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La Verdad Ofende
Jueves, 14 de julio de 2016 | Leída 316 veces

¿Sionismo o fascismo?

Noticia clasificada en: Israel

[Img #9309]En el vasto mundo de la palabra y la lengua, el español goza de un puesto preferente. Poseemos términos para cada cosa, algo que pocas lenguas hacen, y si el pensamiento se construye con palabras, a mayor vocabulario mayor pensamiento, exceptuando periféricos regionalismos provincianos - que no nacionalismo, jamás fueron nación sino como parte esencial de España - empeñados en prohibir lenguas, aislando a gentes de un mejor pensar. 

 

Algo así pasa con los “ismos”, ya saben, nazismo, totalitarismo, comunismo, hispanismo, europeísmo, africanismo, islamismo, etc... Todos implican una idea de ser o participar en una familia, grupo, región o congregación, y sus congregados una identidad especifica.

 

Sion es el monte donde los hebreos construyeron el templo de Salomón, y de Sion los expulsó Tito tras el levantamiento zelote (70 d.C.).  Tal era el cabreo del romano con los hebreos que les prohibió volver, vendiéndolos como esclavos por todo el Mediterráneo civilizado. A Israel le cambió el nombre; pasó a ser Philistea (filisteos), léase, Palestina.

 

El movimiento sionista es pues el ánimo judío de regreso a Sion, y podría compararse sin temor a errar con el sentimiento de hispanidad que reivindicaba aquel “Santiago y cierra España” de nuestros abuelos ante la ocupación del Islam, que se traduce por “sumisión” un concepto que gustó muy poco en la península.

 

No explicaré qué es el fascismo, escisión política del Nº 3 del Partido Socialista italiano, y de quien Lenin decía: “Si hay alguien que pueda hacer la revolución en Italia ese es... Mussolini”. En realidad, y salvo la idea de nación-estado (fascismo) o pueblo (proletarios-socialismo) pocas diferencias veo, ni me extenderé en explicarlo.

 

La ocupación de todo el Mediterráneo por el Islam tampoco necesita un relato, ni como son hoy las sociedades islámicas; monoteístas, absolutistas y teocráticas, donde solo se permite un credo, y quien practique otro, el dhimmi, ha de pagar por convivir, o marchar, o morir, y de permanecer, ocultar su religión en inferioridad de derechos.

 

Tras Yalta y el fin de la II Guerra mundial, aparece la ONU y desde ella la reordenación política occidental. El final del mandato palestino que ostentó el Reino Unido tras caer ese imperio otomano que desangró a España durante más de cuatro siglos, reveló tres realidades:

 

- Los judíos habían recomprado durante décadas a precio de oro, a través de la agencia judía, una gran parte de las tierras de sus ancestros, entonces despobladas y desérticas.

 

- Los nazis habían creado un problema de dimensiones catastróficas, millones de asesinatos y huida masiva de judíos.

 

- Los árabes, conscientes de la importante presencia hebrea en el mandato palestino, inician la persecución y asesinato de éstos a desde 1920.

 

El relato del conflicto con los árabes se inicia aquí y solo aquí. Pero desde 1920 a 2016, las diferencias son muy relevantes. Por de pronto, Israel es un estado libre y consolidado; cristianos, drusos, árabes, protestantes ateos, homosexuales, lesbianas, comunistas, o judíos ortodoxos son ciudadanos de pleno derecho, el parlamento de Israel lo preside un musulmán y un musulmán es presidente del Tribunal Supremo, quien condenó a prisión nada menos que a un ex presidente judío de Israel, por corrupción. A esto se llama democracia, señores.

 

Pero la segunda realidad, sin ser más relevante, es más importante. Los judíos (no hay más de 12 millones en todo el orbe), tras 2.000 años de historia de atropellos, persecuciones, asesinatos, robos y diásporas, están unidos, y han aprendido a defenderse, tanto mujeres como hombres. Son fuertes y están bien armados. Como en España, no son perfectos, son humanos y se equivocan, pero son una democracia y luchan por su derecho a existir y convivir en paz. 

 

Sorprende que todavía hoy, desde Europa los hebreos sean perseguidos y señalados por los únicos fascismos (recuerden, un modelo de socialismo) que aún perduran, y sorprende que desde la extrema izquierda se protagonicen campañas de señalamiento hebreo (#BDS) responsables de atentados como París (Bataclan). Promueven y defienden una ocupación árabe que en España resolvimos y hoy retorna, mientras Israel sigue rodeada y acosada por gentes musulmanas que practican la sumisión a la ‘sharia’ (Ley islámica) en sociedades totalitarias, y hoy también en Europa.

 

Un último dato. Mientras en Europa ya hay más de 100 millones de musulmanes -la mitad de elos confiesa anteponer la ‘sharia’ a nuestras leyes - en los últimos diez años, en Oriente Medio, más de un millón de cristianos han sido asesinados, en un genocidio silenciado por la opinión pública occidental y la ONU, del que algún día se tendrá que hablar.

 

Israel es hoy el único refugio en todo Oriente Medio que queda a los cristianos, aunque a nuestra comprometida izquierda cristianofóbica esta causa jamás le pueda preocupar. Se dedican a defender el toro y a promover el aborto.

 

Israel es la tierra prometida, un refugio occidental, la libertad individual, el monte de Sion, la casa de Jesús, el rabí. 

 

Shalom.

 


 

 
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