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Pablo Mosquera
Domingo, 16 de octubre de 2016 | Leída 135 veces

Desde la autodeterminación a la derrota de ETA

[Img #9892]El día 20 de octubre se cumplen cinco años del anuncio que hizo ETA sobre el cese definitivo de sus actividades que habían durado 43 años. El pasado 12 de octubre -Día de la Hispanidad- los servicios de seguridad franceses y españoles desmantelaron un importante arsenal que podía tener como fin una foto de entrega voluntaria del material a una comisión de mediadores relacionados con la pacificación de conflictos.

 

Mi relación física con el País Vasco se inicia en junio de 1976. Dura hasta septiembre del 2002. Puedo señalar que me tocaron muy de cerca los momentos más duros del conflicto del que siempre diré: "mataban los mismos, morían los mismos", por tanto no se podía comparar con otros conflictos en los que hubo dos bandos que mataban y morían. "¿qué más podían esperar los que justificaron la violencia, por motivaciones políticas, que no estuviera contemplado en el Estatuto de Guernica?". "Hubo momentos en los que los españoles residentes en Euskadi tuvimos dudas razonables sobre quién iba ganando y que salida nos quedaba a los que no estábamos dispuestos a renunciar a nuestros derechos y dignidades".

 

Hoy se constata que no sólo la paz era posible, es que lo era de forma digna para el Estado. Y así, hoy la paz se debe a la derrota de ETA, no a la negociación, no a la renuncia de los derechos de los españoles, que en forma de voluntad, sabemos por activa y por pasiva, residen en el Parlamento de la Nación.

 

Pero no puedo dejar de mirar hacia atrás. Y me sitúo en la primera intervención de Unidad Alavesa en el Parlamento Vasco. 15 de febrero de 1990. Debate sobre la autodeterminación. Me concedieron tres minutos para expresar desde la tribuna la postura del nuevo partido foralista alavés. "Este asunto no se identifica con la realidad social y ciudadana". "¿Ustedes no creen como yo, que es imposible la independencia y que tan sólo es posible el cambio de dependencia?". "Les recuerdo que Euskadi es, por ley, una Comunidad de Comunidades, por tanto, puede ser que si ustedes se empeñan en sacarnos de España, nosotros sacaremos a Álava de Euskadi". Aquí estuvo el éxito de UA. Un planteamiento claro y sin complejos...

 

Pero aquello que se debatía en el Parlamento Vasco, se acompañaba del miedo y la presión que producía ETA. Durante muchos años, ETA tuvo la iniciativa y los partidos nacionalistas democráticos sacaban partido de la situación, de los atentados, de los muertos. Condenar era un rito, sin más fuerza que palabras pronunciadas con gestos compungidos, pero a la postre y como dijo Bécquer: "Dios mío, que solos se quedan los muertos".    

 

Como médico, jefe de un servicio hospitalario y profesor de la UPV, siempre tuve muy claras tres cuestiones: Euskadi era una comunidad enferma, PARANOICA. Normal, desarrollada, civilizada, hasta que algunos de sus protagonistas se sentían contrariados en el núcleo intangible de su delirio: los Derechos Históricos del Pueblo Vasco.

 

Euskadi era una comunidad aterrada, y ante el miedo sólo cabían aquello que nos explicaba el profesor Vallejo Nájera: adaptarse al medio como el camaleón; responder con la tempestad de movimientos, para luchar o salir de estampida lejos del conflicto.

 

Euskadi usaba el autogobierno como un medio, nunca como un fin, por tanto, la interpretación del Estatuto por los nacionalistas nunca colmaría sus apetencias. Los nacionalistas no podían ser la solución, ya que eran parte del problema.

 

Estoy escribiendo y no puedo por menos que darme cuenta de dos hechos. El tiempo, con voluntad, puede resolver cualquier conflicto. Alguno de los problemas que estoy planteando se vuelven a repetir, esta vez en Cataluña.

 

ETA fue derrotada cuando la comunidad internacional dejó de ponerse de perfil. ETA fue derrotada cuando gentes como el juez Garzón y otros, hicieron diagnóstico del problema y pusieron tratamiento en las causas, además de los síntomas. No se podía tolerar que aquellos matones tuvieran escaños parlamentarios desde los que nos amenazaban, sumaban sus votos con los hermanos comprometidos con la construcción nacional del Estado vasco, y se movían como peces por el agua de su país, mientras los rebeldes bastante teníamos con ponernos a salvaguarda de las agresiones de toda índole.

 

Nos llegaron a intoxicar con la idea de: somos la inmensa mayoría; esto sólo tiene salida negociada. ¿No se dan cuenta de la perversión? ¿No es susceptible de trasladarse tal reflexión a Cataluña?

 

Siempre tuve una duda. ¿La violencia se convirtió en subcultura, o se estaba enseñando la subcultura de la violencia a beneficio de una causa?

 

ETA llegó a ser una organización militar, de carácter terrorista, jerarquizada, perfectamente, conectada con amplias capas de la sociedad civil, impulsora de la política vasca, manipuladora del mundo mitológico de los presos y sus familias, con tentáculos de toda índole y con un entramado financiero que funcionaba a la perfección.

 

Hoy casi nadie se acuerda de ETA. Hoy los dirigentes vascos adjuran de ETA. Hoy los jóvenes casi no saben cómo empezó ETA y como se desarrolló tanto. Evidentemente, y como siempre, a la verdad sólo se llega por aproximación.

 

Queda mucho por escribir, y tendrán que desaparecer, físicamente, los que en algún momento se provecharon de la existencia de ETA, para que sepamos toda la verdad, incluso las partes más sucias de la misma. Los negocios. Los intereses geopolíticos. Los que movían los hilos. Los que decidieron cortarle la cabeza a la Medusa. La prolongación del conflicto como instrumento al servicio de...

 

Hoy Euskadi es una Comunidad dónde las cifras económicas, laborales y culturales, indican que merece la pena vivir en su territorio, o visitarlo como turismo ilustrado. 

 

   

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