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Pablo Mosquera
Domingo, 7 de agosto de 2016

Elecciones vascas

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Conviene hacer pedagogía. La única comunidad del Estado español, entre las autonómicas, con cuatro Gobiernos y cuatro Parlamentos es Euskadi. La única autonomía con las competencias derivadas del Bloque Constitucional (Constitución Española y Estatuto de Guernica) divididas en régimen Común y régimen Foral, es Euskadi, dónde la Ley de Territorios Históricos se añade al Estatuto de Autonomía para desarrollar la Disposición Adicional de la Constitución vigente, dónde se garantizan los Derechos Históricos de los Territorios Forales.

 

Por tanto, el Gobierno Vasco que sale como ejecutivo del resultado electoral para el Parlamento Vasco, sólo gestiona parte de las competencias que el Estado español asignó a la Comunidad Autónoma del País Vasco. Sirva como principal ejemplo que la pieza nuclear de la autonomía vasca, el Concierto Económico, que permite disponer de Haciendas Forales a Euskadi, estas son privativas de los territorios forales -que no históricos- a través de las disposiciones que legislan las Juntas Generales y ejecutan las Diputaciones Forales, quienes a su vez, "discuten" con el Gobierno Vasco el reparto de los ingresos fiscales (Ley de las Aportaciones).

 

Otra anécdota que me tocó vivir. La competencia de Cultura es de los territorios forales. Cuando el Gobierno Vasco crea el Museo Guggenheim pretende que sea el Museo Nacional Vasco, a imagen del Museo Nacional de Cataluña, sito en la montaña de Montjuit de Barcelona. Pero, los patricios con despacho en Lakua se encuentran con la negativa de las Diputaciones Forales, especialmente la alavesa, que no están dispuestas a sufrir rapiña de fondos patrimoniales. Al final, el ejecutivo vasco inaugura el Museo, con la contradicción de que está muy claro su continente, auténtica belleza en titanio, pero se ignora cuál será su contenido...  

 

Ahora vuelven a convocarse elecciones al Parlamento Vasco. Es verdad que el ambiente nada tiene que ver, por suerte, trabajo y sacrificio, con aquellas convocatorias dónde la violencia era el centro del debate y de la oferta al ciudadano. Hoy, Euskadi, ya no está en las páginas de los sucesos. Me alegro infinito. No puedo por menos que esbozar una sonrisa de complicidad compartida con: Ramón Jáuregui, José Antonio Ardanza, Carlos Garaicoechea, Mayor Oreja, Madrazo. En aquella cita de 1994 Unidad Alavesa (UA) ganó las elecciones en Vitoria y obtuvo cinco parlamentarios.   

 

Las campañas electorales de 1990 eran artesanales. Pintadas en las paredes. Panfletos por doquiera. Sólo dos televisiones: TVE y ETB. Nosotros, los de UA, pusimos la nota creativa. Aquellos comics dónde un dibujo histriónico acompañaba a una frase como "Álava no puede ser el botijo de Euskadi". El éxito fue rotundo. Nuestros coches pusieron Álava plena de la música popular de Alfredo Donnay. Y es que la publicidad, me enseñaron, tiene que llamar la atención, promover conexión entre mensaje y potencial cliente, quedarse en la mente del que recibe la cuña publicitaria, a modo de estribillo crónico. Por cierto, el autor de los comic era yo. Creaba el mensaje y le explicaba al dibujante como debía ser la viñeta. Vinieron de la Universidad de Barcelona a buscar información sobre aquella manera sencilla pero eficaz de conectar con la gente.

 

Conozco a la mayoría de los protagonistas de la campaña 2016. Supongo que Alfonso Alonso no estará demasiado contento con el papel que le ha tocado jugar; seguro que hubiera apostado por seguir en el Gobierno y dejarle a Maroto el papel de cabeza de una lista con malas perspectivas.

 

Urkullu era un modesto parlamentario del grupo PNV cuando yo fui parlamentario por UA durante cinco legislaturas. De aquellas batallas, el incombustible sigue siendo Eguibar. Los demás somos historia de un parlamento que vivió momentos tan terribles como los asesinatos de Ordoñez y Buesa, o el incidente de la cal viva en el escaño de Ramón Jáuregui.

 

Otro momento clave lo sitúo en la crisis que fracturó el monolito nacionalista. La bronca entre Garaico y Arzalluz produjo tres hechos muy importantes: el nacimiento de EA. La presencia de un caballero como Ardanza. La puesta en marcha del gran pacto para la normalización y pacificación de Euskadi. También recuerdo a Josu Ternera en su escaño, al lado de Otegui, mostrando una complicidad que algún día se sabrá si fue la clave de la desaparición de ETA. Lo que más de uno se habrá preguntado es: ¿cómo es posible que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad hayan ido capturando a todos los "generales" menos a Josu Ternera?. ¿No será que hace mejor labor en donde está, desde que abandonó el Parlamento vasco?

 

Será muy curioso comprobar la pugna electoral entre Podemos y Bildu. Será muy curioso comprobar los apoyos que busca el PNV para seguir siendo el eje de las decisiones que administran el poder que confiere el Estatuto de Autonomía. Me atrevo a señalar que si Otegui es candidato, será como Gerry Adams.

 

Todos tuvimos un papel en la historia de Euskadi. Desde las víctimas, a las que nunca devolveremos vida y dignidad, hasta los partidos políticos y la Iglesia dirigida por Blázquez, pasando por la colaboración de la comunidad internacional a raíz de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York. Y por encima de todo, el sacrifico y profesionalidad de la Guardia Civil, a los que sin duda siempre estaré agradecido. Les debo la vida.

 

De las personas de mi entorno que me vienen a la mirada, precisamente por la convocatoria electoral, me quedo con tres caballeros a los que profeso un especial  afecto desde mi mundo alejado de Euskadi. Benigno Cortazar Larrea. Un vasco inmensamente bueno, con un sentido de la lealtad como no he vuelto a encontrar en mi vida. José Luís Añua Ajuria. Un alavés bueno, generoso y capaz de todos los sacrificios por sus creencias. "Álava es nuestra madre". Germán Dueñas, un paisano que mostraba como nadie el espíritu de Unidad Alavesa. Partido reformista, foralista y progresista, que puso en las listas electorales a gentes salidas del pueblo, sin militancia política anterior, llenas de ganas y capaces para devolver a los ciudadanos anónimos, su dignidad democrática.

 

La política es una actividad entre la emoción y el desencanto. Desgraciadamente, vivimos en la segunda etapa. Me recuerda lo que un día en Atapuerca nos contaba el gallego Don Emiliano Aguirre. La sima que descubrió el gran paleontólogo de Ferrol muestra cómo el planeta Tierra se debate históricamente entre periodos glaciales e interglaciares. En la política estamos en plena glaciación.

 


    

 
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