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Juan López Benito
Viernes, 9 de septiembre de 2016

Hesíodo, pionero en la denuncia social

[Img #9608]Fuente indispensable para el conocimiento de una época de profundas transformaciones sociales y económicas, podemos considerar a Hesíodo, como la primera voz en Occidente que a través de los textos, denunció las injusticias que sufrían los más débiles.

 

Existe un amplio consenso en datar las composiciones de Hesíodo en el marco del último tercio del siglo VIII a. C. Tenemos constancia que su padre, que atesoraba grandes conocimientos agrícolas, era originario de Asia Menor. Sin embargo, por motivaciones que se desconocen (penales, económicas, religiosas…), se asentaría finalmente en Ascra (Beocia), convirtiéndose esta ciudad en la cuna de nuestro egregio personaje.

 

Hesíodo encarnaría la figura del poeta o cantor que exhibía su talento en los diversos certámenes celebrados en el contexto de los Juegos Funerarios. Recordemos que además de los de Olimpia, en la Antigua Grecia, sobresalían los celebrados en Dódona, Tebas y Corinto.

 

En su insigne obra “Los Trabajos y los Días”, nos presenta un mundo tremendamente corrupto. Se lamenta de vivir en un sistema en el que cada individuo busca su propio provecho: el poder de los más fuertes prima sobre los más débiles. Subraya que la aristocracia atesora infinitos poderes y privilegios como consecuencia de controlar y copar los tribunales judiciales (justicia terrenal). Actúan a ojos de Hesíodo como auténticos “devoradores de regalos”:

 

“Y ahora contaré una fábula a los reyes, aunque sean sabios.

 

Así habló un halcón a un ruiseñor de variopinto cuello mientras le llevaba muy alto, entre las nubes, atrapado con sus garras. Éste gemía lastimosamente, ensartado entre las corvas uñas y aquél en tono de superioridad le dirigió estas palabras.

 

¡Infeliz! ¿Por qué chillas? Ahora te tiene en su poder uno más poderoso. Irás donde yo te lleve por muy cantor que seas y me servirás de comida si quiero o te dejaré libre ¡Loco es el que quiere ponerse a la altura de los más fuertes! Se ve privado de la victoria y además de sufrir vejaciones, es maltratado. Así dijo el halcón de rápido vuelo, ave de amplias alas”

 

Fruto de esta corrompida articulación sostendrá con firmeza que la verdadera y legítima justicia es la divina:

 

“Con pureza y santidad, en la medida de tus posibilidades, haz sacrificios a los dioses inmortales y quema en su honor espléndidos muslos. Otras veces concíliatelos con libaciones y ofrendas cuando te vayas a la cama y cuando salga la sagrada luz del día, para que te conserven propicio su corazón y su espíritu y puedas comprar la hacienda de otros, no otros la tuya.”

 

Muy influido por su padre, proyectará en sus textos un cuadro general de la durísima vida cotidiana del agricultor. Si en los relatos homéricos el trabajo manual era aludido como una actividad despreciada, propia de menesterosos, con Hesíodo por el contrario, contemplamos un continuo elogio a esta ocupación. Expondrá con firmeza que la mayor deshonra es no trabajar y consecuentemente para facilitar la tarea, plasmará un sinfín de recomendaciones prácticas para el campesinado acerca del calendario agrícola, el utillaje o cualquier otra derivada de la ocupación.

 

“Estate al tanto cuando oigas la voz de la grulla que desde lo alto de las nubes lanza cada año su llamada: ella trae la señal de la labranza y marca la estación del invierno lluvioso. Su chillido muerde el corazón del hombre que no tiene bueyes (…)

 

Procura tener un solo hijo para conservar intacto tu patrimonio; pues así la riqueza crecerá dentro de tu casa. Y ¡ojalá que te mueras de viejo si dejas otro hijo! Para muchos hijos Zeus podría conceder fácilmente una envidiable fortuna, a más hijos mayor cuidado y también mayor rendimiento”

 

Vinculado a esta preocupación por la justicia social y al sentimiento de degradación que percibe en la sociedad, la relevancia de Hesíodo estriba también en convertirse en el primer autor que exprese en Europa, una formulación cíclica de la Humanidad. Esta coyuntura consiste en mostrarnos un mundo sumido en un proceso decadente de 5 edades o etapas, que se van sucediendo periódicamente a lo largo del tiempo:

 

  1. Edad de oro.
  2. Edad de plata.
  3. Edad de bronce.
  4. Edad correspondiente a los héroes de Troya.
  5. Edad de hierro, la fase más degradada y coetánea de Hesíodo.

 

En conclusión, a lo largo de su obra detalla la delicada y traumática situación del campesino griego, siempre amenazado por las familias aristocráticas. Precisamente al evidenciar esta injusticia y abanderar la causa de los más débiles, su figura generará una profunda ola de simpatía en la Antigua Grecia.

 


 

 
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