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Enrique Arias Vega
Lunes, 22 de agosto de 2016 | Leída 261 veces

Por qué aquí no hay extrema derecha

Pese a nuestra tradición histórica de extremismo, la política española, afortunadamente, goza hoy día de una pacífica estabilidad.

 

No siempre ha sido así, claro. Un conocido mío norteamericano, ignorante de nuestra historia y de todo lo demás, me preguntó un día si Francia y España habían sido aliados durante la Segunda Guerra Mundial. “Nosotros no participamos en la contienda, porque lo que de verdad nos gusta es matarnos entre los propios españoles”, le dije, recordando la Guerra Civil, las Guerras Carlistas y tantos otros trágicos episodios de nuestro pasado todavía reciente. “La verdad es que nuestra última guerra exterior fue precisamente contra ustedes —le espeté a mi estupefacto interlocutor—, pero no se preocupe, porque fueron ustedes quienes nos dieron para el pelo”.

 

Ahora, insisto, las cosas son de otra manera. Es más: frente a las críticas que puedan hacerse a todos nuestros diputados y a su imposibilidad en ponerse de acuerdo para formar Gobierno, las Cortes españolas son un ejemplo de sosegado civismo en comparación con otros Parlamentos de regímenes también considerados democráticos.

 

Aquí, por otra parte, desde la Transición política, hace ya cuarenta años, no existe ningún partido de extrema derecha propiamente dicha, a diferencia de Francia, Alemania, Austria, Holanda, Grecia y otros países cercanos. ¿Por qué esa ausencia?

 

Sorprendentemente, carecemos de análisis políticos en profundidad de ese fenómeno ya que, incluso, minúsculos grupos conservadores intransigentes, como VOX, no pueden incluirse en esa catalogación y además no tienen ninguna relevancia.

 

A falta, pues, de los pertinentes estudios que lo esclarezcan, cabe pensar que nos hemos instalado en una moderación que ya quisieran para sí los estadounidenses ahora bajo la amenaza de Donald Trump. Ése sería aquí un probable mérito del Partido Popular que, aparte de sus errores y corruptelas, ha domeñado a lo más ultramontano de su clientela y la ha sometido al imperio de la ley y de las urnas.

 

Esa hipótesis y la ausencia de otras violencias mayores que, en cambio, amenazan desde Gran Bretaña hasta Turquía, deberían ofrecernos algún motivo de orgullo y esperanza en medio de nuestra actual y repetida frustración política.

 


 

 
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4 Comentarios
Juan
Fecha: Jueves, 1 de septiembre de 2016 a las 13:00
En 1933 (en pleno auge de los partidos de ultraderecha en Europa), Falange española obtuvo únicamente 2 diputados.
Lector
Fecha: Lunes, 29 de agosto de 2016 a las 20:29
Totalmente de acuerdo con Xuan. Aquí no existe ultraderecha porque todos están en Podemos, en los independentistas, en los nacionalistas y en los etarras.
Xuan
Fecha: Lunes, 29 de agosto de 2016 a las 20:10
Curioso, hablas de la malisima y horrorosa exma dcha como si en España no hubiera nada tan peligroso o más. Separatistas y extrema izquda radical suponen un reto igual o mayor en España de lo que pueda representar la exma dcha en muchos paises de Europa y sin embargo se te olvida mencionarlo como si el sistema político español fuera maravilloso solo por no contar con Trumps, Lepens o Putins. Se te ve el plumero pajarraco
Carlos
Fecha: Lunes, 22 de agosto de 2016 a las 16:58
El PP agrupa a todos: derecha, extrema derecha, tontos útiles, etc.
Es un totum revolutum untado por la mierda de la corrupción, que les salpica a todos.
Hay demasiados grupos a la deecha del PP, y el sistema electoral perjudica notablemente su existencia. FUERZA NUEVA, por ejemplo, obtenía más de 100.000 votos en toda España, y un sólo diputado nacional.
En cambio el PNV con un número similar de votos, pero concentrados en las 3 provincias vascas, tenía hasta CINCO DIPUTADOS, y por lo tanto GRUPO PARLAMENTARIO PROPIO, lo que suponía voz en el Congreso, una gran entrada de dinero, locales, la posibilidad de liberar a personas como asesores, personal administrativo, etc.
En otras palabras: EL SISTEMA ES UNA M...

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