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David R.
Viernes, 22 de julio de 2016 | Leída 257 veces

Breves apuntes sobre la lucha contra el DAESH

[Img #9365]Al enfrentarnos a los miembros del DAESH y a sus acólitos partimos de la inevitable base de que tenemos enfrente a unos combatientes dispuestos a inmolarse con una finalidad concreta y con una metodología que permita, siempre, causar el mayor de los daños posibles a sus enemigos, que somos nosotros.

Además, sabemos que su determinación es real porque se constata cada pocas fechas. Las autoridades europeas están sumidas en una indecisión política ante las necesarias medidas a adoptar frente a una guerra que nos han declarado. Mientras tanto, la ciudadanía observa, pregunta o muere.

 

Es comprensible que estos problemas sucedan, porque ante un grupo como el DAESH una de las claves principales es la obtención de información, que en este caso es más difícil de conseguir que en el reciente escenario de la lucha contra la banda asesina ETA. En obtención de información estamos fallando.

 

La obtención de una información adecuada, veraz y oportuna permite su elaboración, y a su vez, ese análisis lleva a conclusiones no vinculantes, pero de alto valor informativo para la toma de decisiones tácticas y estratégicas; este proceso lo conocemos como ciclo de inteligencia, y en este caso es el que nos ha de permitir anticiparnos a las decisiones del enemigo, o aumentar nuestra capacidad preventiva. Es importante destacar que a más información se obtienen más elementos para la elaboración de la misma y más precisiones en las conclusiones, el ciclo de inteligencia debe ser alimentado con datos.

 

Para mejorar la obtención de información sobre este grupo es necesario un mejor acceso a las fuentes. En este caso, la información se ubica en los cerebros de las personas y en sus memorias artificiales, pero el enemigo sabe perfectamente que guardar la información en dispositivos informáticos implica riesgos sistemáticos, y transmitirla telemáticamente, además, incorpora riesgos de geoposicionamiento. Por lo tanto, para los terroristas, la mejor fórmula, sin duda, es memorizar los datos más importantes y si es necesario transmitirlos verbalmente, o utilizando códigos privados a la antigua usanza (binomiales).

 

Consecuentemente, la forma de acceder a esas vitales informaciones pasa por obtenerlas de las personas vivas que la poseen, en los interrogatorios cuando son detenidos, y en los eventuales interrogatorios a los presuntos sospechosos de colaboración con los terroristas.

 

Y por supuesto, la posibilidad de ampliar legalmente la capacidad de los servicios de inteligencia de intervenir todas las comunicaciones de los sospechosos, incluidos aquellos lugares físicos o virtuales que les proporcionan más seguridad.

 

En la arena política se habla con frecuencia de la reforma del Título VIII de la Constitución: “De la organización Territorial del Estado”, pero todavía nadie se atreve a plantear la reconsideración del Título I: “De los Derechos y Deberes fundamentales”.

 

En países vecinos, estas posibles reformas están en curso y están contenidas en programas políticos de partidos con capacidad de gobernar. Otros países como Israel ya lo legislaron hace tiempo, y es evidente que su capacidad defensiva es extraordinaria. Ciertamente, Israel es un país en guerra, pero nadie puede cuestionar su categoría  democrática, y el que piense que nosotros no estamos en guerra debería replanteárselo.

 

Sistemas de reclusión extrajudiciales como es la prisión de EE.UU. en la base militar de Guantánamo, no tienen ninguna utilidad. Pero la revisión jurídica del ya periclitado concepto de presunción de inocencia requiere de los formalismos oportunos para que los agentes de seguridad y de inteligencia puedan operar en un marco más garantista.

 

Cualquier militar sabe que desde hace muchos siglos, antes de la incunable obra "El Arte de la guerra", de Sun Tzu, el factor sorpresa en combate es un arma principal y fundamental; en este caso, ese factor está en poder del DAESH; nosotros actuamos en base a la simple ecuación acción/reacción, nos limitamos a reaccionar. 

 


 

 

 
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