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Ernesto Ladrón de Guevara
Lunes, 17 de octubre de 2016 | Leída 109 veces

Abundando en los problemas del PSOE

Hace unas semanas escribía yo un artículo que mencionaba al desastre del Partido Socialista en estos términos:

 

“Lo del PSOE  era una muerte anunciada, pero no ahora, por lo de Sánchez, que es simplemente aberrante, sino desde que el PSOE dejó de mantener sus elementos identificadores que son los de la moderación socialdemócrata y se echó al ruedo nacionalista a competir con los de la pata negra independentista.

 

Desde ese momento los socialistas dejaron de serlo en sentido estricto para convertirse en una especie de espantapájaros formado por indumentarias de diferente color y forma.”

 

Afortunadamente para España y los españoles el Partido Socialista ha sufrido una catarsis de la que, al menos, se prevé la superación del actual bloqueo, que tanto nos perjudica a los ciudadanos, en la formación del nuevo gobierno, aunque sea por egoísmo partidario. Unas nuevas elecciones, las terceras, serán consagrar, de nuevo, una mayoría absoluta del PP y otra debacle del PSOE de la que algunos exacerbados socialistas parecen ser ajenos, con su incapacidad de pensar más allá de lo que mandan sus vísceras.

 

De todas formas, aun rectificando el rumbo errático de ese partido centenario, no se sale de la grave crisis de identidad que afecta a un partido que era socialdemócrata, obrero y español. De estos tres atributos, como mucho queda el primero, si bien Zapatero sesgó esa socialdemocracia hacia el socialismo puro y duro y de estos barros llegaron los actuales lodos. Lo de obrero está cargado de connotaciones peyorativas en este momento en el que los estados nacionales han cedido la soberanía a instancias supranacionales, y casi todo se fabrica mediante robótica. Y lo de español pasó a mejor vida. Y a esto voy a referirme a continuación.

 

Como digo, casi ningún aspecto de la planificación económica y fiscal pertenece ya a los ámbitos nacionales, para bien o para mal, según se mire. Quien piense que puede aplicar teorías de regulación económica en los ámbitos regionales, menos aún la regulación monetaria, o el  reparto de la riqueza, o bien un intervencionismo económico sobre los mercados a la vieja usanza, lo mejor que podría hacer es mirar hacia Grecia para ver el resultado.

 

A sabiendas de esto, y tras la crisis de identidad sufrida por las nuevas condiciones del mercado, que nada tienen que ver con el pequeño terruño, con la boina y el tamboril; y sobre todo, tras la caída de los regímenes del ámbito soviético, la izquierda ha buscado frenéticamente nuevos ámbitos de diferenciación y de identificación ideológica, y así ha derivado hacia la ideología de género, las teorías autodeterministas, los nacionalismos de pequeño ámbito, y el revolver los cadáveres, con una memoria histórica sesgada y sectaria.

 

El Partido Socialista que yo dejé al abandonarlo tras casi dos décadas de militancia activa, en el año 1999, había tenido éxitos y fracasos con sus aproximaciones al nacionalismo. Éxitos, en aquel gobierno de Ardanza en comandita con el PSOE de Txiki Benegas, el cual, pese a haber ganado las elecciones, cedió el mando al PNV, ya que se atemperó un nacionalismo bastante cómplice del mundo abertzale radical, y se apostó por la unidad de acción contra ETA. Fracasos, porque el PSOE desde entonces se impregnó de la ideología nacionalista para no ser menos, y tragó sapos, tal como me lo advirtió un viceconsejero de educación al proponerme ser delegado territorial de Educación de Alava: “Ernesto, olvídate de lo que has hecho hasta ahora y prepárate para tragar ‘sapos’””  ¡Y vaya que los tragué!  Al tercer año de mi gestión la indigestión de batracios me llevó a la dimisión, aunque más que dimisión fue cese, pues según el entonces viceconsejero socialista yo era poco flexible, tenía que relajar más el esófago porque se me habían atragantado los anfibios.

 

Desde ese momento -o antes- para el partido socialista era una prioridad mantener las líneas de entendimiento con el PNV, incluso cuando Ibarretxe pactó con los proetarras -y hasta con los propios etarras- en el Pacto de Lizarra, y después de la colocación de las gloriosas sienes de los dirigentes socialistas de la época de sendos cuernos por las continuas deslealtades y humillaciones de los de Sabino Arana. 

 

El elemento más característico de aquel “postnacionalismo”, según palabras de Ramón Jauregui en el congreso de convergencia con Euskadiko Ezkerra, fue la contumaz insistencia por superar en las políticas lingüísticas a los propios nacionalistas, obligando al ostracismo a cientos de profesores transferidos en el 84 por el Gobierno de la nación porque no eran asimilables por la ideología nacionalista que propugnaba una “Escuela Pública Vasca”, entendiendo lo de vasca como euskaldun (los famosos “n.a.s” o “no asimilables al sistema).

 

Tanto fue así que un día que estaba yo en la sede socialista de Alava veo entrar a una reunión a una dirigente de LAB (el sindicato proetarra) de enseñanza que me había organizado numerosas movidas nada conciliables frente a la Delegación de Educación. Preguntada la responsable correspondiente sobre lo qué hacía una persona como aquella en un lugar como la sede socialista me respondió simplemente una perogrullada: “Hay que ampliar espacios”.

 

Pero para no extenderme en demasía en este artículo voy a referirme a las anotaciones que hice antes de decidir  romper el carnet del partido en diciembre de 1999 tras una entrevista con el secretario general de la Agrupación Socialista de Álava; para que se vea el meollo de la cuestión de lo que estoy escribiendo. Nada mejor que ceñirme literalmente a lo anotado entonces aunque tenga defectos de sintaxis, tras varios lustros de aquello, pues da reflejo exacto de la situación y no está adulterado por mi pensamiento político actual:

 

Voy a evitar poner los nombres propios para respetar el anonimato de las personas que fueron protagonistas de aquel encuentro:

 

14 de diciembre 1999

 

“Hemos tenido una reunión con [------]. Hemos estado [ -------] y yo.

 

Le hemos dejado patente, por un lado la posición del Foro [Ermua] de defender el Estado de Derecho, las libertades, los derechos individuales, la Constitución y el Estatuto, contra lo que propugnan los del bloque de Lizarra, que es la Independencia a cambio de paz, que consiste en sobreponer los llamados “derechos colectivos” sobre los individuos, es decir, sobre el concepto pleno de carta de derechos civiles y políticos del ciudadano; es por otro, que el Foro va a seguir su camino al margen de los partidos y con total independencia de criterio. No obstante, le hemos dicho:

 

‘Queremos tener buenas relaciones con el PSOE, incluso privilegiadas, y es incómodo tener una mayor afinidad con el PP por identidad de criterio y de estrategia, lo cual no es culpa nuestra sino del propio PSOE. Pero para tener buena comunicación se hace necesario comunicarse y poner interés en conjuntar ideas y proyectos, todo lo contrario de lo que se ha hecho por “enviados espaciales” del PSOE que han intentado bombardear desde dentro al Foro, evidentemente sin éxito. El Foro va a funcionar pese a quien pese y contra viento y marea, si podemos ponernos de acuerdo mejor, pero si no, allá quien lo impida’.

 

Él ha manifestado que el PP se está equivocando no haciendo gestos de distensión y de resolución del problema, sin tratar de tener buenas relaciones con el nacionalismo democrático y sin cambiar la política penitenciaria (acercamiento de presos) y que el Foro ha contribuido con su discurso a prestigiar  y a legitimar la política -para él- nefasta del PP.

 

Yo le digo que no hay nacionalismo democrático y que ya ha quedado patente que todo es lo mismo (ETA-PNV-EA) y que  comparten los objetivos también con la estrategia (Lizarra), y, por tanto, no cabe hacer la política del avestruz y esconder la verdad de la realidad y afrontarla. Y que en eso se equivoca el PSOE no el Foro ni el PP, y que, en cualquier caso, se puede discutir las razones, sin tratar de imponerlas con tácticas de entrismo y dinamitadoras hacia los que comparten otro tipo de ideas.

 

Parece estar perfectamente enterado de todo. Las gestiones del Foro, nuestras visitas, los correos y agentes dobles del PSOE y sus nombres, etc. Trata de dar alguna justificación al comportamiento de   [----] diciendo que es como es, pero que tiene razón, mientras nosotros catalogamos como, sencillamente, de dinamitero. Queda claro que el PSDOE ha estado maniobrando contra el Foro y que están en una posición de evitar que el PP se soporte en las posiciones del Foro para  legitimar sus posiciones.

 

No obstante todo lo anterior, y pese a la desvergüenza  de los argumentos y de la inmoralidad de la posición de la dirección socialista, yo le ofrezco vías de entendimiento y de comunicación, y la necesidad de alcanzar acuerdos y de estrechar relaciones. Él me promete tener una reunión con la “organización del Foro”

 

De esta forma se termina la reunión.

 

Acto seguido comienza el Comité Provincial. En él yo increpo a  [-----] para que asuma la responsabilidad de plantear una campaña sobre la base  de defender el Estado democrático y de derecho y de movilizar  el voto para combatir los peligros que se ciernen caso de que la abstención supere el 50 % por causa de la coacción violenta de los “fascistas”. Él asegura que va a hacer una campaña a favor de los principios democráticos y del Estado de Derecho aunque a mí me quedan dudas de la sinceridad de su afirmación.

 

Curiosamente solo interviene en ese turno [-------],  lo que deja patente el anquilosamiento ideológico y ético del Partido, que solo busca opciones de poder y de poltrona, al margen  de cualquier principio ético. Resulta triste y lamentable.

 

Los de [------] han conseguido meter en listas [electorales] a él mismo, y ellos mismos  apuntan que están en fase de disolución. Parece que entre ellos  hay follón y, por ejemplo [----] no comparte el reparto del pastel. Puede que se abra de nuevo el melón de la discordancia y que se pueda reorganizar el movimiento crítico.”

 

En aquel movimiento crítico estaba yo, pretendiendo que los socialistas recuperaran sus señas de identidad genuinas y se desligaran de los prejuicios nacionalistas.

 

No solamente no se rectificó aquella tendencia sino que se ha agudizado, y en éstas estamos ahora mismo.

 

Ya que he abierto este melón de mis apuntes de la época seguiré transcribiendo en sucesivos artículos lo que ocurrió en el Foro Ermua, y las intromisiones de algunos partidos en aquella digna pero precaria institución cívica.

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