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La Verdad Ofende
Martes, 20 de septiembre de 2016 | Leída 829 veces

De gentes y envidias.. en Daniel Lacalle

[Img #9683]En estos tiempos revueltos como los que hoy toca vivir, la relatividad que impone la igualdad, esa nueva moda “popular”, exige que la mediocridad prime sobre el mérito y las proporciones reales de las cosas más normales, como el esfuerzo hacia la excelencia, se pierdan en un marasmo de impuesta desmesura igualitaria, ese nuevo macartismo que el lenguaje políticamente correcto se ocupa de inculcar y preservar, ante el que algunos nos rebelamos.

 

Los campos de nuestras tierras que hoy aran las maquinas sustituyendo al esfuerzo de los brazos humanos, aquella valiosa fuente inagotable de ejemplo de vida, se tornaron yermos desiertos secos donde no crecen ya los valores, vieja y carísima escuela en la que hasta el más sencillo de los hombres aprendía inexorablemente una imperecedera lección de vida con sus propias manos: sin esfuerzo nada es posible

 

En esta pérdida de referentes humanos, la herencia del saber heredado impreso en tecnologías y maquinas que todo lo dan y todo lo hacen, hace que hasta herramientas básicas en la preservación del saber, como la “kaligrafía”, se minusvaloren.

 

Hoy, los principios humanos son fácilmente manipulados por jóvenes demagogos universitarios, los mismos que desprecian la herencia de esa lección de esfuerzo que representan las universidades, el ahorro, o la prosperidad condensada en el saber recibido. Son los nuevos líderes de la nada. Todo lo obtuvieron de lo público, esa primera ONG construida con la solidaridad de lo privado, por la que nunca pagarán nada a cambio. Un regalo que Occidente se hizo a sí mismo y que nos saldrá muy caro.

 

Quien destaca es vilipendiado; quien se opone, señalado; quien aporta es apartado después de ser saqueado, y quien prospera con su esfuerzo e inteligencia, envidiado de modo sectario hasta el odio y el descaro. Se repite y se fomenta el viejo mal español, de tal modo que quien de sus méritos logra fortuna y prestigio y con él un valioso ejemplo para todos, es árbol pronto a derribar, una mancha intolerable que desentona en el gris paisaje del cuadro social que pintó la progresía (qué nombre falaz) hacia la nueva igualdad social. El lema de estos nuevos ciudadanos es de risa: "tu odio, mi sonrisa".

 

Los que se dicen tolerantes nos hacen confundir "ayudar" con "obligarte a dar", en una nueva filosofía social que expolia a quien se esfuerza y produce por quienes no dan y consumen, esos que jamás aceptan lecciones de nadie mientras nos recuerdan cada día sus inalienables derechos heredados, jamás sus deberes u obligaciones, que para eso ya está papa Estado. 

 

De esta enorme confusión que les narro han nacido ejércitos de ni-nis, una generación de parásitos enquistados, que la historia de la estupidez humana algún día también se cobrará.

 

Quienes los promueven, cultivan y cosechan en escuelas públicas (nunca en privadas) lo hacen insistiendo en la inútil fatuidad del esfuerzo… privado. Educamos a nuestros jóvenes españoles engañados, instalados en el credo de la eternidad de los mil derechos, efímeros si no trabajan hacia el mérito que trae la lucha por la excelencia. 

 

Los promotores de esta estafa humana y social se alzan ufanos desde el púlpito de sus cargos públicos que sostenemos todos (los privados) gracias al voto de unas gentes, esas que compraron el error de la inagotable fuente de bienestar que brota, por arte de magia... del Estado, olvidando que "Papá Estado" jamás da nada que no te haya quitado antes, excepto a quienes confunden e imponen la necesidad de “ayudar” con "estar obligado a dar", una definición que describe la "envidia social políticamente correcta", el más viejo de nuestros muchos males, desde que aquella quijada de Cain desnucase a Abel. Aquellos que no valoran ni aplauden el esfuerzo personal nos precipitarán al colapso final. Los conoceréis porque serán los primeros que pidan ayuda.

 

A pesar de todo, algunos de nuestros mejores persisten en el proselitismo de divulgar en vida, con su saber y su ejemplo, el camino de la prosperidad que ellos ya alcanzaron, mediante libros y publicaciones, abiertos al debate y al contraste de ideas. Frente a éstos, los nuevos adoradores de lo público - Papá Estado - les vilipendian y atacan, exigiendo que el Estado - del pueblo español, no de "esa gente" - hoy su "pretendido y exclusivo club privado", les niegue el todo y no retribuya ni sus servicios ni su derecho a honorarios. 

 

Es la esterilidad de la envidia que odia con una mueca (jamás sonrisa) mientras promueve el acoso y el temor. Quienes logran superar los miedos de ser señalados por sobresalientes, padecen ese celoso error humano que nos precipita al fracaso, sin distinción de colores, ideologías y credos, 

 

Lo hace "la gente" y ocurre en Lacalle. Se llama Daniel, y quien le conoce afirma que, además, es un buenazo.

 

Mil gracias, buen hombre, aquí un abrazo.

 

Verdades que ofenden.

 

“El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia y la prédica a la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria” (W.  Churchill)

 


 

 
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