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Juan López Benito
Sábado, 24 de septiembre de 2016 | Leída 116 veces

Ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda

[Img #9723]Ya expuse en un artículo anterior que la presente realidad nacional era el efecto del fracaso de los dirigentes políticos en la formación de un verdadero Estado- Nación integrador y moderno a lo largo del siglo XIX. Del mismo modo señalé, que lo más descorazonador consiste en constatar que los políticos coetáneos parecían estar dispuestos a profundizar aún más en esta circunstancia, en virtud de su entusiasmo disgregador.

 

Fruto del trato desigual que se irradia desde el Estado y que en gran medida respaldan la casi totalidad de las formaciones políticas (con el añadido de la complicidad de los grandes medios de comunicación), nos encontramos con un panorama que dibuja una perversa jerarquización de las comunidades autónomas y por extensión de todos los españoles, que para más inri, tenemos que escuchar con desconsuelo, los sempiternos y fecundos tópicos supremacistas y victimistas procedentes del separatismo. Padecemos la reproducción del peligroso y retrógrado pensamiento político darwinista, que ejemplificó como nadie el célebre político inglés Lord Salisbury, en un célebre discurso pronunciado en el Albert Hall de Londres (1898). Decía así:

 

“Podemos dividir las naciones del mundo, grosso modo, en vivas y moribundas. Por un lado, tenemos grandes países cuyo enorme poder aumenta de año en año, aumentando su riqueza, aumentando su poder, aumentando la perfección de su organización. Los ferrocarriles les han dado el poder de concentrar en un solo punto la totalidad de la fuerza militar de su población y de reunir ejércitos de un tamaño y poder nunca soñados por las generaciones que han existidos. La ciencia ha colocado en manos de esos ejércitos armamentos que aumentan el poder, terrible poder, de aquellos que tienen la oportunidad de usarlos. Junto a estas espléndidas organizaciones, cuya fuerza nada parece capaz de disminuir y que sostiene ambiciones encontradas que únicamente el futuro podrá dirimir a través de un arbitraje sangriento, junto a estas, existen un número de comunidades que sólo puedo describir como moribundas, aunque el epíteto indudablemente se le aplica en grado diferente y con diferente intensidad. Son principalmente comunidades no cristianas, aunque siento decir que no es éste exclusivamente el caso, y en esos Estados, la desorganización y la decadencia avanzan casi con tanta rapidez como la concentración y aumento de poder en las naciones vivas que se encuentran junto a ellos.

 

Década tras década, cada vez son más débiles, más pobres y poseen menos hombres destacados o instituciones en que pode confiar, aparentemente se aproximan cada vez más a su destino aunque todavía se agarren con extraña tenacidad a la vida que tienen. En ellas no sólo no se pone remedio a la mala administración, sino que ésta aumenta constantemente. La sociedad, y la sociedad oficial, la Administración, es un nido de corrupción, por lo que no existe una base firme en la que pudiera apoyarse una esperanza de reforma y reconstrucción, y ante los ojos de la parte del mundo informada, muestran en diverso grado, un panorama terrible, un panorama que desafortunadamente el incremento de nuestros medios de información y comunicación describen con los más oscuros y conspicuos tintes ante la vista de todas las naciones, apelando tanto a sus sentimientos como a sus intereses, pidiendo que les ofrezcan un remedio.

 

(...) Por una u otra razón, por necesidades políticas o bajo presiones filantrópicas, las naciones vivas se irán apropiando gradualmente de los territorios de las moribundas y surgirán rápidamente las semillas y las causas de conflicto entre las naciones civilizadas (...) Naturalmente no debemos suponer que a una sola de las naciones vivas se le permita tener el beneficioso monopolio de curar o desmenuzar a estos desafortunados pacientes (risas) (...) estas cuestiones pueden ocasionar diferencias fatales entre las grandes naciones cuyos poderosos ejércitos se encuentran frente a frente amenazándose (...) Indudablemente no vamos a permitir que Inglaterra quede en situación desventajosa en cualquier reajuste que pueda tener lugar (aplausos). Por otro lado, no sentiremos envidia si el engrandecimiento de un rival elimina la desolación y la esterilidad de regiones en las que nuestros brazos no pueden alargarse (...)”

 

Comunidades autónomas “vivas” (su armazón político), y comunidades autónomas “moribundas”. Estructuras y organismos autonómicos opulentos y conciudadanos exprimidos. Desde la gobernación se suscita desinterés y oprobio en un sentido, y privilegios y laureles hacia el otro. Parafraseando a Salisbury: “Un nido de corrupción” se aloja en el poder.

 

¿Culpables? La totalidad de la clase política y en buena medida la sociedad civil por abandono. Como diría Ramiro de Maeztu: ¿Responsabilidades? Las tiene nuestra desidia, el género chico, las corridas de toros, el garbanzo nacional, el suelo que pisamos, el agua que bebemos y puesto que a todos alcanzan (…) todos, absolutamente todos, debemos sufrir el castigo”.

 


 

 

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