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Andrés Sebastián Gómez Polanco (*)
Miércoles, 5 de octubre de 2016 | Leída 80 veces
La situación en Ecuador

Lenín Moreno: ¿Las cartas están echadas?

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Finalmente se despejó toda duda y se anunció lo que todo el mundo sabía: Lenin Moreno va a ser el candidato presidencial del correismo acompañado de Jorge Glas como binomio (en realidad como comisario político). Moreno tendrá en frente una campaña difícil por el declive económico, el creciente desempleo, la corrupción, el desencanto ciudadano; pero, sobre todo, por el correismo pura sangre que se niega a salir del poder. La encarnación de este argumento es Glas como candidato a repetir como vicepresidente, quien era el candidato ideal del correismo, pero los números no le dieron.

 

Por ende, Lenin Moreno tendrá que proponer algo más en la campaña que el simple continuismo, una propuesta innovadora, un cambio responsable, hacer lo que no se ha hecho, corregir lo que se ha hecho mal. ¿Qué es lo que en verdad ofrece Moreno al Ecuador? ¿Cuál es la diferencia de su visión de país con el proyecto que ha gobernado el país en los últimos 10 años? ¿Es la misma? ¿Moreno tiene un proyecto de país alternativo al correismo puro y duro? Si lo tiene ¿lo dejarán implementarlo?

 

Las anteriores serán preguntas e interpelaciones que sus adversarios políticos y la sociedad ecuatoriana realizarán a Moreno, y este tendrá que responderlas y jugársela con respuestas contundentes, o, en su defecto, ejercer el malabarismo en sus respuestas ofreciendo cambio y continuismo a la vez. Que es lo que probablemente hará. Ahora Moreno como candidato tiene estructura, dinero, organización, al Estado, los medios de comunicación “públicos”, un buen perfil, y la fragmentación de la oposición. Sin embargo, tendrá que demostrar su valía como candidato, ¿en verdad puede ser un buen candidato alguien que no podrá decir las cosas claras por miedo a la respuesta de Correa?

 

A pesar de ello Moreno tiene las mayores posibilidades de alcanzar la victoria por la atomización y fragmentación de la oposición ecuatoriana, debido a que la centro-izquierda tiene un candidato (Paco Moncayo), la derecha tiene dos  (Lasso y Viteri), y demás chimbadores de la política ecuatoriana (Dalo, Lucio, Noboa, Pesantes, etc.) que piensan que son presidenciables. La oposición decidió que no es el momento, ni están dadas las condiciones para establecer un gran acuerdo nacional programático que sea encarnado por una sola candidatura. Por ejemplo, siendo pragmáticos Paco Moncayo y Viteri era un binomio potente, con posibilidades de éxito. Más allá de la adhesión de los otros candidatos, pero a la oposición ecuatoriana le gusta jugar para perder por mezquindad, personalismo, odios, o sentido de figuración. Divididos como están su esperanza es que Moreno no alcance el 40% de los votos con 10% de diferencia frente a cualquier candidato de oposición, para forzar la segunda vuelta donde supuestamente lo derrotarían.

 

Pero, la política no es una simple suma de siglas, de porcentajes o votos endosables, la gente es la que decide. Y en una hipotética segunda vuelta que es lo que esperan Moncayo, Lasso y Viteri no necesariamente todos los votos no correistas van a pasar al ungido de facto de la oposición. Porque en este escenario la excusa o razón para no unirse de la izquierda y la derecha, que es que no coinciden en sus visiones de país, va a primar más que nunca: ¿entonces por qué los votantes de Paco van a votar por Lasso o Viteri; o viceversa? No se gana una elección diciendo voten por mí para librarnos del cuco correista, eso no entusiasma, no genera esperanza, no toca las pasiones y emociones de la gente. Esa es la discursiva del correismo: voten por mi o regresa la derecha, los neoliberales, se instaura el “nuevo plan cóndor”, o la restauración conservadora.

 

Finalmente, la oposición debió crear un plan programático que enfrente las necesidades y problemas del país, tratar de conciliar una candidatura que trascienda las tendencias ideológicas con un binomio ganador, y apelar a la esperanza de la gente. Pero no lo hizo, y lo más probable es que como consecuencia las cartas ya estén echadas. Todavía hay que hacer campaña, y todo puede pasar, pero siempre se juega para ganar, no para esperar el repechaje porque los que juegan con esa mentalidad generalmente pierden. Y en política cuando tu adversario es avasallante y controla todo, lo mejor que se puede hacer es dar un golpe de timón, golpear el tablero político, desconcertarlo, y no jugar con sus reglas.

 

(*) Andrés Sebastián Gómez Polanco es politólogo ecuatoreño. Este texto ha sido publicado originalmente en la web equilibriointernacional.com

 

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