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Ernesto Ladrón de Guevara
Martes, 23 de agosto de 2016 | Leída 169 veces

El síndrome Otegui

[Img #9472]Al igual que hay marcadores biológicos para detectar el cáncer de manera prematura, y que hay marcadores medioambientales para anticipar desastres ecológicos, o que existen indicadores que anticipan problemas de personalidad o psicopáticos, los hay que detectan claramente una enfermedad social o un problema sistémico en el ámbito político, es decir una quiebra grave en el funcionamiento de un marco de convivencia que impide la misma coexistencia como tal.

 

Es ni más ni menos lo que observamos con la polémica sobre si Otegui puede o no ser candidato a Lehendakari.  Cualquiera que tenga un poco de coherencia  debe concluir, salvo  grave afectación de tipo cognitivo,  que un delincuente convicto, en pleno periodo de cumplimiento de penas, no puede ser candidato a presidente de su comunidad, salvo que entremos en un proceso de locura colectiva. Cualquier persona con un mínimo de honestidad intelectual, cuando no moral, debe colegir que alguien que tenga sobre sus espaldas una pena que purgar hasta el año 2021, con inhabilitación efectiva para cargos electivos de carácter representativo público, no puede ser candidato, por simple coherencia jurídica.

 

Y puede que haya versiones contradictorias de la sentencia penal. Puede que haya interpretaciones más laxas que abran la posibilidad de concurrencia electoral; lo que no cabe es la permisibilidad con el hecho de que una persona que ha abogado por la socialización del sufrimiento, por la coacción, la persecución del diferente o el terrorismo de forma activa o en grado de inducción al mismo, cuando no por la subversión activa contra el Estado de Derecho por medio de organización creada al efecto, pueda ser candidato. Es como si una asamblea de accionistas de un banco eligiera a un convicto por robo o atraco a mano armada como presidente de una entidad financiera, aunque el ejemplo pueda ser polisémico, pues cosas así, si no tan sangrantes, han  ocurrido en sus diferentes vertientes, y por ello la degradación del sistema de valores colectivo ha llegado a tan alto grado de insensibilización respecto a la decadencia en todos los órdenes, en el plano moral e incluso en el intelectual. El grado de tolerancia ante situaciones de esta naturaleza lleva a circunstancias que hace pocas décadas hubieran sido impensables y objeto de censura colectiva.

 

Si somos capaces de admitir una quiebra de tal naturaleza en la moral heterónoma de esta sociedad, en estado de decadencia en todos los órdenes, eso quiere decir que podemos llegar a cualquier cosa y que nuestra laxitud ha alcanzado tal grado de agnosia que metabolizamos la mayor de las barbaridades como si fuera normal o admisible; y que todo puede ocurrir sin que haya la más mínima expresión de malestar. Si ya no es posible someter los actos a un juicio ético, como si la moral fuera algo que afecte a lo privado y no hubiera unas normas colectivas de comportamiento que permitan una mínima coexistencia entre personas desiguales, es decir, que los esquemas de funcionamiento de la democracia se conviertan en un juego de conveniencias donde todo es posible, el sistema está en franca quiebra y no existe en su fórmula efectiva.

 

Recordemos, pues la memoria colectiva es frágil: hasta hace  inco años actuaba una banda asesina llamada ETA, cuyo soporte social, cultural y político adquiría diferentes formas y camuflajes para escapar de la acción de la justicia. La organización madre con sus diferentes variantes fue Herri Batasuna, organización criminal bajo el mando de ETA, cuyas expresiones culturales, sindicales  y asociativas eran múltiples, siempre con el signo del independentismo violento y la subversión del orden constitucional. Recordemos que esa hidra de muchos brazos cuya cabeza era una organización terrorista, sometía al terror a la mayoría de la población e impedía la expresión plural en todos los ámbitos del funcionamiento de la sociedad vasca, secuestrando las libertades e impidiendo el pluralismo político. Y recordemos que Otegui fue condenado como dirigente de ese entramado,  por sentencia judicial, como  promotor y encubridor de  organización criminal, y que una de las consecuencias de esa pena fue, y es, la inhabilitación para el sufragio pasivo, es decir para ser elegido en unas elecciones cuya finalidad sea la representación política.

 

Pero, aún en el caso más benigno de que pudiera concurrir, es una grave afrenta a las víctimas del terrorismo, pues entre otras cuestiones, sería un olvido premeditado del sufrimiento causado por la banda terrorista y su entramado político y social. No en vano los nacionalistas y las organizaciones legalizadas derivadas de ETA se están empeñando en diluir años de terrorismo, de persecución, de ostracismo social, de plomo, fuego y sangre, de exiliados contra su voluntad, mezclando el terrorismo con otras expresiones violentas que en nada tienen parangón ni comparación posible. Y no debemos dar la espalda al hecho de que Otegui no se ha arrepentido de ello, sino bien al contrario se vanagloria de haberlo realizado y hace apología de los fines que eran la excusa exhibida por de la Banda armada.

 

Es decir, se ha preparado el caldo de cultivo para la permisibilidad y la comprensión del esperpento, de la atrofia moral, de la excrecencia intelectual, de la falta de escrúpulo, de la degradación en todos los órdenes que nos lleva indefectiblemente al abismo en los comportamientos sociales.

 

Pero esto no es nuevo. Y eso tiene consecuencias letales.

 


 

 
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1 Comentario
ramiro
Fecha: Martes, 23 de agosto de 2016 a las 20:57
No me extrañaría nada que el tribunal constitucional (algunos dicen que prostitucional), en una de esas raras piruetas a que nos tiene acostumbrado, y que tanto le han deslegitimado (y no digo prestigiado, pues para perder prestigio hay que tenerlo previamente)(, ACABARA AUTORIZANDO SU PRESENTACIÓN COMO TERRORISTA-CANDIDATO.
Seria una nueva patada en salva sea la parte de los españoles que les pagamos el sueldo, pero no sería la primera: recuérdese cuándo legalizaron a BILDU, sus candidatos, etc.

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