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Josele Sánchez
Sábado, 19 de noviembre de 2016

José Antonio “Res ipsa locutorum”

Homenaje en dos actos en el 80 aniversario de su muerte

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Acto Primero

 

Tal día como hoy, hace ochenta años, un joven pasa la noche en vela en una celda de desconchadas paredes, en la prisión provincial de Alicante. Pasa la noche en vela porque la ocasión lo merece. No piensa entregar a los brazos de Morfeo sus últimas horas. Ha de repasar tantos y tantos momentos de su vida, de sus sólo 33 años. A la mañana siguiente va a ser fusilado. Ha podido confesarse. Ahora se afana en escribir las que sabe serán sus últimas palabras: su testamento. La mano le tiembla al coger una estilográfica y ante unos papeles inmaculados comienza:

 

“Condenado ayer a muerte, pido a Dios que si todavía no me exime de llegar a ese trance, me conserve hasta el fin la decorosa conformidad con que lo preveo y, al juzgar mi alma, no le aplique la medida de mis merecimientos, sino la de su infinita misericordia".

 

"Me acomete el escrúpulo de si será vanidad y exceso de apego a las cosas de la tierra el querer dejar en esta coyuntura cuenta de mis actos; pero como, por otra parte, he arrastrado la fe de muchos camaradas míos en medida muy superior a mi propio valor (demasiado bien conocido de mí, hasta dictarme esta frase con la más sencilla y contrita sinceridad), y como incluso he movido a innumerables de ellos a arrostrar riesgos y responsabilidades enormes, me parecería desconsiderada ingratitud alejarme de todos sin ningún género de explicación.”

 

Pese a su calidad literaria no se trata de uno de sus célebres discursos. Es la última confesión íntima y sincera de un hombre de precoz brillantez intelectual y de profundos valores. Sigue dejando frases en su testamento…

 

“Me asombra que, aún después de tres años, la inmensa mayoría de nuestros compatriotas persistan en juzgarnos sin haber empezado ni por asomo a entendernos y hasta sin haber procurado ni aceptado la más mínima información. Si la Falange se consolida en cosa duradera, espero que todos perciban el dolor de que se haya vertido tanta sangre por no habérsenos abierto una brecha de serena atención entre la saña de un lado y la antipatía del otro.”

 

La noche sigue su transcurso acaso de manera más veloz que nunca. En la celda hace frío.

 

El preso se levanta para cubrirse con la manta del camastro y vuelve a la silla situada frente a un minúsculo tablero que hace las veces de escritorio.

 

Escribe sin parar, casi de manera compulsiva, como si la vida le fuera en ello. Es la muerte lo que le va en ello.

 

Se acerca, también, al final de su escrito:

 

“Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia".

 

"Creo que nada más me importa decir respecto a mi vida pública. En cuanto a mi próxima muerte, la espero sin jactancia, porque nunca es alegre morir a mi edad, pero sin protesta. Acéptela Dios nuestro Señor en lo que tenga de sacrificio para compensar en parte lo que ha habido de egoísta y vano en mucho de mi vida. Perdono con toda el alma a cuantos me hayan podido dañar u ofender, sin ninguna excepción, y ruego que me perdonen todos aquellos a quienes deba la reparación de algún agravio grande o chico.”

 

Ese joven preso que va a morir es, pese a su juventud, uno de los abogados más eruditos. Tal vez por ello, pese a la dureza del trance, a continuación escribe las cláusulas de su testamento con todo detalle.

 

Terminado el testamento se dispone a afeitarse. Sólo se muere una vez en la vida y quiere recibir a la muerte con la máxima pulcritud posible. Está secándose la cara cuando el carcelero abre la puerta de su celda. La mañana es muy fría y se cubre con su abrigo de paño negro. Solicita permiso para despedirse de su hermano, también preso en otra celda de la cárcel. El oficial al mando del pelotón de fusilamiento se lo concede. Entra en la celda donde se encuentra su hermano Miguel y ambos se abrazan. Se dicen unas últimas palabras en inglés, dejando claro que no quieren ser entendidos por sus carceleros. En aquella época muy pocos hablaban inglés. Casi lo mismo que ahora.

 

El reo se dirige al minúsculo patio de la prisión.

 

Nuevamente se dirige al militar para hacerle una última petición. Su hermano, como el resto de prisioneros, saldrá horas después a ese mismo patio.

 

Le ruega encarecidamente se limpie de manera adecuada para que no tenga que ver la sangre o los restos de su propio hermano.

 

El militar le sonríe con amabilidad y le asegura que se encargará personalmente de que así sea.



Al salir al patio de la cárcel se despoja de su abrigo y se lo entrega a uno de los componentes de pelotón de fusilamiento diciéndole:

 

“Toma, a ti va a hacerte más falta que a mí”.

 

Después, mirando fijamente al pelotón de ejecución les dice:

 

“No soy vuestro enemigo ¿De verdad queréis que yo muera?”.

 

Se dirige hacia el muro frontal del patio de la cárcel.

 

Rechaza situarse de espaldas al piquete. Rechaza también que le sean vendados los ojos. En la mano izquierda agarra con fuerza un pequeño crucifijo que le regaló su cuñada. Alza el brazo y grita "¡Arriba España!"

 

Se escucha la voz del teniente. "Pelotón, carguen armas".

 

El hombre vuelve a gritar "¡Arriba España!"

 

Otra vez el militar ordena: "Pelotón, apunten, armas".

 

El preso grita por última vez: "¡Arriba España!"

 

Fuego…

 

El último grito del preso se ha quebrado por el ensordecedor ruido de las balas asesinas. El preso se llamaba José Antonio.

 

El crimen ocurrió en Alicante…

 

Fin del primer acto.

 

Acto Segundo

 

De las 114.000 víctimas del franquismo que Amnistía Internacional reconoce se produjeron entre los años 1.936 y 1.951, un número indeterminado de éstas fueron causadas por falangistas, ergo la importancia del Jefe Nacional de Falange Española es determinante a la hora de situar el contexto “casus belli” y comprender la realidad de lo que el Régimen franquista, en convivencia con la jerarquía católica, vino a llamar Gloriosa Cruzada Nacional y más en concreto de la participación de los camisas azules en la contienda militar, en la represión en la retaguardia, en el triunfo del movimiento golpista y en la instauración y mantenimiento del sistema que habría de gobernar España hasta la muerte del Dictador.

 

No podemos olvidar que desde el 14 de marzo de 1.936 ¡¡¡cuatro meses antes del inicio del alzamiento!!! José Antonio se encontraba detenido, primero en la Cárcel de Madrid y, posteriormente en la Prisión Provincial de Alicante. Asimismo debemos recordar que la gran mayoría de la Junta Política de Falange también se encontraba presa.

 

En esta situación de provisionalidad y de vacío de poder y con lo que se estaba cociendo en España se sitúa al frente de la Falange, no sabemos bien por orden de quien, Fernando Primo de Rivera, hermano de José Antonio, médico militar que no había militado hasta ese momento en el Partido.

 

Asimismo, parecen tomar las riendas de la organización falangista, por propia autoproclamación, los compañeros del despacho profesional del líder de la Falange, todo esto en la cuenta atrás del levantamiento militar que pretendían Mola, Sanjurjo y Franco (y no es aleatorio el orden en que nombro a estos tres generales).

 

En este escenario se desarrollan los planes militares previos al alzamiento del 18 de julio y cualquier participación civil que pudiera existir debió realizarse, pues, necesariamente, con una Falange clandestina, perseguida, acosada y carente de jerarquía por lo que cuesta creer su participación en los preparativos de la rebelión armada.

 

Por otro lado, de lo que existe constancia documental fehaciente es de la circular que, con fecha 24 de junio de 1936 (algo menos de un mes antes del levantamiento militar) José Antonio consigue enviar desde la cárcel de Alicante a todas las jefaturas territoriales y provinciales de la Falange y en la que afirmaba textualmente:

 

“Ha llegado a conocimiento del Jefe Nacional la pluralidad de maquinaciones en favor de más o menos confusos movimientos subversivos que están desarrollándose en diversas provincias de España… Todo Jefe de Falange a quien un elemento militar o civil invite a tomar parte en conspiración, levantamiento o cosa análoga, se limitará a responder: Que no puede tomar parte en nada, ni permitir que sus camaradas la tomen...”.

 

Circular del Jefe Nacional de Falange que concluía amenazando de “expulsión inmediata a quienes concierten pactos locales con elementos militares o civiles”.

 

Esta orden de José Antonio, tantos años oculta por el franquismo, no fue el impulso puntual de un día en prisión del Jefe de la Falange. Cuatro días antes, el 20 de junio de 1.936, el periódico falangista editado en la clandestinidad y denominado No Importa reflejaba en portada un artículo de José Antonio en el que ante los insistentes rumores de un próximo movimiento militar se refería a los facciosos como “madrugadores” y así se dirigía “ratio decidendi” desde la cárcel a sus camisas azules:

 

“Se trata de hacer a España. De hacer a España con arreglo a un entendimiento de amor, que sólo poseen los que lo han adquirido en las horas tensas, difíciles. Se trata de hacer a España según una iluminada geometría, cuyos secretos sólo se han entregado tras muchas noches de vela. Que alguien escuche y desmenuce el lenguaje de los madrugadores: ese lenguaje espeso, inflado, prosaico, abrumadoramente abundante y grotescamente impreciso ¿Podrá alguien percibir en ese lenguaje el menor aleteo de la gracia? No seremos ni vanguardia ni fuerza de choque ni inestimable auxiliar de ningún movimiento confusamente reaccionario. Mejor queramos la clara pugna de ahora que la modorra de un conservadurismo grueso y alicorto, renacido en provecho de unos ambiciosos madrugadores...”.

 

Y concluía con una claridad imprescindible para aquellos trágicos momentos que se avecinaban y que no dejaba opción a la duda:

 

“Esas gentes, de las que no podemos escribir sin cólera y asco, todavía suponen que la misión de la Falange es poner a sus órdenes ingenuos combatientes. Un día sí y otro no, los Jefes provinciales reciben visitas misteriosas de los conspiradores de esas derechas con una pregunta así en los labios: ¿Podrían ustedes darnos tantos hombres?...”


Y en el mismo texto añadía:

 

“¿Pero que supone esa gentuza, que la Falange es una carnicería donde se adquieren, al peso, tantos o cuantos hombres? ¿Suponen que cada grupo local de la Falange es una tropa de alquiler a disposición de las empresas?”.

 

Concluyendo con una clara orden para todos sus mandos:

 

“Todo Jefe Provincial, a quien se le haga semejante pregunta, debe contestarla, por lo menos, volviendo la espalda a quien la formula. Si antes de volver la espalda le escupe en el rostro, no hará ninguna cosa de más.”

 

Debemos tener presente también que, en las últimas elecciones celebradas antes del golpe del 18 de julio de 1.936 Falange obtuvo 45.000 sufragios en todo el territorio español, pasando a convertirse en una fuerza política extraparlamentaria por lo que, con toda probabilidad, sus militantes no superarían los 10.000 (según Mercedes Fórmica en su libro “Visto y Vivido”, “Los seguidores de José Antonio éramos poquísimos, quizás unos dos mil en toda España”).

 

Resulta un hecho incuestionable que el nombre, los uniformes y la bandera de la Falange participaron activamente en el 18 de julio, pero ¿cabe seguir manteniendo que José Antonio Primo de Rivera participó, ordenó o tan si quiera consintió la participación de la Falange en el alzamiento militar?

 

¿Cabe seguir manteniendo que quienes vestían la camisa azul en el frente eran falangistas, formados en el espíritu de la Falange, afiliados con anterioridad al Golpe de Estado?

 

Debemos significar que, a finales de 1937 y en plena contienda bélica, “manu militari” el número de los falangistas combatientes se sitúa en torno a los 200.000 es decir que, desde el inicio del alzamiento la Falange vio multiplicada su militancia ¡¡¡por cien!!!

 

Por si faltara algún elemento para dar mayor intriga y controversia a todo este asunto, aparece otra circular firmada por José Antonio y cifrada el 29 de junio de 1936, cinco días después de la anterior, en la que el Jefe Nacional de Falange dice todo lo contrario a su anterior misiva y da órdenes concretas a sus militantes de cómo participar en el movimiento militar.

 

Esta última prueba está tan mal elaborada, su estilo coincide tan poco con el utilizado por José Antonio que, a simple vista, cualquiera podría deducir que se trata de una falsificación y que jamás fue redactada ni firmada por José Antonio. De hecho no soy el primero ni el único que dudan de la autenticidad de este texto; Ceferino Maestú, Mercedes Fórmica, Maximiliano García Venero –entre otros- han escrito a este respecto. Falange, reorganizada ya en la medida de lo posible y bajo el mandato provisional –en ausencia de José Antonio- de Manuel Hedilla intenta reiteradamente salvar a José Antonio.

 

Interesaría también detenerse en el ofrecimiento de canje que gracias a la intermediación de Indalecio Prieto se presentó ante Franco y que solicitaba a cambio de José Antonio, seis millones de pesetas y 30 prisioneros –en primera solicitud- y, más tarde, un canje 1x1, José Antonio a cambio del hijo de Largo Caballero preso en la zona franquista. En ambos casos se impidió el acuerdo; por cierto, meses después el hijo de Largo Caballero fue intercambiado por otros prisioneros de la zona fiel a la República.

 

Podría seguir alegando multitud de datos de extraordinaria importancia como la condena a muerte en Salamanca el 5 de Junio de 1937 del sustituto de José Antonio al mando de la Falange, Manuel Hedilla, posteriormente reducida en un grado gracias a la intermediación ante Franco y el plante del General Yague, la supuesta carta fechada un día antes del golpe militar y que presumía haber recibido de José Antonio, Raimundo Fernández Cuesta, la traición a los falangistas de la primera hora y al propio José Antonio a cambio de prebendas del franquismo de la propia hermana del líder de la Falange, Pilar Primo de Rivera, del ya citado Raimundo Fernández Cuesta y de advenedizos como El Cuñadísimo, Ramón Serrano Suñer, y un larguísimo etcétera, pero por no alargar este escrito me limito a reincidir en que la Falange que participó junto a Franco en el golpe militar, en las represalias y en el establecimiento del nuevo régimen, no tenía ni el consentimiento de José Antonio, ni su apoyo, ni la participación de sus auténticos dirigentes y que incluso tuvo la enérgica y demostrable reprobación del fundador de Falange Española.

 

Así las cosas, desde un posicionamiento político claramente de izquierdas, compatible con el respeto por la verdad y el desprecio por el historicismo "políticamente correcto", puedo afirmar y sostengo que la Falange no participó en el 18 de Julio y aún más que fue otra víctima de la ambición desmedida, el patriotismo cuartelero y la falta de escrúpulos de Franco y el resto de sus tristes “madrugadores”.

 

Nada más que añadir. “Res ipsa locutorum”.

 


 

 
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1 Comentario
Ramiro
Fecha: Domingo, 20 de noviembre de 2016 a las 12:55
Brillante artículo, que me ha puesto la carne de gallina.
Yo también quiero tener un emocionado recuerdo, aunque mucho más modestamente, a la recia personalidad de don José Antonio Primero de Rivera, en el aniversario de su fallecimiento, por asesinato, a manos de los enemigos de Dios y de España.

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