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Pablo Mosquera
Domingo, 25 de septiembre de 2016 | Leída 109 veces

Superado el miedo

Miedo a los cambios, propios del envejecimiento intelectual. Miedo a la oscuridad, propios de la infancia. Miedo a los animales, propios de una civilización incapaz para conocer la naturaleza. Miedo a las tormentas, propios de las viejas historias que relacionaban trueno y relámpago con la furia de los Dioses. Miedo a las tempestades, propios de las gentes que viven próximas a la mar y saben de sus veleidades. Miedo a la pobreza, propios de aquellas gentes mayores que sufrieron carencias en algún momento de sus vidas. Miedo a la enfermedad y pérdida de la autonomía física, propios de una sociedad en la que los dependientes se convierten en una carga insoportable para las familias. Miedo a los exámenes, propios de la época estudiantil, curiosamente y pasado el tiempo, se mantiene como una pesadilla recurrente.

 

Podría continuar desgranado causas que provocan esa terrible sensación, aguda o crónica, de alteración en el estado de ánimo. Pero no puedo olvidarme de aquel miedo propio de un País Vasco azotado por el terrorismo. Miedo a ser víctima de un atentado, propio de una sociedad instalada en la subcultura de la violencia.

 

El debate sobre el miedo era, antaño, el eje discursivo de las campañas electorales para un país con algo más de dos millones de habitantes, que lograba su notoriedad en las páginas de los sucesos, que exportaban miedo al resto de la nación española, que usaba el miedo para reivindicar Derechos Históricos.

 

[Img #9728]Cuando se publique este artículo, la suerte democrática del ejercicio ciudadano al voto, estará echada, y producirá un Parlamento vasco con unos representantes del pueblo soberano que tendrán la capacidad -derechos y deberes- de atender las demandas de la sociedad, y entre esas demandas ya no estará el miedo a un conflicto violento en el que los histéricos derechos de unos, aplastaba los auténticos derechos fundamentales de los demás.

 

Visto desde mi Galicia del Cantábrico, dónde también ejerceremos el derecho al voto, y tras una historia de compromiso con la dignidad democrática en una comunidad en la que tuve residencia, familia, amigos y trabajo, durante veintiséis años, con una situación de máximo riesgo para mi vida durante doce, me siento aliviado, en deuda con todos los que dieron sus vidas por la libertad en concepto humanístico, muy en espacial con esos servidores públicos de cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, que pusieron más y lo mejor del paisanaje hispano, y con el éxito que supone la realidad sociológica, en la que ya hay una juventud vasca para la que la violencia es una vergüenza del pasado.     

En aquellos tiempos de plomo, escoltas, dónde se hicieron de conocimiento generalizado en España, palabras como “kale borroka”, “abertzale”, “gudari”, “txakurra”, y pim-pam-pum... con la sociedad vasca fragmentada: los que no tenían nada que temer; los que intentaban sobrevivir pagando precios a cambio de una cierta aproximación a las doctrinas; los que fuimos declarados enemigos del pueblo vasco, por no querer renunciar a nuestra condición de españoles. Hoy puedo afirmar que se ha superado tal miseria, si bien hay heridas incurables, pues no es lo mismo mi caso, que el de aquella familia, como la de Goyo Ordoñez, que hubo de enterrar a un joven político español y sufrir la humillación de la profanación de su tumba. Esas situaciones, ni se perdonan, ni se olvidan.

 

Dicho lo que antecede, Euskadi es una Comunidad en la que sus Gobiernos y Parlamentos -cuatro- están centrados en el desarrollo económico, el avance de una industria puntera capaz de exportar, el nivel de vida y la oferta en servicios públicos a sus ciudadanos, las cifras crecientes de turismo de calidad, el desarrollo de su sector primario con aquellos primeros label de calidad -magnífica idea- y el mantenimiento del Concierto Económico que le permite discutir con el Estado, el Cupo a pagar, para luego disponer de recursos capaces de financiar sus competencias estatutarias.

 

Me sorprende que vuelva a resurgir el viejo victimismo por el desarrollo del Estatuto. En la situación del Estado de las autonomías, y con unas instancias europeas intervencionistas, es más prudente "non meneallo". No fueran a encenderse las luces de quienes son partidarios de discutir la España asimétrica. Es más, teniendo en cuenta la situación del contencioso Estado-Cataluña, es el mejor momento para pactar con el Estado, a cambio de que tal sea, como en tiempos de la Voluntaria Entrega, el "señor de Castilla" el primer y más fervoroso defensor de los fueros -pacto y libertad-

 

Evidentemente, y una vez superado el miedo al conflicto vasco, descubrimos que en Euskadi se hacen mejor las gestiones de lo público. De ahí la calidad de vida, el poder adquisitivo de las pensiones, el desarrollo urbano y rural, las tasas de paro, el funcionamiento de su Hacienda en la persecución del fraude, la solvencia de su sector pesquero, el mantenimiento del medio ambiente, tras épocas dónde la contaminación y las ruinas industriales, dieron paso a la recuperación de los espacios, el éxito de sus citas culturales, el nivel de sus deportistas, etc.

 

Evidentemente, en Euskadi están acostumbrados a pactar. Tras aquellos primeros años de mayoría PNV, los gobiernos han sido el resultado del mestizaje. Por eso los actuales líderes del nacionalismo vasco, son moderados, realistas, posibilistas, pragmáticos.

 

Euskadi hoy no tiene miedo, ni siquiera al futuro.      

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1 Comentario
Anóninmo
Fecha: Lunes, 26 de septiembre de 2016 a las 09:44
!Que bonito es todo! ¿Qué no perdura el miedo en la sociedad vasca?

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