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Josele Sánchez
Viernes, 16 de septiembre de 2016

Acto de confesión

[Img #9661]Yo confieso ser patriota, es decir, amar profundamente a mi patria, amarla hasta estar dispuesto a dar la vida por ella, por la libertad y por la unidad de todos sus territorios, por la justicia social para todos los españoles y muy especialmente para quienes carecen de motivos para creer en España porque el Estado les abandonó, porque les volvió la espalda, porque les negó su derecho a un trabajo digno, a una vivienda digna y a una vida digna. Y por patriotismo, yo confieso despreciar a los bastardos enemigos de la unidad territorial de España, a quienes se lucran a costa de los españoles con negocios de moral dudosa, a los políticos corruptos y a los empresarios corruptores, a aquellos que ocultan sus fortunas a la Hacienda pública y a todos los que se enriquecen a costa de la necesidad de mis compatriotas.

 

Yo confieso creer en Dios; confieso creer en Dios Todopoderoso, en el Dios cristiano que hizo posible la historia de mi patria, de Europa y de Hispanoamérica, en el Dios que envió a su propio Hijo al mundo a morir crucificado en redención de todos nuestros pecados. Confieso creer en ese Dios que es amor y perdón, en ese Dios que es compromiso militante con los más desfavorecidos.

 

Yo confieso ser inequívocamente heterosexual y que como hacen otros colectivos, yo también confieso estar sumamente orgulloso de ello, y no sólo un día al año: orgulloso de ser heterosexual 365 días al año y 366 si es bisiesto.

 

Yo confieso creer en valores como el honor, la fidelidad, la lealtad, el servicio y el sacrificio, por mucho que ahora se encuentren en desuso.

 

Yo confieso preferir el roce de la piel al sonido de los mensajes de guasap, la lectura de un buen libro al soporífero programa televisivo, la conversación con el amigo en torno a unas cervezas a chatear con desconocidos a través de Facebook.

 

Yo confieso creer en la familia como célula básica de la sociedad, la familia que formo con mi hija, mi pareja y mis cuatro hermanos que vienen a suplir, con amor, la prematura muerte de mis padres.

 

Yo confieso creer en la familia tradicional, en la de toda la vida (pese a ser uno de los tantísimos divorciados), la familia que nada tiene que ver con una institución caduca y mucho con la mejor escuela de educación, civismo y humanidad de la que se pueda disponer.

 

Yo confieso mi amor por los retos y mi desprecio por lo fácil: “Per aspera ad astra”.

 

Yo confieso no votar a ningún partido político, confieso pertenecer a esa minoría, cada vez más mayoritaria, que desprecia el sistema y que por higiene democrática se niega a participar del festín del día de las urnas.

 

Yo confieso ser un revolucionario, porque revolución no significa algarada callejera sino transformación profunda y radical. Yo confieso ser un revolucionario ético, un revolucionario humanista, de aquellos que asumen que para que la sociedad sufra ese cambio drástico antes se ha de producir un cambio drástico en la conciencia y los valores de los individuos. Por eso, por compromiso revolucionario, yo confieso estar siempre a favor de aquellos a quienes suele presentarse como culpables; a favor de los palestinos, a favor de los saharauis, de los kurdos e incluso de los indios americanos… 

 

Yo confieso no avergonzarme de ser cómo soy, de pensar cómo pienso y de tener los valores que tengo. A mayor abundamiento, yo confieso hacer gala de todo ello. Saberme distinto y distante a la mayoría me produce un placer difícilmente igualable. Y qué a gusto se queda uno después de una buena confesión como esta.

 


 

 
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1 Comentario
Rosi
Fecha: Sábado, 17 de septiembre de 2016 a las 12:46
Excelente artículo. Sinceridad y claridad. Es decir, todo lo que falta en la mayor parte de los periódicos. Gracias

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