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Juan López Benito
Miércoles, 12 de octubre de 2016

La guerra de las dos rosas: el PSOE dinamita

[Img #9857]Decía una popular plegaria en la Edad Media a propósito de las terribles razzias vikingas que asolaban Europa: “A furore normannorum libera nos domine” (de la furia de los hombres del norte líbranos Señor). Sin embargo, en Ferraz se trastocó antes de la llegada de la Gestora esta ancestral imprecación por otra que corregía la procedencia geográfica de su amenaza: de la furia de la “mujer del sur” líbranos Señor.

 

Parafraseando a Galdós, “aún retumba en mi entendimiento” aquella declaración que alteró profundamente el panorama político español. Todo empezó cuando escuché “una voz ejemplo de nuestras glorias parlamentarias”, emitida por una mujer sencilla, apacible, de ánimo sereno, talento claro, continente humilde, cordial y simpática.

 

Efectivamente, me estoy refiriendo a… Verónica Pérez la secretaria general del PSOE de Sevilla cuando manifestó firmemente justo a la entrada de la sede nacional del PSOE lo siguiente: “en este momento la única autoridad del PSOE y la Presidenta del Comité Federal soy yo”. Quedaba entonces formalmente declarada la guerra civil en Ferraz. Dos bandos y un único propósito: el control del partido del puño y de la rosa.

 

Indudablemente, la expectativa que despertó en nuestro país todo lo que acaeció en el pasado Comité Federal fue tal, que dejó en anécdota a otra gran guerra protagonizada en nombre de una rosa, o mejor dicho por dos: La Guerra de las Dos Rosas (1455-85) ¿Por qué dos rosas? Porque las dos casas que se discutían el trono inglés tenían por símbolo una rosa, blanca la familia de York y roja la de Láncaster.

 

El colofón a tres décadas de regios destierros, de fecundos y “eminentes” asesinatos como el regicidio de Enrique VI en la mítica Torre de Londres o a sangrientas batallas como la de Barnet (1471), sería la boda de Enrique VII Tudor con Isabel de York, que facilitó la unión de las familias de York y Láncaster fundándose de esta manera la Dinastía Tudor, con la cual Inglaterra entraría de lleno en la Edad Moderna. Fue una cruenta lucha que ciertamente, vino a consolidar tímidamente la primacía de la Cámara de los Comunes sobre la de los Lores en el gobierno del reino.

 

Hoy en día contemplamos vigilantes el feroz combate protagonizado entre los partidarios de la “rosa roja de Sánchez” y los incondicionales de la “rosa blanca” de Díaz ¿Dejará la conflagración que acontece en el PSOE empequeñecido el caos que vivió Inglaterra a mediados del siglo XV? Porque la guerra continúa, nadie debe dar por muerto políticamente a Pedro Sánchez.

 

Y más si hacemos caso al atávico proverbio de Solón que afirmaba: “el que eleva demasiado a un hombre no puede después contenerle fácilmente. Antes de empezar, (en un Congreso añadiría), hay que pensar en todo”. Que toman nota los “susanistas”.

 

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