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Domingo, 6 de noviembre de 2016 | Leída 97 veces

El primer gobierno de Aznar

[Img #10036]Tenemos gobierno. Esta vez ha costado un potosí. Pasar del bipartidismo nacional al pluripartidismo será ciencia o arte para llegar a pactos, acuerdos y encuentros, que desde el legislativo permitan gestionar al ejecutivo. En cualquier caso y una vez más, tal como dijo Camilo José Cela, tras recibir el Príncipe de Asturias, "resistir es vencer", así lo ha debido de entender Marino Rajoy en sus felices descansos por tierras de Sanxenxo.


Desde Vitoria, capital política de Euskadi, tuve la oportunidad de comprobar los avatares de la formación del primer gobierno del PP, tras una larga etapa de mandatos socialistas, gracias a dos personajes con ingenio andaluz. Tanto Felipe como Alfonso, desde el Congreso de Suresnes en 1974, forjaron el diseño de la nueva socialdemocracia española, capaz de fusionar a todas las familias socialistas y vencer al prestigioso clandestino partido comunista.
 

Y así, tras la refundación de la derecha, bajo la sombra de Fraga, un Aznar carente de carisma y sobrado de antipatía, llegó a ganar las elecciones a Felipe, después de aquellos discursos desde el Parlamento que siempre señalaban: “¡Váyase, señor González!"    
No podré olvidar aquello. Una llamada de Mayor Oreja me citó en un piso frente a la entrada principal del Parlamento vasco. Mis relaciones con el sobrino de Marcelino Oreja Aguirre nunca fueron demasiado buenas, y eso que llegamos a compartir vestuario en equipo de futbol sala, del campeonato de veteranos que durante más de una década jugamos en las instalaciones de Protección Ciudadana en Vitoria. Incluso cenó en mi casa, frente a la Iglesia de los Carmelitas y al lado del palacete de los Fournier.

 

Las dos veces que compartí conversación larga con el que sería candidato a suceder al todo poderoso Aznar, fueron, la vez que voy a relatar y una de las llamadas al Ministerio del Interior en la Castellana de Madrid, en la que le hice un amplio repaso sobre ETA, ya que Jaime, tras su paso por la Delegación del Gobierno con UCD, y a la vista de las complicaciones de seguridad que vivíamos todos, siempre estuvo viviendo en Madrid, y desde Puerta de Hierro, se desplazaba al País Vasco, unas veces a un chalet sito en Armentia y otras al piso que visité aquella tarde, lo que le hizo desconectarse de la nueva y cambiante realidad vasca.    

 

Nos situamos en 1996. El PP gana, pero sin mayoría absoluta. Inicia conversaciones con el PNV y con Pujol. Lo que sí es cierto es que con el paso del tiempo, podemos deducir que aquel Concejo de Ministros, tenía mucho peso político, estaban todos los prohombres más importantes del centro derecha en España.
 

[Img #10035]Jaime Mayor Oreja era un hombre "suave en las formas", muy religioso, con una grandísima pereza intelectual, poco dado a la cultura, muy preocupado por la imagen mediática, partidario de "simplificar la oferta de partidos políticos" y desde luego, hizo del terrorismo su núcleo intangible para el discurso político. Creo que sin ETA, Mayor Oreja nunca habría hecho carrera política.

Lo tuvo que pasar muy mal tras la cita electoral vasca de 1994, en que Unidad Alavesa logró cinco diputados por Álava y ganó las elecciones en Vitoria. Tras una campaña en la que Oreja trajo a Vitoria toda la artillería mediática y al propio Aznar. Lo que ignoraba el donostiarra era que, en una reunión en el Ministerio de Justicia de Noviciado en Madrid, habíamos convencido al ex juez de Bilbao, Ministro de Interior y Justicia, Juan Alberto Belloch, que la mejor manera de frenar al PP era apoyando a Unidad Alavesa. Así se hizo desde la televisión española dirigida por María Antonia Iglesias, a la que el Ministro socialista llamó delante mía, y otros dos miembros de UA, para hacerle la recomendación oportuna.
 

Eran los años 1994-1997, los del máximo esplendor del Partido Foralista de Álava. Por eso, Mayor Oreja tuvo la tentación de pulsar mi condición de gallego. Aquella tarde vitoriana, en que Jaime me confesó cómo las meriendas organizadas por Ana Botella fueron mesa para configurar el primer gobierno del PP, y sobre todo, lo que más adelante se han venido a denominar, en política, "las baronías". Cuando le pregunto quién será Ministro del Interior, me dice que él, porque nadie quiere tal cartera y por ser vasco. Yo le advierto del tremendo problema con el que le tocará lidiar, y él me contesta con una oferta golosa y concreta. "¿Quieres ser Delegado del Gobierno en Galicia?". Aquel cargo que había ostentando el prestigioso galeno García Sabell, con sede en los Cantones de A Coruña, era sin duda la forma de regresar a mi tierra por el Arco del Triunfo. Pero era la mejor manera de alejarme, para siempre, de aquel Partido Alavesista que habíamos logrado conectar con las demandas ciudadanas y hacernos "famosos" en España por nuestra forma de enfrentarnos al nacionalismo vasco.


A los pocos días de aquel encuentro, en un acto en el Club Siglo XXI de Madrid, Cayetano González, que sería hombre de máxima confianza de Mayor Oreja en el Ministerio del Interior, ya pregonaba que mi destino estaba en Galicia. Si en algún momento dudé de cuál era mi grado de lealtad para con los miembros de UA, aquella fórmula chulesca del periodista, que fue delegado de EFE en Vitoria y siempre hombre del Opus, me impulsó a decirle, alto y claro, que no aceptaba tal prebenda. Con el paso del tiempo y los acontecimientos miserables de la política, en los que las traiciones internas y los intereses bastardos se pusieron de manifiesto en UA, terminé por arrepentirme por no haber aceptado aquel nombramiento y salir de una tierra ajena a mi credo identitario, para volver a casa, como los cónsules romanos tras las guerras victoriosas por tierras bárbaras del Imperio.
 

Pero, no puedo por menos que comparar hoy, aquel gabinete de Aznar, con el actual de Mariano Rajoy. Álvarez Cascos; Rato; Piqué; Matutes; Mariscal de Gante; Eduardo Serra; Arias Salgado; Esperanza Aguirre; Rajoy; Arenas; Loyola de Palacio; Posada; Romay; Pimentel; Isabel Tocino; Mayor Oreja. Fue elegido Presidente del Parlamento, otro de los asistentes a las meriendas; Federico Trillo. ¡Ahí es nada!. La investidura se consiguió pactando en CIU, PNV y CC. Envió a su casa, tras catorce años, a Felipe González, que sería sustituido por Almunia.


Con el tiempo, Oreja, Rato y Rajoy, se convirtieron en los aspirantes a suceder al aliado de George Busch, en un intento de darle a España un puesto, nada más y nada menos que, al lado de los Estados Unidos de América y el Reino Unido, en la conquista de los países árabes, en manos de sátrapas tolerados por las democracias occidentales.

 



 

 

 

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