprimieron el sistema de selección de profesorado en base al conocimiento (recuerden lo que era un catedrático de instituto), prácticamente obligaron a los profesores a dar aprobados generales y les quitaron su autoridad, eliminaron del diccionario la palabra esfuerzo para los estudiantes… Con esta actuación, en este caso de la izquierda, han hecho felices a los padres con alto poder adquisitivo. En el pasado, los conocimientos adquiridos en la enseñanza secundaria estaban sujetos al control de pruebas parciales. Los que llegaban al final eran los que habían demostrado capacidad y esfuerzo. Aquellos que no cumplían estos requisitos no llegaban a la universidad aunque, utilizando un dicho popular, fueran "hijos de papá". Ahora, con el aprobado general, esos hijos de papá aprueban y, por la influencia de sus padres, les quitan los puestos de trabajo a los humildes que, siendo capaces, carecen de padrino para encontrar trabajo. ¡Justicia social! Es evidente que no es un problema para tratar en pocas líneas”

 

Tengo que hacer un verdadero esfuerzo de voluntad para no reproducir todo el artículo pues no tiene nada desperdiciable. Es un ejercicio brillante de análisis basado en la frustración de un profesor –y no es el único- que ve cómo se degrada hasta el infinito el sistema de conocimiento -que es la base para lograr lo que hoy llaman los pedantes, perdón los pedagogos, competencias-.

 

Con la feroz defensa de la igualdad por encima de la calidad en el sistema educativo por la izquierda se ha destruido la segunda sin lograr la primera. Pues como bien dice el Dr. Tello las capas humildes de la población son las más perjudicadas, ya que sus oportunidades para competir con los que tienen abiertas las puertas del acceso al trabajo por su posición privilegiada quedan anuladas por carecer  de los instrumentos para alcanzar la excelencia científica, técnica o del mero saber cultural más elemental, ingrediente inexcusable para poder aprender y adquirir la metacognición. Con lo cual, la izquierda con la inestimable ayuda interesada del nacionalismo es la responsable de la destrucción de la educación como fenómeno de perfeccionamiento del ser humano, vaciando de contenido, objeto y finalidad a la epistemología del hecho educacional.

 

¿Y por qué se ha degradado hasta lo inconcebible el sistema educativo?

 

En primer lugar porque se desprecia el conocimiento bajo la falacia de que éste se adquiere en Internet, como si navegar por la red de redes no llevaría como condición el saber qué se busca, el discriminar lo importante de lo secundario, y el contextualizar los contenidos sin banalizarlos. Así como llegar a las capas profundas del pensamiento superando la mera epidermis del saber en el mejor de los casos.

 

En segundo lugar porque se ha despreciado el esfuerzo, como mecanismo fundamental para la propia existencia humana, para lograr objetivos, para establecer un proyecto vital, para aprender mismo, pues para aprender se necesita un acto de voluntad y una intencionalidad, una demora de la recompensa y  por tanto de la satisfacción por el deber cumplido y por el simple hecho de adquirir un saber, y un propósito en el logro.

 

En tercer lugar porque se ha destruido la autoridad del profesor, autoridad que nace de su prestigio como persona sabia, ejemplar y admirable, trivializando el propio espacio educativo. Ya no se va a la escuela a aprender sino a ser aparcado para no dar problemas a la familia ni a la sociedad.

 

En cuarto lugar y como efecto de las anteriores, porque se ha destruido el concepto de disciplina, que siempre es impuesta para que la maduración lleve al acto voluntario de ejercerla con lo que se convierte en autodisciplina; y las aulas son un ámbito donde reina el ruido, la falta de la atención y, en consecuencia, la ausencia de aprendizaje profundo, bien establecido, eficiente.

 

Con estos ingredientes, ¿qué hemos de esperar? La incompetencia llega al propio foro universitario donde los alumnos llegan con una preparación pésima y desde cuyo templo sagrado del conocimiento que debiera ser se egresan titulados con una calidad científica y de preparación claramente cuestionables. Y si no, veamos el hecho de que ninguna de las muchísimas universidades españolas está en el ranking de las mejores del mundo.

 

No es verdad que la juventud actual sea la mejor preparada. Nos engañan. Y nos insultan a la inteligencia quienes precisamente preparan ese escenario para una división social en la que unos pocos adquieren la excelencia –los que tienen medios familiares para hacerlo en universidades extranjeras- y otros, los parias, se ven abocados al paro, a la insolvencia y a la frustración, el mejor caldo de cultivo para que aparezcan movimientos antisistema y podemitas.

 


 

 
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