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Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 12 de septiembre de 2016 | Leída 446 veces

Sofismas, falacias y absurdos con respecto al euskera en el sistema educativo vasco

Noticia clasificada en: Euskera Imposición lingüística

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Vayamos por partes:

 

Desde el actual Estatuto de Autonomía se introdujeron conceptos que no se sostienen desde el punto de vista semántico:

 

Se declaró al euskera lengua propia del pueblo vasco. Esto es un sofisma de difícil interpretación jurídica, antropológica y semántica, porque…

 

Las lenguas no pueden ser propias de un territorio, la propiedad de las lenguas la tienen los hablantes. Por ejemplo, a no ser que a los vascos de zonas castellanohablantes que no han hablado otro idioma desde épocas inmemoriales que el llamado castellano se les considere parias o asimilados a los metecos de la Antigua Grecia, el idioma propio de esos vascos no es el euskera. Parece mentira que a los juristas se les haya pasado esta cuestión de simple antropología cultural.

 

Nadie ha definido desde el rigor científico lo que es pueblo vasco. ¿Es el conjunto de ciudadanos que habla euskera en un determinado territorio delimitado por ese uso? En este supuesto, amplias zonas de Euskadi o de la llamada Euskal Herria quedarían fuera del ámbito conceptual de pueblo vasco. ¿Qué es pueblo vasco?  ¿Es el ‘volk’ del nazismo, que tiene un significado de  comunidad superadora de las propias fronteras políticas, lo que justificó la invasión de Austria, con un significado de unidad de sangre, raza y lengua? ¿Qué es pueblo en un sentido étnico cuando cada vez existe mayor hibridación en las sociedades y más mestizaje y menos etnocentrismo? Fijémonos en lo que está sucediendo en el mundo islámico, ¿ese es el modelo?

 

El mal llamado castellano es tan lengua propia en origen de los vascos occidentales de las Encartaciones y de los valles de Valdegovía, Mena y de la zona cantábrica, como el euskera. No en vano los cartularios de Valpuesta contienen las primeras evocaciones escritas en lengua romance, derivado del latín, descubiertas hasta ahora, como prueba escrita de su origen.  Incluso se podría afirmar, si recurrimos a las enseñanzas que nos han legado sabios como Caro Baroja, Valdeavellano o Sánchez Albornoz, que algunas tribus existentes antes de la vasconización de los actuales territorios de la Comunidad vasca eran cántabros, como lo prueba determinada toponimia de la cordillera que delimita parte del territorio alavés con la vertiente del de la Rioja.

 

Pero aun suponiendo que fuera cierta la tesis de que el euskera fuera la lengua originaria de todos los vascos sin distinción, no es legítimo, aunque sea legal, cambiar los usos sociales y forzar la realidad. Recordemos que la Ley de Normalización del Uso del Euskera establece dos principios en la  enseñanza:

 

  • El respeto a la realidad sociolingüística de cada zona
  • La decisión de los padres, es decir, el respeto a su voluntad.

 

En ambos casos se han torcido las políticas lingüísticas en la planificación educativa, pues no se ha respetado esa realidad. En el caso de las zonas de casi hegemónico predominio del castellana a los padres se les ha llevado al redil que los políticos nacionalistas querían, retorciendo la verdad hasta el esperpento. La prueba evidente es que el Decreto que regulaba los modelos lingüísticos, aún vigente, establecía que existirían tres modelos, el  A  para zonas castellanohablantes con el euskera como asignatura, el B para zonas mixtas, y el D para zonas con predominio euskaldun. La realidad de los hechos nos dice que prácticamente el A ha sido erradicado por estigmatización, el B es inexistente y el D se ha generalizado. El demostrar cómo se ha realizado esta transformación forzada me obligaría a escribir un libro, ya que no me cabría en un artículo.  Recomiendo a tal efecto la lectura de mis dos libros:  Educación y nacionalismo. Historia de un modelo  y “Educando. Alternativas a la farsa pedagógica

 

Curiosamente aquellos que hablan de la educación integradora y de la multiculturalidad son, hipócritamente,  los que permiten centros educativos guetos y excluyen a quienes tienen como lengua materna el español que es la lengua hablada en toda España, en contraposición a las lenguas de España que son las que se hablan en cada una de las regiones; donde, paradójicamente, se intenta erradicar la lengua común, en lo que yo llamaría el síndrome tribal, en un mundo cada vez más globalizado e internacionalizado; es decir, menos aldeano.

 

Las bases ideológicas de este modelo aberrante parten de la consideración del euskera como lengua nacional de Euskadi (concepto sabiniano), siguiendo la doctrina de Federico Krutwig  contenida en su obra “Vasconia”  (1963), donde se sustituía el paradigma de la raza por el de la lengua tras la estigmatización de esta idea etnocéntrica  por  la experiencia nazi.  De ahí la identificación del euskera como lengua del pueblo vasco, idea muy poco sostenible desde el plano antropológico como es obvio para todo aquel que analice el concepto con un poco de rigor a la luz de las fuentes sociológicas, culturales e históricas.

 

Otra idea falaz sostenida desde la órbita nacionalista, que se  ha convertido estúpidamente en transversal  en la casi totalidad de la  llamada clase política, es la de considerar al euskera como un instrumento de  “integración” de los ciudadanos del pueblo vasco. Idea sofista por antonomasia, pues  es justo lo contrario a  lo que se ha  hecho.  El resultado ha sido el de la segregación de los ciudadanos por razón de la zona geográfica donde se  hubiera nacido o vivido, creando patricios y plebeyos en las oportunidades de acceso al bien escaso que es el trabajo.  La lengua nunca debería haber sido  motivo de segregación,  entre  otras cosas porque se ha utilizado como mecanismo  de  selección ideológica y como  excusa de colocación a afines.

 

Otro principio falaz es  el de la justificación histórica,   también recusable  por razones de rigor histórico que exigiría la redacción de un ensayo,  aunque el  engaño y los mitos para deformar la realidad de nuestro pasado está suficientemente documentado. O, dentro de este principio, el de reparación histórica, igualmente falaz, pues no se puede modificar lo que ha sido la evolución natural donde prima la  adaptación diacrónica a las necesidades sociales en razón a  variables  multifactoriales, en las que poco pudo influir el  franquismo pues fueron previas; al menos desde principios del  siglo XIX.

 

O el principio de territorialidad, por razón del cual se podría decir que son las hectáreas las que hablan las  lenguas y no las personas que habitan un territorio.

 

Ya es hora de desmontar mentiras y verdades a medias. Nunca es tarde y nada debe ser tabú en mentes abiertas y liberales.

 

Seguiremos en el próximo artículo.

 

 

 
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