Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Pascual Tamburri
Viernes, 30 de septiembre de 2016

El euskera no despega pero impide despegar. Y marca clases

[Img #9772]

 

Ha habido que esperar 40 años y una campaña electoral, pero el PSE lo dijo al fin: se está exigiendo el vascuence para los cargos públicos, en una sociedad en la que es minoritario y no es la lengua común

 

¿A que duele? Al menos a los abertzales les duele. Hasta el punto de que lo han convertido en un tema espinoso, del que sólo se puede hablar si es para aplaudir los dogmas por ellos establecidos. Para un nacionalista (y en esto da igual que sea jeltzale o que sea etarra) hay una nación llamada Euskadi con un idioma llamado euskera (y la tercera pata, que tenga una sola raza, en las últimas décadas se la callan). Para ellos, todo lo que se salga de este canon es un insulto y una herejía.

 

Su problema es que la realidad del País Vasco (y no digamos si incluimos Navarra en el paquete) es completamente distinta. Una mayoría muy grande de los navarros no entiende una palabra, pese a décadas de dinero público regalado a su promoción y de zonificación lingüística gratuita. E incluso el 44% de los vascos está igual: nada de nada. El 56% de los vascos sabe algo (poco o mucho), pero sólo el 36% lo habla; y además muchos sólo lo hablan en público, donde se les exige, pero en casa hablan la lengua común, o sea castellano: el 77%. Y no digamos en las redes, en la fiesta, en la noche, en el deporte.

 

¿Y cómo han pasado de un 22% de hablantes a un 36%, en 30 años? Educación pública en la práctica totalmente sesgada al vascuence, mucho dinero público, mucha presión social que no admite respuesta, y muchas ventajas para los que dan el paso. Todo es más fácil para ese 36%. El euskera no despega, es verdad, pero conocerlo es una ayuda para despegar. Y es el modelo que el consejero Mendoza y la peraltesa Barkos quieren importar a Navarra.

 

Es bueno que se sepa, y es bueno además que lo haya dicho el PSOE en su campaña, ya que tiene una parte de la culpa tanto en Vitoria como en Pamplona: si uno quiere entrar en la Administración pública del País Vasco necesita saber vascuence. Y quieren que sea así en Navarra, donde ya tienen notables estímulos. No se trata de que estas grandes, ricas y florecientes Administraciones quieran dar un mejor servicio a los ciudadanos, pues todos éstos saben español (no sólo porque es su deber, sino porque era y es así); es que usan la barrera del idioma para dejar entrar sólo a quienes den el paso de aprenderlo, y eso conforme a las normas del batúa. Ya en el País Vasco la mayoría de las plazas tienen el vascuence como requisito y todas las demás como mérito. En Navarra se va camino de eso. Con lo cual se cuadra el círculo: en su momento se les dio una autonomía alegando una diferencia regional, y luego se ha usado la autonomía para crear y multiplicar la diferencia.

 

Eso tiene por supuesto sus víctimas, que son los que no aprenden vascuence o conociéndolo no lo certifican. Uno puede ser mejor médico, enfermero, barrendero, profesor, maestro, técnico o bedel pero la Administración elegirá al peor si sabe euskera. Es discriminación. Discriminación comarcal, porque se privilegia a los provenientes de zonas y familias vascófonas. Discriminación ideológica, porque las familias que estimulan ese estudio son, o al menos eran, las más cercanas al nacionalismo. Y discriminación social, porque los formados en ciertos centros y barrios tendrán ventajas que otros no. No digamos si uno quiere ascender: para aprender vascuence o mejorarlo todo son ventajas, desde años sabáticos a cursos pagados y puntos, que los demás no tienen.

 

¿Y si uno no se somete? Puede que no termine sus estudios, o lo tenga que hacer en peores centros o con peores compañías. Seguramente acabará en el sector privado, o, como decenas de miles de casos certifican (empezando por los docentes), exiliado fuera del País Vasco. Un País Vasco en el que la lengua común es el castellano, en un porcentaje como lengua materna y lengua de uso diario que crece fuera de las aulas (y si descontamos los ya rituales saludos, kaixo y agur); un País Vasco en el que en la práctica crecen más las lenguas extraeuropeas que el vascuence. Un vascuence que está ligándose peligrosamente a la ideología nacionalista, cosa más arriesgada a la larga para el euskera -que es lengua y no símbolo- que para los nacionalistas -que necesitan su símbolo aunque puedan romperlo. Porque el euskera no despega por mucho que gasten en él, pero impide que los jóvenes del siglo XXI despeguen. (¿Y por qué PP y PSOE no denuncian la situación, si de verdad la rechazan?)

 


 

 
Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
La Tribuna • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress