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Jueves, 17 de noviembre de 2016 | Leída 91 veces

COVITE exige expulsar de las instituciones a los portavoces de los asesinos

[Img #10133]El Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE) ha comparecido en el Parlamento de Navarra para exponer un informe realizado a instancias de Naciones Unidas titulado “Los efectos del terrorismo en el disfrute de los Derechos Humanos”. Durante la comparecencia en la comisión de Relaciones Institucionales, el vicepresidente del Colectivo, Josu Puelles, y el director de Comunicación, Juanfer F. Calderín, han resaltado que, mientras la radicalización violenta es una de las prioridades en Europa, el País Vasco y Navarra “se han convertido en espacios de impunidad donde el culto al asesino no es excepción, sino norma”.


Juanfer F. Calderín ha expuesto que el informe repasa los tipos de actos de enaltecimiento del terrorismo llevados a cabo en estas regiones, entre ellos los homenajes a presos de ETA a su salida de prisión, las jornadas a favor de la expulsión de las Fuerzas de Seguridad, la utilización de los niños en actividades radicales, las fiestas populares utilizadas para homenajear a terroristas o la cartelería que inunda las calles de Navarra y el País Vasco. El director de Comunicación de COVITE ha denunciado que “la política de prevención de la radicalización en el País Vasco y Navarra no existe” y ha resaltado que muchos de estos homenajes “son publicitados por partidos políticos como EH Bildu”, cuyos representantes estaban presentes en la comisión y han salido de la sala sin esperar al turno de réplica de los miembros de COVITE. “Hay que sacar de las instituciones a quienes respaldan a asesinos y a los voceros profesionales de asesinos”.


Por otro lado, Juanfer F. Calderín ha resaltado que “la aclamada normalización en el País Vasco y Navarra pasa por soportar la empatía social hacia el terrorista hasta que esta desaparezca por arte de magia, pasa por asumir que quien no mata ya no es peligroso y, por tanto, todo vale si no hay bombas”. Calderín ha preguntado que, si quienes encuadran los homenajes a terroristas como “solidaridad vecinal”, cambiarían su postura “en caso de que mercenarios de los GAL fueran vitoreados en la calle o si cientos de personas aclamasen con bengalas a un yihadista orgulloso de haber disparado en la frente a un hombre, a una mujer o a un niño”. Finalmente, ha sentenciado que “si bien ETA matando es un problema de seguridad nacional, una ETA honrada en las calles también lo es en la medida en la que así se pudren y se corrompen las mentes de las nuevas generaciones”.

 


 

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