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Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 1 de agosto de 2016 | Leída 161 veces

El bucle interminable

Noticia clasificada en: PSE-PSOE

Estamos de nuevo en el deshoje de la margarita. Tras la ronda de conversaciones entre el presidente en funciones y los partidos de la oposición no sabemos si va a ser posible un gobierno viable o no; si Rajoy va a formar una mayoría suficiente para poder hacer algo de provecho. 

 

Aparte de apoyos testimoniales de partidos irrelevantes en la política nacional, que no resuelven la encrucijada de lograr un gobierno sólido, todos los demás se van por los cerros de Úbeda; si bien, al menos, el partido Ciudadanos manifiesta una posición algo constructiva comprometiendo su abstención sin cerrar del todo las puertas a un apoyo de legislatura, con esa ambigüedad calculada que caracteriza a Rivera.

 

El más caótico, por mucho que quiera vestir el santo con argumentos de coherencia, parece ser, a mi entender, Pedro Sánchez, en ese vivir sin vivir en mí en el que ha instalado  a su partido. Dice que los electores le han votado para ejercer la oposición a las políticas de Rajoy, y no deja de ser cierto; pero sin definir cuál es la fórmula alternativa. Si se refiere a las políticas de austeridad, bueno sería que diga cómo se puede abrir el escenario de gasto sin alterar las condiciones de ajuste del déficit exigidas desde Bruselas, y que son imprescindibles para unas políticas presupuestarias viables a corto-medio plazo. Si se refiere a la lucha contra la corrupción, bueno sería que en coherencia se mirara al espejo pues su partido no es el más ejemplar precisamente. Si se refiere a las políticas territoriales, sería exigible que nos  aclare cómo se frena al independentismo y cómo se estructura un Estado federal con desigualdad entre las partes y desequilibrios insostenibles. Es decir, no se puede ir en contra sin fijar alternativas que es lo que caracteriza al Partido Socialista, del que no hemos oído ni una propuesta programática que se pueda definir como tal, y si la tienen la conservan en el refrigerador sin hacerla pública.

 

Por tanto, nos es admisible la política del tancredismo que es la de quedarse quieto a ver cómo le pilla el toro al contrario y así salvarse por el burladero. La política de responsabilidad de Estado exige mojarse, y resolver las situaciones de estancamiento para abordar situaciones como las que tenemos en un año perdido a efectos de marcar las pautas o líneas principales de estrategia para resolver los problemas que tenemos los ciudadanos.

 

Sánchez ya lo intentó y fracasó con más diputados y menos distancia con el partido más votado. Los ciudadanos han decidido por mayoría minoritaria que quieren estabilidad y continuidad. Si Sánchez quiere cambiar las políticas lo más coherente es que permita gobernar a Rajoy y que condicione las políticas con la acción constructiva. Pero bloquear la posibilidad de formar gobierno sin ofrecer una vía alternativa salvo la convocatoria de unas terceras elecciones no solamente es censurable sino que  le descalifica para dirigir un país y para gobernar su propia opción a la que deja  en territorio de nadie.

 

El líder del Partido Socialista emula a Largo Caballero pero  sin la definición ideológica del catastrófico dirigente socialista en la II República, que llevó a España a enfrentamiento y a una división irreversible entre españoles que nos abocó indefectiblemente a la guerra. Por el contrario, el alter ego de aquel, Julián Besteiro, representaba  el patriotismo, el rigor y la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, hasta el punto de su inmolación cuando el resto salvaba los trastos escapando de la hecatombe.

 

Este decía en momentos de consternación:

 

“Estamos derrotados por nuestras propias culpas (claro que hacer mías tales culpas es pura retórica). Estamos derrotados nacionalmente por habernos dejado arrastrar a la línea bolchevique, que es la aberración política más grande que han conocido quizá los siglos […] La reacción contra ese error de la República de dejarse arrastrar a la línea bolchevique, la representa genuinamente, sean los que quieran sus defectos, los nacionalistas que han batido en la gran cruzada  anticomitern. Pero la grande o pequeña cantidad de personas que hemos sufrido las consecuencias del contagio bolchevique de la República, no solamente tenemos un derecho que no es cosa de reclamar, sino que poseemos un caudal de experiencia, triste y trágica, si se quiere, pero por eso mismo muy valiosa. Y esa experiencia no se puede despreciar sin grave daño para la construcción de la España del porvenir”  

 

Lamentablemente no aprendemos nada de la historia y tendemos a repetirla cíclicamente, con el descrédito que vamos acumulando en la esfera internacional donde se nos mira como una comunidad desastrosa que tendemos a la autodestrucción. Y el Partido Socialista está preso de las fuerzas centrífugas y de la vuelta al filocomunismo, intentando tapar las vías de agua que lo desangran por una idea equivocada de la socialdemocracia en el siglo XXI. De ahí que una persona con pocos mimbres intelectuales y menos capacidad de sacrificio, lastrado por el zapaterismo, sea incapaz de mostrar un mínimo gesto de generosidad y de abnegación a favor de la mayoría social, que exige, irreversiblemente, pactos para formar un gobierno de salvación nacional. Es menester que los tres grandes partidos, excluyendo al comunista, alcancen un acuerdo programático de mínimos que nos saque de este estancamiento suicida.

 

Decía Indalecio Prieto en 1932:

 

“Yo no concibo la política como una carrera personal y, ni siquiera, como una profesión en la cual se haya de ir ocupando posiciones por el simple transcurso del tiempo y que se ejerza unas veces en el poder y unas veces en la oposición, pasando por los turnos de adversidad o prosperidad que los vaivenes de la política traen consigo. Yo no lo concibo así. La concibo como una ascensión cada vez más fuerte y difícil hacia el mando, hacia la dirección del país, hacia la imposición por la convicción ante la opinión pública de las ideas que a nosotros nos mueven y nos parecen mejores, siempre que la opinión las acepte, las apruebe y las sostenga. Y en esta ascensión […] lo que hay que hacer  es agotarse, rendir la máxima utilidad, y cuando el partido o uno mismo está agotado o esterilizado, lo mejor es marcharse a acabar la vida donde uno no estorbe, dejando que otros ocupen el puesto”.

 

Pues ni más ni menos. Si Sánchez es incapaz de hacer algo positivo para el país, y su única función es estorbar a quien tiene el encargo de formar gobierno por voluntad de una mayoría minoritaria de los ciudadanos, sin que se pueda constituir otra posibilidad alternativa, lo mejor que puede hacer por el bien de sus conciudadanos es dejar que otro, con más altura de miras o, simplemente, con más capacidad para ver su misión en la coyuntura, logre lo mejor para que sus compatriotas vean encaminada la resolución de sus problemas colectivos.

 


 

 
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1 Comentario
Ramiro
Fecha: Lunes, 1 de agosto de 2016 a las 21:37
La situación política española se asemeja a la película "El día de la marmota", o algo así (no soy cinéfilo experto).
La única duda que tengo es quien es la marmota, si Sánchez o Rajoy, pues la verdad es que ambos son muy similares. DOS INÚTILES CON PIERNAS.

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