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Jacobo de Andrés
Lunes, 5 de septiembre de 2016
Moldavia se ha convertido en uno de los puntos neurálgicos, a nivel mundial, del tráfico ilegal de material nuclear

Contrabandistas rusos ofrecen material nuclear a los terroristas del Estado Islámico

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Reuniones secretas en clubes de alto nivel de Chisinau, intercambios de planos de explosivos capaces de dispersar elementos radioactivos, policías novatos con los nervios destrozados que necesitaban tomar varios chupitos de tequila antes de reunirse con los contrabandistas, oscuros informantes y un agente de las fuerzas de seguridad de Moldavia que, luciendo un auto Mercedes Benz proporcionado por el FBI, consigue hacerse pasar por un gánster con contactos internacionales y que es capaz de introducirse y de “hacer negocios” con varias bandas criminales…

 

Sucesos como estos, dignos de las más elaboradas novelas de espías, ocurren demasiado habitualmente en Moldavia, una de las naciones más pobres, abandonadas y olvidadas de Europa, antiguo territorio de la desaparecida Unión Soviética, que se ha convertido en los últimos cinco años en uno de los puntos neurálgicos mundiales para el tráfico de materiales nucleares con fines terroristas.

 

Según una larga investigación de la Agencia Associated Press (AP) a la que ha tenido acceso La Tribuna del País Vasco, entre 2011 y 2016, las autoridades moldavas, que trabajan apenas sin recursos materiales y que no cuentan con personal especializado, han impedido, con la ayuda del FBI estadounidense, cuatro intentos de que diferentes grupos delictivos presuntamente vinculados con la mafia Rusia y con lazos con la antigua KGB vendieran elementos radioactivos a grupos terroristas islamistas de Oriente Medio.

 

En 2010, casi dos kilogramos de uranio fueron retenidos en la capital moldava, Chisinau, cuando tres personas trataban de venderlos por 10 millones de euros. Ese mismo año, otros seis hombres fueron encarcelados tras intentar vender un kilogramo de uranio por 35 millones de euros.

 

En 2011, otras seis personas fueron puestas disposición judicial por intentar vender un kilogramo de uranio enriquecido para uso militar por casi 36 millones de acceso. También tenían acceso a plutonio.

 

En 2014, varios contrabandistas intentaron vender cerca de 200 gramos de uranio-235 a varios agentes encubiertos por 1,6 millones de euros.

 

El caso más conocido sucedió en febrero de 2016, cuando un contrabandista ruso, llamado Valentin Grossu, ofreció a varios intermediarios, que en realidad eran agentes moldavos encubiertos, un enorme alijo de mortífero cesio radiactivo -una cantidad suficiente para contaminar varias manzanas de una ciudad-,  con el fin de que contactaran con un comprador “autorizado” del autodenominado Estados Islámico (EI). Antes de ser detenido, el pasador explicó a los policías encubiertos, con todo lujo de detalles, que le habían informado del interés del EI por adquirir este tipo de material, y proporcionó a los presuntos mediadores todo tipo de explicaciones técnicas acerca del mismo.

 

La policía y las autoridades judiciales moldavas explican que los casos que han investigado, y los acuerdos de intercambio que ya han interceptado, revelan cómo el bajo nivel de cooperación entre Rusia y Occidente supone que actualmente resulta mucho más difícil de controlar si los contrabandistas están vendiendo en el mercado negro parte de la vasta provisión de materiales radiactivos de los que disponía la antigua URSS.

 

[Img #9579]"Podemos esperar más de estos casos", explica Constantin Malic, un policía moldavo (el de los chupitos de tequila y el del Mercedes Benz prestado), recientemente condecorado por el FBI, que ha investigado directamente los cuatro casos en los que delincuentes de bandas organizadas han intentado vender materiales radioactivos válidos pata fabricar bombas sucias. “Mientras los contrabandistas estén convencidos de que pueden ganar mucho dinero con esta mercancía sin ser atrapados, lo seguirán haciendo".

 

Los expertos han hallado una importante vulnerabilidad en la estrategia de combate al contrabando de materiales radioactivos que está llevando a cabo el Gobierno de Moldavia. Y es que desde el primer caso conocido en este país, que data de 2010, hasta el más reciente, del pasado mes de febrero, ha aparecido un claro patrón de riesgo en las operaciones policiales: las autoridades se lanzan contra los sospechosos en las primeras etapas de un acuerdo de compra-venta, lo que permite a los líderes de las organizaciones criminales, siempre escondidos en la retaguardia, tener la oportunidad de escapar con su contrabando nuclear.

 

En este sentido, los investigadores moldavos tienen la seguridad de que, después de las detenciones de los delincuentes que se encuentran en primera línea de la acción, los auténticos diseñadores de la venta huyen con la mayor parte de su contrabando nuclear. Lo que no saben es si estas bandas, que buscan compradores enemigos de Occidente, han vendido ya material nuclear letal a terroristas islamistas, en unos momentos en los que el Estados Islámico ha dejado claro en reiteradas ocasiones su objetivo de usar armas de destrucción masiva.

 

[Img #9581]Todas las operaciones moldavas que terminaron en detenciones fueron llevadas a cabo por un pequeño equipo policial formado por asesores del FBI y agentes de este país. Policías como Malic que, en solamente cinco años, ha pasado de desconocer casi por completo el aterrador mercado negro de material nuclear a usar el patio de su casa para cerrar cuatro operaciones trampa.

 

Uno de los casos más importantes tuvo lugar en la primavera de 2011. Comenzó en la primavera de ese año, con una investigación policial realizada a un grupo dirigido por un misterioso ruso llamado Alexandr Agheenco, "el Coronel" para sus seguidores, que según las autoridades moldavas sería un agente del servicio ruso FSB, antes conocido como KGB.

 

Un intermediario que trabajaba para Agheenco fue grabado acordando la venta de uranio enriquecido, U-235, y planos para la construcción de una bomba sucia, a un hombre de Sudán, según varios funcionarios policiales. Los planos fueron descubiertos en un registro en la vivienda del sospechoso, tal y como revelan los documentos policiales y judiciales. Y las conversaciones grabadas durante el proceso ponen de manifiesto continuamente planes terroristas que tienen como objetivo a Estados Unidos, según apuntan los funcionarios moldavos. De hecho, en un momento determinado, el intermediario dijo a un informante que se hacía pasar por un comprador que era esencial que el uranio de contrabando fuese para terroristas árabes. "Dijo: 'Quiero un comprador islámico porque sé que bombardeará a los americanos''', ha explicado Malic a AP.

 

Como ocurrió en otros casos, los investigadores arrestaron a los principales implicados (en su mayor parte pertenecientes a un nivel medio dentro de la estructura de la banda), tras un intercambio inicial de dinero en efectivo y muestras de productos radioactivos. El líder de la trama, el Coronel, escapó. La policía moldava no puede determinar si tenía almacenado más material nuclear. Su socio, el que quería "aniquilar a América", también está en libertad.

 


 

 
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