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Miércoles, 19 de octubre de 2016 | Leída 182 veces
El gigante tecnológico, en la encrucijada

El drama de Samsung revela la grave crisis que atraviesa el “chaebol” coreano

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El “chaebol” es un modelo industrial, desarrollado fundamentalmente en Corea del Sur, que se basa en la formación de grandes conglomerados empresariales con presencia en distintos sectores económicos. Esta forma de impulsar el crecimiento, el empleo y la productividad ha entrado, durante los últimos tiempos, en una grave crisis, que se ha reflejado especialmente bien en la debacle sufrida por el gigante tecnológico Samsung y el problema de sus “teléfonos inteligentes explosivos”.

 

Samsung es un ejemplo claro del “chaebol” coreano que se construye sobre la primacía de una familia y que se caracteriza por tener una gobernabilidad opaca y estructuras tremendamente rígidas que no son las más adecuadas para hacer frente a una crisis de producción en el siglo XXI.

 

Ciertamente, conglomerados empresariales o “chaebol” como los formados por Samsung o Hyundai han resultado claves a la hora de explicar el fulgurante crecimiento económico que ha tenido Corea del Sur a lo largo de los últimos años, que ha convertido al país en la cuarta economía más grande de Asia. Pero el hecho de que en los “chaebol” las órdenes se ejecuten de una forma absolutamente vertical (a partir de la familia fundadora o de los marcos dirigentes) y que éstas se acaten sin decisión, es fuente también de problemas.

 

Ciertamente, Samsung ha sido considerado como el epítome de la eficacia pragmática: un presidente (Lee Kun-Hee, postrado en cama desde el año 2014), rodeado por un puñado de cuadros de élite, dictan un plan de desarrollo integral que afecta a todas las divisiones de la compañía y consigue, en veinte años, convertir a un oscuro fabricante de electrónica en uno de los grandes gigantes internacionales del sector. Pero a medida que la empresa ha ido aumentando su peso, el modelo de negocio se ha hecho más complejo y, en un entorno de máxima internacionalización, el hecho de que la toma de decisiones esté totalmente centralizado es una grave desventaja, según los analistas.

 

Kim Sang-Jo, director de la asociación coreana Solidaridad para la Reforma Económica, ha explicado a la revista L’ Express francesa, que una "camarilla" de directores dentro de la "oficina de estrategia futura" de Samsung es la que diseña y ejecuta la gestión del grupo. "Cualquiera que sea la decisión adoptada por estos órganos, los ingenieros y gerentes de los niveles inferiores deben aplicarla sin decir nada, incluso si piensan que no es humanamente posible o que es completamente irracional".

 

En opinión de Sang-Jo, una de las causas principales del fracaso del Galaxy Note 7 es la insistencia de los dirigentes en lanzar un nuevo modelo de su teléfono bandera antes que su gran rival, la estadounidense Apple. Pero ahora, los teléfonos inteligentes han comenzado a incendiarse por sus baterías explosivas, y Samsung ha anunciado ya la retirada 2,5 millones de unidades de su producto estrella más reciente. "No hubo ningún canal a través del cual los ingenieros pudieron decir a los administradores que necesitaban más tiempo para probar las baterías o para preparar nuevas cargas”.

 

Park Yoo-Kyung, de APG Asset Management, espera que Samsung haya entendido la lección. "Las empresas familiares reaccionan muy lentamente ante las crisis y pierden totalmente la oportunidad de rectificar porque las decisiones tienen que ser dictadas exclusivamente por los dirigentes. Realmente, creo que Samsung no debe precipitarse en lanzar un nuevo teléfono inteligente para pasar la página; la administración de la compañía debe realizar un profundo examen de conciencia sobre si su cultura corporativa es coherente con su condición de líder tecnológico mundial”.

 

El "chaebol" no tiene el hábito de actuar delante del público o de los accionistas, como atestigua la amarga disputa que Samsung mantuvo en 2015 con el fondo estadounidense Elliott Management, que quería bloquear la fusión de dos filiales. La posición dominante de la compañía en Corea del Sur, donde su actividad supone el 17% del PIB, tiende a intimar a los reguladores y esto facilita que la empresa sienta que puede hacer las cosas como desee, sin ninguna cortapisa.

 

Por otro lado, la crisis de Samsung llega en un periodo muy delicado de transición generacional. El heredero de Lee Kun-Hee, su hijo J. Y. Lee, de 48 años, vicepresidente de Samsung Electronics, se encuentra en el ojo del ciclón. "En función de su reacción ante esta situación, vamos a recordarlo como un modelo de lo que debe hacerse para utilizar una crisis para reinventar una compañía, o como un símbolo de error," explica Kim Sang-Jo.

 

La familia Lee controla el vasto conglomerado del Grupo Samsung a través de una compleja red de participaciones cruzadas, a pesar de que directamente tiene aproximadamente el 5% de las acciones.

 


 

 
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