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Pablo Mosquera
Lunes, 3 de octubre de 2016 | Leída 64 veces

De la mediocridad al estrellato y viceversa

[Img #9804]La política es un gran teatro con malos actores y un guión demasiado obvio para aburrimiento del respetable. Aquí no vale "pasar", ni preocuparse, deberíamos ocuparnos, ya que la política ni "pasa" de los ciudadanos -nosotros- ni se repliega, al contrario, cada vez ocupa más espacio propiedad de la sociedad civil, y si alguien duda de mis afirmaciones, que analice la cantidad de puestos gestores usurpados por políticos, decisiones impactantes para nuestras vidas que se toman por indocumentados afines a los partidos mandarines, o cómo las carreras profesionales en vez de sujetarse al mérito, están sujetas a lealtad política.

 

Lo más espectacular resulta del análisis pormenorizado sobre quiénes son los que nos mandan, qué actividad han tenido en la sociedad de la que proceden, o incluso que títulos o éxitos pueden presentar como ejemplo objetivos de sus vidas antes de ocupar un cargo politizado.

 

Y cuando creía que ya lo había visto todo, en ese batiburrillo de convertir a un mediocre en una estrella mediática, surgen los últimos acontecimientos. La noche del pasado 25S, los grandes perdedores escenificaron la más burda de las comedias. Se burlaban del espectador, con rictus cuan payaso en pista de circo, para afirmar que habían tenido un magnífico resultado electoral, y que gracias a tal noticia, los ciudadanos de la circunscripción podían estar tranquilos, pues corrían las mejores perspectivas para el futuro que, desgraciadamente, se les había confiado. Una de dos, o eran unos badulaques encantados de haberse conocido, y mucho más de haber obtenido escaño -sueldo, ilustrísima, asesores, palmito que lucir por el tontódromo urbano- o la desfachatez llegaba al paroxismo de considerar al sufrido contribuyente, tonto de baba.

 

Claro que hay dos espacios publicitarios capaces de cualquier felonía. Esos medios deportivos, en los que una portada y un golpe de exageración, hace de un modesto jugador de futbol una estrella rutilante que debe ser fichada de inmediato para mejor gloria del historial de un gran club. El otro es cuando a un payolo endomingado, con suerte infinita, le hacen número dos de un partido de gobierno y cierta prensa lo postula como sucesor del presidente, otro indocumentado con baraca.

 

¿No les suena lo que les estoy contando?. Les daré otra pista. ¿Qué pasó con los votos constitucionalistas de Álava?. ¿Qué pasó con los votos socialistas de la margen izquierda del Nervión? Pero, ¿en ambos casos, no había apellidos ilustres, al menos, desde el firmamento de la política?. Así nos explicamos, lo que está sucediendo, en estas horas que dedico a escribir, en la madrileña calle Ferraz del barrio de Argüelles, dónde dicen se han atrincherado los que aseguran no haber perdido las elecciones, no haber llevado al viejo partido de Pablo Iglesias -el de UGT- a los peores resultados de sus 137 años de existencia. Y es que como dijo Camilo José Cela, cuando le hicieron entrega del Premio Príncipe de Asturias en el teatro Campoamor de Oviedo: "Resistir es vencer", o como solía decir Mario Onaindía en la crisis de EE (Euskadiko Ezkerra) "Vamos de victoria en victoria, hasta la derrota final".      

 

Está pasando como en la América de John Ford. Un mal actor de películas del oeste, llegó a ser presidente de los Estados Unidos de América. ¡Toma del frasco!. Claro que no debería nombrar a un gran país -en extensión- que tuvo un presidente capaz de hacernos creer que había armas químicas de destrucción masiva, junto a dos colegas de menor cuantía, pero que estaban echando cuentas de la alegría que significaba para sus amigos de la City o del Ibex, la reconstrucción del país que habían decidido asolar en esas guerras que permiten ascender en el escalafón o probar la industria armamentística, en una espacie de feria de muestras para países que desean comprar con el dinero que les sobra. Ese mismo dinero que utilizan para pagar las nuevas cruzadas religiosas dónde unos rezan y otros mueren.      

 

Volviendo a la realidad próxima. ¿Alguien dimitirá?. Para eso hay que ser un señor. Un auténtico caballero como el que describe la canción: "no se estila...". Ahora todo es efímero, provisional, virtual, aparente, de buena presencia, como señaló a cierto ilustre político, Emilio Romero; "rey del abrazo y emperador del teléfono", y es que así se construye un país de... aurora boreal.  

 

"Si hay terceras elecciones, iremos a ellas, y las ganaremos". "Me considero un radical del sentido común". Dos frases "dignas" para ser incluidas -malévolamente-  en el mismo manual de aquel hermoso poema de Kipling: "hombre". "Serás hombre hijo mío, si puedes mantener intacta tu firmeza cuando todos vacilan a tu alrededor". 

 

En lo del sentido común, ya hubo un corrector de estilo. "En nuestro país, es el menos común de los sentidos".

 

En lo de las alecciones, hay otra forma de ganarlas. Aburriendo al personal.

 


 

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