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Manuel Molares do Val
Lunes, 31 de octubre de 2016 | Leída 51 veces

El Reino de Jerusalén

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Felipe VI tiene entre sus treinta títulos el de Rey de Jerusalén, heredado desde Fernando el Católico, y aunque sólo es simbólico recuerda que la capital política del actual Israel, fundada hace 5.000 años, fue lugar de culto de religiones como la cristiana o la musulmana, varios siglos después, aunque siempre permaneció como centro espiritual judío.
 

Un carácter que hace dos semanas le ha negado formalmente la UNESCO, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, que es como desmintir la relación de los católicos con Roma o de los musulmanes con La Meca.

 

El Rey de España sigue siéndolo de Jerusalén, aunque ese grado no se ejerce desde el Medioevo; pero ahí está la historia y a nadie se le ocurre derrocar a un rey de un reino de origen militar y religioso, nacido para honrar el lugar donde nació el cristianismo.

 

Ahora, por presión palestina con apoyo militante de los países petroleros árabes y la abstención de buena parte de los occidentales consumidores de petróleo, la UNESCO le ha usurpado a los judíos sus derechos morales o espirituales sobre, al menos, el Muro de las Lamentaciones, que es lo poco que conservan del Templo de Salomón, destruido y reconstruido varias veces hasta que lo arrasaron los romanos en el 70 DC.

 

Los militares no pueden usurpárselos, una vez que han vuelto a reconstruir sus orígenes, que defienden como nunca habían hecho antes, pero sí nominalmente los burócratas internacionales.

 

La locura de negarle a los judíos su Muro se acentuará dentro de unos días con otra declaración aún más contraria a la historia: se votará borrar toda referencia a las conexiones del judaísmo con cualquier sitio sagrado de Jerusalén, esa ciudad santa para los judíos desde hace 5.000 años, para los cristianos desde hace 2.000, y para los musulmanes desde hace 1.300.

 

España, pese a tener como Rey al de Jerusalén, se abstuvo en la anti-histórica votación con otros países de la UE, cobardes consumidores de petróleo, mientras votaban decentemente en contra de la presión petrolera Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Holanda, Lituania y Estonia.

 



 

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