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Juan López Benito
Domingo, 28 de agosto de 2016
Agentes 007

Antepasados del CNI

Noticia clasificada en: Historia servicios secretos

[Img #9511]En este escrito procederé a citar la extraordinaria labor de una serie de compatriotas en el sugerente campo del espionaje. Lamentablemente, estas figuras han adolecido a pesar del riesgo y del compromiso asumido en el ejercicio de su cometido, de un mínimo de reconocimiento en nuestro país. Acaso sirva este artículo para inspirar u orientar a nuestros “escrupulosos” dirigentes, en esa labor tan “copiosa” que están efectuando últimamente rebautizando el callejero de las ciudades españolas.

 

En primer lugar, aludo a la intrépida tarea del personal diplomático y consular establecido en Canadá durante la guerra hispano americana de 1898, personalizados en el Teniente de Navío Ramón de Carranza y en el Secretario de la Embajada española en Washington y jefe del dispositivo: Juan Dubosc.

 

Reseñando la extrema dificultad que representaba cualquier tipo de comunicación entre la península y los territorios ultramarinos tras la destrucción yanqui de los cables telegráficos submarinos en el área caribeña, la red de inteligencia española funcionó durante el conflicto a la perfección, informando al Gobierno de gran parte de los planes estadounidenses, especialmente con la revelación de la operación que se estaba forjando para emboscar la escuadra de Cervera en Santiago.

 

Como colofón a la magnífica actuación de estos osados y eficientes hombres, habría que resaltar que la delegación norteamericana comisionada en París con objeto de negociar la paz, nunca sospechó que una de sus secretarias, Sara Atkinsons, realmente era un agente español.  Penosamente y como en multitud de pasajes de nuestra historia contemporánea, los dirigentes políticos de entonces, no estuvieron a la altura de sus subordinados.

 

Por otra parte, la dinámica y audaz actividad del barcelonés Domingo Badía en Marruecos merecería igualmente infinidad de honores y laureles. El español, conjuntamente con el primer ministro Godoy, ideó un plan que tendría como objetivo prioritario impulsar un cambio en la política exterior del sultán, o al menos favorecer las acciones de los opositores contra el soberano marroquí. La inestabilidad política y social que se concebía provocar, favorecería el asalto y ulterior toma del reino marroquí por tropas españolas. A juicio de Domingo Badía, acabar con este régimen aunque fuese mediante traiciones y engaños, además de las consiguientes ventajas comerciales y geoestratégicas, conllevaría aparejado un filantrópico propósito civilizador.

 

Badía se empapó durante una larga temporada de amplios conocimientos científicos y culturales en París y Londres. Estudió árabe con profusión y además se circuncidó. Interpretaría en Marruecos el papel de un miembro de una rica familia siria, que emprendía el regreso a su patria tras una larga estancia formativa en Europa. 

 

Una vez establecido en el país y gracias a su notable competencia, realizó interesantes observaciones geográficas y militares. Supo seducir a través de regalos y de su erudición a la Corte alauí y a un sinfín de notables del Reino. Al cabo de un puñado de años y como consecuencia de la colosal labor de Badía, Godoy se apresuró a iniciar los preparativos para una invasión, evocando los tiempos gloriosos de la España de los Reyes Católicos. Sin embargo, cuando la decisión estaba ya tomada, Carlos IV, supuestamente contrariado por los manejos de Domingo Badía con el Sultán, y pesaroso con la idea de la traición, canceló el proyecto de invasión.

 

El catalán enormemente desconcertado huyó apresuradamente, pues era cuestión de tiempo que su traición fuese descubierta en la Corte. Como consecuencia de la hégira, efectuó en los siguientes años un increíble periplo por el Norte de África y el Mediterráneo Oriental que le llevó a visitar entre otros emblemáticos lugares La Meca, convirtiéndose en el primer europeo en ofrecer a Occidente una información pormenorizada de esta ciudad, enclave vedado históricamente para los infieles. Años después y exiliado en Francia, se editarían con gran éxito sus insólitas aventuras.

 


 

 
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