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Juan López Benito
Domingo, 4 de septiembre de 2016 | Leída 133 veces

Sobre la desnacionalización en España

[Img #9566]“Los vascongados a los demás españoles: Españoles somos hermanos, un mismo espíritu nos anima a todos (...) Aragoneses, valencianos, andaluces, gallegos, leoneses, castellanos (…) Olvidad por un momento estos mismos nombres de eterna armonía y no os llaméis sino españoles (…) Recibid, como prueba incontrastable del espíritu que nos anima los holocaustos que ofrecen a la libertad española los Eguías, Los Mendizábal, los Echevarrías y otros infinitos vascongados (…)

 

Estas palabras constituyen un fragmento del famoso “Manifiesto de la Junta de Gobierno de Vizcaya”  de 1808. ¿No piensan que textos como éste, llenos de concordia y fraternidad, deberían “esculpirse” en la conciencia de nuestros dirigentes? Sin embargo atesoramos otra realidad, una funesta coyuntura que ya fue descrita con amargura e impotencia por los ilustrados siglos atrás:

 

“Parece que España es un cuerpo compuesto de muchos cuerpos pequeños, destacados y opuestos entre sí, que mutuamente se oprimen, se desprecian y hacen una continua guerra civil. Cada provincia forma un cuerpo aparte, que sólo se interesa por su propia conservación, aunque con perjuicio y depresión de los demás (…) España conforma en definitiva, una república monstruosa formada de muchas pequeñas, cuyo interés particular de cada una, está en contradicción con el general”. Pablo de Olavide
 

“El manchego insulta al gallego, el vizcaíno al navarro, éste al aragonés, el portugués al castellano, reduciendo todos el amor de la Patria a su provincia, como si los demás no fuesen lo mismo por el clima, la religión y casi el gobierno”. Conde de Campomanes

 

“Una carrera del Pirineo al Estrecho de Gibraltar es un viaje por 20 naciones”. Nicomedes Pastor Díaz
 

Prosiguiendo en esta línea de rescatar textos que expresan este estado de cosas y avanzando unas cuantas décadas, resulta muy revelador un artículo extraído del antiguo diario “El País”, el rotativo republicano fundado en 1887 como órgano del Partido Progresista de Ruiz Zorrilla. Alude a la indiferencia, apatía e incluso me atrevería a decir desprecio, con el que fueron acogidos en España “los héroes de Baler”, tras su titánico sacrificio en tierras filipinas. Dice así:

 

“El País saluda a los héroes de Baler que se han embarcado para España, y les dice:

 

Fuisteis bravos, tenaces, épicos y sublimes. Grecia habría colocado, en esas costas del Pacífico, rumorosas y centelleantes conchas y caracolas, pedrerías de los mares tropicales y un león de piedra erguido y formidable, mirando a los Estados Unidos, como el león de las Termópilas miraba a Persia.

 

Roma habría Transportado de Egipto un monolito, y en él habría hecho inscribir en magnífico latín, digno de Tácito, vuestro elogio consagrado a la inmortalidad. Inglaterra, habría puesto vuestros nombres a cien calles de sus ciudades y veinte estatuas recordarían en Londres, vuestro heroísmo.

 

Francia, os prepararía un recibimiento babilónico cubriendo de flores las calles, abrazándoos delirantes de entusiasmo los hombres, enviándoos besos las mujeres, cantando vuestras glorias muchedumbres electrizadas.

 

España… España enviará al muelle de Barcelona el brillante cuerpo de Guardias de Consumos, por si traen los héroes de Baler algún género de contrabando ¡Claro que lo traen! ¡Porque el corazón de esos valerosos resulta ya contrabando en esta tierra!”

 

El texto es extraordinariamente paradigmático de lo que tradicionalmente se viene irradiando desde las instancias políticas: Insensibilidad, apatía y aplastante carga fiscal para los sufridos españoles ¿Les suena? Pocas cosas se han modificado desde entonces.

 

Ciertamente, la funesta realidad territorial española es producto del fracaso de la formación de un verdadero Estado- Nación integrador y moderno a lo largo del XIX. Esta circunstancia tuvo su reflejo en la ínfima difusión de escuelas públicas, el escaso desarrollo de infraestructuras vertebradoras del país, un discriminatorio y clasista sistema de reclutamiento militar, una política exterior de recogimiento y por último la desidia en la fijación y consolidación por parte del Estado, de una simbología y ritual nacionales.

 

Y lo más descorazonador es que nuestros políticos parecen estar dispuestos a profundizar aún más en este estado de desguace: Territorios con privilegios y competencias exclusivas, inmersión lingüística, “federalismo asimétrico”…

 

¿Saben que les digo? Que subrayo fervientemente lo que afirmaba el poeta griego Simónides. “No hay felicidad completa si la patria no es gloriosa”.

 


 

 
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