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Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 29 de agosto de 2016 | Leída 200 veces

Acuerdo PP-Ciudadanos: Completo y positivo

Noticia clasificada en: Acuerdo de Gobierno Ciudadanos (C's) PP

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Acabo de leer el Acuerdo PP-Ciudadanos, y creo que es completo y positivo para España. Ataja los principales problemas: mecanismos para la corrección del déficit presupuestario y para revertir el crecimiento constante de la deuda pública; corresponsabilidad fiscal; compensación a los salarios de pobreza y a las PYMES que no llegan a final de mes; pacto educativo; unidad de mercado; corrección de las irresponsabilidades autonómicas que son fuente de desequilibrio territorial y hacen inviables los saldos de las cuentas públicas; cumplimiento de los requisitos europeos para estar de manera corresponsable en Europa, etc.  Es decir, hace compatible la imprescindible austeridad con las medidas sociales que atajan la pobreza.

 

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Todo me parece sensato y lógico. Quienes critiquen el acuerdo deben explicar en qué discrepan, por qué y cómo podemos hacer políticas responsables alejadas de proclamas fáciles y populistas, posibilitando el  futuro del sistema financiero y fiscal, de las pensiones y del Estado de bienestar. Para pagarlo, todo ello debe arrancar de las posibilidades presupuestarias, sin arruinar con más impuestos a los pequeños y medianos empresarios y a los trabajadores. Lo acordado en torno a la lucha contra la corrupción, contra la evasión fiscal, etc., también me parece sensato y equilibrado. Así como la imprescindible separación de poderes y la independencia del poder judicial.

 

En definitiva, creo que es un buen y completo acuerdo, aunque todo es mejorable. Y esta es la forma constructiva y positiva de salir de este bloqueo y parálisis en la que se encuentra España, que urgentemente necesita un Gobierno para evitar las multas que justamente nos puede aplicar Europa por no cumplir los mínimos requerimientos; y porque sin Gobierno ni hay presupuestos, ni hay políticas activas ni se resuelven los problemas esenciales.

 

Podríamos poner muchos ejemplos, pero voy a mencionar uno que pueda servir como referencia. Hace un año que están paralizadas las obras públicas, las de obra civil. Las carreteras se están deteriorando y los grandes proyectos de interconexión que aún quedan por realizar están parados. Esto, aparte de generar un deterioro del sistema de transportes, está llevando a la quiebra a pequeñas empresas del sector. Conozco una de Navarra que ha tenido que cerrar, pero me consta las dificultades de otras para mantener su actividad y pagar los salarios de los trabajadores que dependen de ellas. Solamente es un ejemplo.

 

Empezamos a oír las críticas de los partidos que no suscriben el pacto. Como siempre son proclamas demagógicas para confundir al personal, que no entran en el meollo del acuerdo. Pero aun interpretando que puedan ser razonables, no es positivo ni constructivo atacar a quienes han hecho el esfuerzo de aproximación para alcanzar la  formación de un gobierno, de la única manera democrática y ética, es decir, en torno al partido que ha ganado las elecciones. Hacerlo de otra manera, es decir, esperando de forma ladina a que fracase el candidato más votado para formar una coalición con los múltiples partidos que forman el espectro de las izquierdas radicales y nacionalistas separatistas y con un partido socialista que ha abandonado su papel moderador y socialdemócrata, es simplemente indecente, aunque sea legal; y, además, nos sume a los españoles en la incertidumbre, la provisionalidad y la ingobernabilidad, dejándonos al pie de los caballos cuando desde Bruselas se nos llame al orden.

 

Yo no sé a dónde va Sánchez, y la verdad es que me interesa poco porque me aburre, pero de lo que estoy seguro es que lleva a su partido a la irrelevancia y a la progresiva caída de votos; hasta  un bache electoral inimaginable hace nada más que una década. Va a tener ese lamentable baldón en la historia del socialismo democrático, y todo por una ambición que subordina el interés general al particular.

 

Comprendo que la situación del Partido Socialista es muy incómoda, pero de todas las opciones ha elegido la peor: Sánchez ha llevado a su partido al peor resultado de la democracia constitucional del 78. Se presentó candidato y no consiguió sacar adelante su opción de investidura.

 

El Partido Socialista podría haberse postulado como puntal de la gobernabilidad de España, absteniéndose, para posibilitar la formación de Gobierno, y ejerciendo su papel de control; modulando desde la oposición las decisiones gubernamentales, incluso promoviendo una moción de censura cuando llegara el caso, motivándola con argumentos sólidos. Con ello se hubiera presentado ante la sociedad como un pilar del actual sistema democrático.

 

Poniéndose del lado del populismo y del nacionalismo antidemocrático se sitúa más cerca del espacio extraparlamentario que del entramado que sostiene el actual régimen.

 

Si quiere cambiar el sistema debe decirlo públicamente. El dinamitar las posibilidades de funcionamiento del actual régimen constitucional sin exponer su posición o alternativa, es, simplemente, destructivo; y la sociedad le hará pagar una factura muy alta por ello.

 

La otra posibilidad sería postularse como candidato alternativo, pero ello le obliga  a pactar con quienes le disputan el espacio de las izquierdas, con el riesgo evidente de ser fagocitado; y, además, se sitúa en el espacio de la demagogia y de la irresponsabilidad. El ejemplo más evidente de ello es la posición que ha mantenido el  Partido Socialista en el caso Otegui, defendiendo que pueda presentarse aun teniendo una inhabilitación para el sufragio pasivo; y, también, su posición de legitimación de las políticas nacionalistas que crecientemente van ocupando espacios de destrucción del Estado de derecho y de la integridad territorial de España.

 

En definitiva, la encrucijada en la que se haya el Partido Socialista tendrá para ese partido efectos letales para su continuidad como pilar del Estado, y eso no solamente es especialmente lesivo para esa opción, sino para todos los españoles; pues el sistema democrático necesita de una izquierda sólida, constructiva y constitucional. Si abandona ese espacio y no se cae el sistema antes, ese lugar político lo ocuparán otros. De eso no cabe duda.

 

Pero aún está a tiempo. Las sesiones de investidura las tenemos en ciernes.

 

 

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