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Pascual Tamburri
Viernes, 9 de septiembre de 2016 | Leída 587 veces

Por qué Uxue Barkos tiene más miedo que Bildu al 25 de septiembre

[Img #9606]Todas las encuestas, sean del CIS sean de la propia ETB a través de Gizaker, coinciden: el PNV ganaría las elecciones autonómicas vascas el 25 de septiembre y obtendría 27 escaños de los 75. Una victoria relativa, porque serían los mismos que hace cuatro años. Los batasunos de EH Bildu lograrían 17 parlamentarios y se consolidarían pese a todo como segunda fuerza en la comunidad. Pese a sus ilusiones de hace unos meses, Podemos se quedaría con 14, tercera fuerza. Marginales y marginados, los partidos nacionales PP y PSE quedarían empatados a ocho escaños. Y pese a toda la campaña en su contra, Ciudadanos entraría en el Parlamento con un escaño, por Álava.

 

Uno puede dar a las encuestas la confianza que quiera, sin contar con la variable y a veces discutible calidad técnica de lo que deberían ser simples procesos técnicos de investigación y previsión. Pero los políticos están viendo, antes del inicio de la campaña, que más o menos todo hace prever una situación muy difícil en el parlamento regional vasco en la siguiente legislatura: sin una mayoría clara, sin una alternativa clara, sin unas alianzas fáciles, la pelota quedará en el tejado del PNV y de su candidato a presidente, Iñigo Urkullu.

 

Desde Navarra, miedo y envidia

 

Por mal que lo tenga el jeltzale vizcaíno, hay en el mundo al menos una persona que le envidia. Su delegada navarra Uxue Barkos, presidenta de la Comunidad Foral, tiembla ante las elecciones vascas. No tanto porque los resultados de la cámara de Vitoria puedan derribar rápidamente el Cuatripartito navarro, sino sobre todo porque todo hace prever un futuro difícil, o más bien oscuro, para Geroa Bai, la exigua versión navarra del PNV.

 

El PNV vasco, aunque no va a tener fuerza para gobernar solo, se confirma como primera lista en las tres provincias, y bien o mal como partido de mayoría relativa, con algo más de un tercio de los 75 escaños. A sus rivales, por diferentes razones, les va peor: Bildu se queda como segunda fuerza pero no demuestra ser alternativa de poder, Podemos casi a la par de los batasunos no termina de despuntar, y sobre todo sus viejos enemigos y únicas verdaderas alternativas, PP y PSE-PSOE, rozan la marginalidad política. Ciudadanos empieza, pero muy modestamente. Y todo esto, que para Urkullu es agridulce, para Barkos es decididamente amargo o puede serlo.

 

Mientras el PNV de Urkullu supera con creces un tercio de los votos y de los escaños vascos, y en definitiva va a necesitar unos 10 escaños prestados o en coalición para la investidura y para gobernar, Barkos y Geroa Bai se sitúan por sí mismos entre el 3 y el 5% de los votos (que es el ámbito tradicional del PNV en Navarra), y para gobernar han necesitado una ‘gran coalición’ de cuatro perdedores: Podemos, Bildu, IU y Geroa Bai. Que es la mayor fuente de miedos para la todavía presidenta navarra.

 

Si Urkullu pacta con el PSOE y con el PP (porque los escaños socialistas no bastarían para llegar a 38 en Vitoria), el miedo de Barkos es comprensible: aunque la construcción nacional seguiría a largo plazo -no hay esperanzas de que socialistas y populares piensen en la educación, la propaganda o la lengua-, habría un tiempo de moderación formal, que en Navarra implicaría para ella un alejamiento de Bildu (por el lado abertzale) y de Podemos (por el lado ultraizquierdista). Ya no es cuestión tanto de ruptura anticipada de la coalición como de su muy difícil repetición en 2019, o cuando sean las elecciones, y de una complicada vida legislativa.

 

Si Urkullu, cosa improbable, pacta con los batasunos y/o con Podemos, aún más fácil es entender el miedo de Barkos: también ella se vería arrastrada al radicalismo independentista. Que no es que le disguste, pero ella se siente muy mal no liderándolo… lo que a su vez le alejaría de sus bases tradicionales, que aunque pequeñas tienen su importancia. Y sobre todo, lo peor de lo peor: se le pondría en bandeja a UPN un retorno al poder, al cumplirse ¡y sin ningún esfuerzo de renovación o activismo por parte de ellos! la predicción de que un gobierno con abertzales pone en peligro Navarra. Muy mal negocio para la coalición, y mucho peor aún para Uxue.

 

Desde luego, para el PNV lo cómodo sería conseguir la mayoría absoluta con un pacto con EH Bildu (con Elkarrekin Podemos las cuentas salen pero los programas no cuadran ni con la mejor de las voluntades), pero no parece que les apetezca una nueva etapa Ibarretxe. Si se va a eso, todo dependerá de quién gobierne en Madrid, pero lo seguro es que en Navarra se radicalizarán las posturas, haciendo improbable un acercamiento del PSOE ribero al cuatripartito y obligado a los dirigentes de PP y UPN a una contundencia que por sí mismos tampoco son amigos de mostrar pero que sus bases les exigirán.

 

Y viceversa: un pacto de los burgueses del PNV con los burgueses del PP de Alfonso Alonso, o lo que quede de él, y con los socialfascistas del PSOE, significará que Bildu (con o sin Podemos de la mano) podrá lanzarse a las calles y a reclutar voto abertzale defraudado. Y es muy complicado para Barkos gobernar con Bildu en Pamplona mientras florece la violencia callejera.

 

Un amplio espacio de sorpresas y miedos

 

En todo este asunto quien se encuentra más cómodo es el mundo de Bildu. Cierto, no ganan, peor se comprueba una y otra vez la solidez de sus fieles en las urnas y en la militancia, y eso no tiene precio en este tiempo de vaivenes. Y ellos tienen además en su manga la baza del fin de ETA y del precio que alguien esté dispuesto a pagar, fuera de toda democracia, por eso.

 

Pero más aún que eso, Bildu ha comprobado su fuerza. Desde luego que no les ha hecho ninguna gracia dejar de crecer y aplazar algunos de sus planes, peor Podemos, que les ha comido el pan del morral izquierdista radical, parece llegado a su límite de crecimiento, y además en materia nacionalista son totalmente comprensivos con cualquier independentismo. Bildu lleva la batuta, aunque habrían preferido hacerse ellos directamente con los votos que ahora son de los de Pablo Iglesias. Al fin y al cabo, hacen lo que ellos quieran y ya les llegará su hora. También en Navarra, esperan, con lo que esto implica de transfusión de apoyos al populismo abertzale desde el populismo sólo marxista.

 

Ahora, tanto para Bildu como para Urkullu y Barkos esto del populismo es una bomba de relojería incontrolable. Explotar el descontento popular contra el sistema es un arma de muchos filos, y pueden encontrarse, al modo alemán, con unos descontentos que empezaron votando a la izquierda, los verdes o los separatistas y luego migraron a otros populismos más sinceros. Y eso sí que sería un problema para nuestros abertzales, como lo ha sido AfD para Die Linke o los socialdemócratas. En suma, lo único seguro para el futuro es que éste será complicado y quizá muy agitado; que en él estará Bildu pero no ganarán solos; y que en él puede no estar Barkos, más por lo que se haga en el País Vasco que por lo que no se haga en Navarra. Otro día hablaremos de las escasas virtudes de la pasividad política.

 


 

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2 Comentarios
Lester
Fecha: Domingo, 11 de septiembre de 2016 a las 18:43
Magnífico, Don Pascual. Como siempre. Y me encanta leerle en La Tribuna. Sigue así, amigo.
ramiro
Fecha: Sábado, 10 de septiembre de 2016 a las 21:46
Si la cara es el espejo del alma, y creo que sí, esta individua tiene un alma muy tenebrosa...
Me cruzo con ella por la noche, en una zona oscura, y salgo corriendo.

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